Me importa que estés bien

#sutilezascotidianas | Con el paso del tiempo, uno debería ir evolucionando. Esto sería lo natural si somos conscientes de que nuestras decisiones y experiencias también influyen e intervienen en esa evolución. En más de una ocasión os he hablado del fracaso y —seguro— que en el futuro lo seguiré haciendo, porque también forma parte, de manera necesaria, de nuestras vidas.

Mis prioridades también han ido cambiando. Antes pensaba más en el objetivo final, dejando a un lado algo tan importante como saber cómo se encuentra el equipo. Vamos a toda velocidad en la vida porque nos obsesiona el resultado, el qué dirán, el dinero… pero me olvidaba de lo esencial: pensar más en nuestra salud. Al final, las situaciones de estrés y las obsesiones terminan pasándonos factura. Estoy convencido de ello.

Me importa que estés bien. Quiero saber cómo te encuentras, si hay algo que te preocupa, si no llegas a alguna tarea, si estás trabajando a gusto, si te gustaría trabajar de otra manera. Tu tranquilidad me importa. En definitiva, si tú estás bien, yo estaré bien.

Si un equipo está feliz, trabaja tranquilo, sin sobresaltos, sin dejar a un lado lo humano por pensar solo en el objetivo final. Porque no todo vale para alcanzar un logro o realizar un trabajo. En muchas ocasiones no he pensado en el equipo, cegado y preocupado por el resultado. Pero el verdadero éxito es llegar con tu equipo… con una sonrisa.

En el camino hacia el éxito uno pasa por muchísimas situaciones: errores, frustraciones, tensiones… pero cuando el equipo está bien, cuando se siente valorado y percibe que importa más cómo se siente que el éxito en sí, estamos ante un equipo capaz de superar cualquier adversidad… y de gestionar los logros con responsabilidad.

Javier Vila de Savenelle de Grand Maisón 

JVSG® 1931 | Sutilezas Cotidianas (Capítulo 93) | #todocomunica

Anomalías graves en el fútbol

#sutilezascotidianas | No hace falta recordar la importancia que tiene el deporte en la sociedad, el peso que posee y su capacidad de llegar cada día a millones de personas. Y no solo a nivel profesional, también por su interacción con el ámbito amateur, porque el mundo del deporte es mucho más amplio. Probablemente muchos no son conscientes de ello, y el verdadero problema es no cuidar la esencia del deporte: los valores. La superación, el cuidado de nuestra salud, la ruptura de muros y la construcción de puentes —a través de la diplomacia deportiva—, su papel como motor económico…

Todos tenemos la responsabilidad, dentro de las posibilidades de cada uno, de salvaguardar, fomentar y transmitir su importancia y repercusión positiva en la sociedad. Desde el practicante ocasional de fin de semana hasta el deportista de élite, pasando por los clubes, las instituciones, así como por quienes nos dedicamos, directa o indirectamente, al mundo del deporte.

El fútbol genera muchas emociones: frustraciones, alegrías, tristezas… Una sociedad preparada, educada y que cuida los valores desde la infancia, minimiza buena parte de los incidentes que estamos viviendo en los campos de fútbol, dentro y en sus alrededores, pero también en nuestros hogares, bares, restaurantes… Estamos pasando por alto, desde pequeños, la importancia de cuidar estos valores. Y el problema empieza en el deporte base. El papel de la familia en todo esto es fundamental y debe asumir su responsabilidad en transmitir a sus respectivos hijos el respeto al adversario, el saber ganar y saber perder, el respeto hacia los árbitros, los símbolos, la convivencia… todo lo que implica una educación ejemplar, donde siempre prevalezcan las buenas maneras ante cualquier situación, sea positiva o negativa.

No respetamos los himnos, los símbolos; no se pueden celebrar las victorias. No sabemos celebrar las victorias. Tampoco sabemos perder. Insultamos constantemente al adversario, a los árbitros. No puedes ir al campo del rival con la camiseta de tu equipo… hasta ese punto hemos llegado. Estamos desaprovechando una grandísima oportunidad que nos brinda el fútbol para enriquecer a la sociedad en valores, convivencia y disfrute del deporte, de la emoción y de los buenos y malos momentos, pero siempre desde el máximo respeto.

La gestión y organización de eventos deportivos también debe trabajar en ello, buscar nuevas fórmulas que permitan regenerar los valores y recuperar la verdadera esencia del deporte. Que podamos disfrutar de nuestro equipo, de sus victorias, sabiendo perder, sabiendo convivir. Y, en todo esto, la gestión también tiene su parte de responsabilidad. Hay generaciones perdidas, sí; creo que hay personas que no cambiarán, porque por diversos factores —y por desgracia— en innumerables ocasiones solo aprendemos a base de castigos. Y sí, deben ser castigos ejemplares. ¿Cómo es posible que un niño de 11 años no pueda ir al campo de fútbol con la camiseta de su equipo por miedo a que le hagan algo? Somos una sociedad enferma y necesitamos un tratamiento urgente ante esta pérdida de valores y controlar nuestra parte más irracional. 

Javier Vila de Savenelle de Grand Maison 

JVSG® 1931 | Sutilezas Cotidianas (Capítulo 92) | #todocomunica

José ‘Pepe’ Mujica, sinónimo de coherencia

#sutilezascotidianas | Una de las cosas que más valoro y respeto en una persona es su coherencia. Podemos pensar de forma muy distinta en todos los ámbitos de la vida, vivir en las antípodas del día a día, pero no puedo dejar de respetar —aún más— los análisis, opiniones y reflexiones de aquellas personas que viven como argumentan y que lo hacen desde el respeto más absoluto. Es, a día de hoy, utópico vivir en un mundo donde reine la coherencia. Las ambiciones personales, el poder, el dinero y la necesidad de aparentar —entre otras cosas— contribuyen a alejarnos y a no valorar las cosas realmente importantes de nuestra vida.

La diferencia de opinión con otras personas, lejos de ser un problema, es el camino para seguir evolucionando; saber escuchar y la empatía son ingredientes esenciales para lograrlo. El problema aparece cuando, al escuchar a una persona, observas que lo que está diciendo no tiene nada que ver con su forma de vida… dice y defiende una cosa, pero luego vive y actúa de forma totalmente distinta. Esa falta de coherencia es la llave a la pérdida de credibilidad, de confianza y, sobre todo, a la pérdida de uno de nuestros mayores patrimonios: el valor como persona.

Ayer falleció José Mujica, un ejemplo de coherencia y austeridad, que —cuando convivía como presidente con el poder, el dinero y la capacidad de influir directamente en decisiones de gran calado— prefirió alimentar sus valores y alejarse de la tentación de anteponerlos al dinero. Vivió siempre defendiendo, con constantes gestos y mensajes, la importancia del ser humano y la necesidad de que prevaleciesen las cosas más importantes de nuestras vidas, empezando por la dignidad y el equilibrio equitativo de la persona, con el estandarte de la coherencia y la austeridad… siempre con un tono —fundamental— respetuoso, enriquecedor y pedagógico.

En la sociedad nos faltan —en todos los ámbitos— más personas coherentes, que defiendan sus opiniones con respeto, y cuyo principal objetivo sea hacer un mundo mejor, mejorando la convivencia. Suena muy bien y queda muy bonito por mi parte esta reflexión, pero… no somos conscientes de los beneficios que obtendríamos, empezando por nuestra salud física y mental; seríamos —además— más felices.

Javier Vila de Savenelle de Grand Maison

JVSG® 1931 | Sutilezas Cotidianas (Capítulo 91) | #todocomunica

El palco: reflejo de un problema que va más allá del fútbol

Un año más, final de Copa del Rey. El partido disputado entre el Barcelona y el Real Madrid en el Estadio de La Cartuja, Sevilla, nos ha dejado otro palco desafortunado. Un estadio al que, personalmente, le tengo un cariño especial por haber vivido allí un momento profesional importante. Sin embargo, se repite, una vez más, una imagen que, lejos de representar el verdadero motivo de la celebración —una final de fútbol—, se convierte en un escaparate institucional que acentúa aún más las diferencias entre aficionados e instituciones.

Estas escenas se repiten cada día en los palcos y, en innumerables ocasiones, hemos hablado de ello desde distintas perspectivas. Una de ellas es la planteada ayer por Carlos Fuente, cuya lectura recomiendo (dejo al final del texto el enlace a su reflexión/opinión).

El protocolo, lejos de ser una herramienta de comunicación rancia, trasnochada y encorsetada, es probablemente una de las más versátiles y con mayor capacidad de adaptarse a las necesidades y objetivos de un evento, siempre dentro de las directrices marcadas por su anfitrión. Por lo tanto, el problema no es del protocolo, sino de cómo se aplica y argumenta.

Vaya por delante, y me gustaría dejar claro, que esto no es una crítica a los responsables de protocolo del evento. Como he vivido estas situaciones, sé lo difícil que es gestionar el ego de ciertas personas y las presiones por mejorar el puesto de algunas de ellas. Al final, por desgracia, la decisión —en múltiples ocasiones— no recae solo en el profesional de protocolo… grave error. Cuando una llamada de teléfono tiene más peso que un decreto, tenemos un serio problema y, lejos de solucionarse, esta escena seguirá repitiéndose.

Es inevitable que el aficionado relacione la política y el deporte, llegando a una conclusión que, por desgracia, tiende a generalizar: “esto está politizado”. Es cierto que hay muchos políticos generosos —porque esto también va de generosidad y coherencia—, pero para evitar que esto suceda es necesario reconsiderar la representatividad en el palco: los presidentes de los clubes, exjugadores destacados de los equipos que disputan la final, deportistas relevantes, instituciones que representan al deporte, la figura del patrocinador… Demos un cambio importante a los palcos, abramos la ventana.

Dos reflexiones finales:

Tenemos fantásticos profesionales en protocolo, compañeros de profesión empáticos, responsables y conscientes de la importancia del momento. Dejémosles trabajar.

La otra reflexión: escuchar silbidos durante el himno es vergonzoso, y deberíamos tomar medidas serias para que no vuelva a suceder. Si es necesario suspender un partido, adelante. Es inaceptable que no se respeten los himnos.

Recomiendo leer la reflexión de Carlos Fuente

Javier Vila de Savenelle de Grand Maison 

Respetar al seguidor

#sutilezascotidianas | Se siguen repitiendo las faltas de respeto al seguidor, al fan que acude entregado a ver jugar a su equipo, al aficionado que sigue desde casa a sus jugadores favoritos; motor de los clubes, que viven con pasión cada partido.

Ganar y perder forman parte del deporte, y una de sus esencias es precisamente el cuidado de los valores. El respeto es inherente al deporte y, por tanto, debería estar presente en cada momento, dentro y fuera del campo.

En más de una ocasión he destacado la responsabilidad que tienen los jugadores con la sociedad, precisamente por su visibilidad y su altísima capacidad de influir, especialmente en los más jóvenes. También lo son —tanto o más— los clubes de fútbol, porque deben hacer todo lo posible para que los valores estén presentes en el día a día de sus vidas.

Efectivamente, la responsabilidad de un futbolista o de cualquier otro deportista es ganar, esforzarse para dar lo mejor de sí mismo, pero no menos importante es ser respetuoso: con el adversario, sí, pero también con su propio seguidor, al que debería cuidar y mimar, porque gracias al fan ellos pueden ser unos privilegiados. Es cierto que ser un deportista de alto nivel exige un sinfín de esfuerzos personales, pero también es cierto que el retorno es muy alto.

Cuando un equipo es eliminado, el club debe tener presente al seguidor, no solo de palabra; también con hechos. Por desgracia, en innumerables ocasiones, los deportistas no dan la cara. Sí, están desolados por haber perdido, pero el aficionado agradecería escuchar a algún jugador de su equipo explicando lo sucedido, siendo empático. Y aquí los clubes también tienen que facilitarlo y hacer todo lo posible para que acudan a las entrevistas y transmitan respeto a sus seguidores.

Los responsables de comunicación y protocolo, entre otras cosas, tenemos también la responsabilidad de hacer todo lo posible para que esto se cumpla. Es nuestra labor cuidar los tiempos, las formas y los mensajes; es cuestión de respeto hacia quienes lo dan todo, jornada tras jornada, desde la grada o desde casa.

Como indicaba antes, tanto en la victoria como en la derrota, los deportistas deberían ser más empáticos y respetuosos con sus seguidores. Y los clubes, esforzarse mucho más por hacer accesibles a sus jugadores a los medios de comunicación, que hacen de enlace y altavoz con el fan.

Los más jóvenes mimetizan el comportamiento de sus ídolos. Si sus ídolos son respetuosos con sus adversarios, con sus compañeros, con los himnos, con los aficionados del equipo contrario, si al terminar el partido se quedan a saludar o dan la cara cuando pierden… enriqueceremos una sociedad —totalmente entregada a su equipo— que necesita modelos representantes de las buenas maneras.

Javier Vila de Savenelle de Grand Maisón 

JVSG® 1931 | Sutilezas Cotidianas (Capítulo 90) | #todocomunica

Esos momentos…

#sutilezascotidianas | Desde hace ya unos cuantos años, vivo lejos de España. Ya es nuestro cuarto país y, lejos de arrepentirme, con el paso del tiempo he aprendido que ha sido sumamente enriquecedor para nuestra familia. Nos ha unido aún más y hemos aprendido a valorar muchas cosas.

Viajar y conocer otras culturas es uno de los mejores caminos para no parar de evolucionar como personas. La lectura también es otro camino maravilloso, que tiene la capacidad de teletransportarte en cualquier momento del día, además de permitirte vivir experiencias y situaciones increíbles como las que te ofrece un viaje… incluso, en algunas ocasiones, aún más. Pero, en mi caso, lo tangible, lo que puedes vivir en persona, a través de los sentidos, pocas cosas pueden superarlo.

Procuramos inmortalizar todo esto a través del teléfono o de una cámara fotográfica, pero lo realmente importante es disfrutar del momento… porque esos recuerdos despiertan nuestros sentimientos. Los sentimientos también contribuyen a enriquecer nuestras buenas maneras, porque conocer, aprender y observar —en estos viajes— nos permite ser más cautos y respetuosos ante las diferencias de opinión.

Los pequeños detalles, esos momentos que disfrutamos en el día a día, hacen que nuestra vida sea más humana y feliz. Tengo un primo sensacional, Chema, un padrazo, de esas personas que hacen tu vida más fácil y mejor; me encanta viajar con él y con su sensacional familia. Qué afortunado soy. El otro día compartía, en el grupo que tenemos, una imagen donde destacaba la importancia de las cosas pequeñas, momentos que conforman un día, una vida… esos momentos que son los que realmente importan, los que hacen que tu vida se convierta en un oasis en medio de una sociedad que vive una auténtica locura de pérdida de valores.

Una llamada de un ser querido, un café caliente, ganar un desafío, despertar y ver que aún quedan horas por dormir, una mirada, una sonrisa de tu hijo… todas estas cosas —estoy convencido—, si somos conscientes de valorarlas, nos hacen ser mejores personas y, por ende, contribuirán a que vivamos en un mundo más amable.

Javier Vila de Savenelle de Grand Maisón

JVSG® 1931 | Sutilezas Cotidianas (Capítulo 89) | #todocomunica

Aunque te critiquen…

#sutilezascotidianas | Aunque te critiquen… no dejes de reconocer el buen trabajo de las personas que te critican. Esta frase la escribí el 14 de abril del 2015… y con el paso del tiempo sigo afirmando su importancia, de no dejar de hacerlo por muy mal que se porten con nosotros. La fortaleza de nuestros valores están por encima del rencor o del ojo por ojo… evidentemente que con algunos no me iría de viaje, ni tan siquiera a tomarme un café pero debemos procurar mantener unos mínimos de respeto.

Cada día somos más egoístas y son pocos que se alegran de los éxitos de los demás, incluso si les va mal, se alegran… es cierto que otros, como yo, nos tomamos todo a la tremenda… excesivamente sensibles y que esto nos lleva a sobreinterpretar las cosas, cuando todo es mucho más sencillo.

Desde jovenes deberíamos aprender la importancia de reconocer las cosas que hacen bien los demás, sin el temor de que puedan quitarnos nuestro trabajo, que lo puedan interpretar como una debilidad por nuestra parte. Todo lo contrario, demuestra que somos capaces de dejar a un lado las posibles diferencias que podamos tener, el temor a que piensen que son mejores que nosotros y como consencuencia, ser menos que los demás, transmitiremos más seguridad, empatía y respeto.

No tengas miedo en felicitar, reconocer y alegarte por los éxitos de los demás, por las cosas buenas que hace un tercero… no esperes nada a cambio, hazlo por convencimiento. Al principio o en alguna ocasión, te entraran dudas, pensarás si realmente se lo merece o las posibles consecuencia negativas pero… comprobaras con el tiempo que al final se convertirá en hábito enriquecedor para tu vida, serás mucho más feliz y respetuoso; vivirás más tranquilo y disfrutarás mucho más de las cosas. 

Javier Vila de Savenelle de Grand Maisón 

JVSG® 1931 | Sutilezas Cotidianas (Capítulo 88) | #todocomunica

… a las 3 am

Todos agradecemos que nos atiendan bien. Nos gusta que, cuando llegamos a un sitio, nos reciban con una sonrisa, pero también que sean diligentes. Por desgracia, en muchas ocasiones sucede todo lo contrario; incluso somos atendidos como si nos estuviesen haciendo un favor.

Cierto es que muchos de nosotros llegamos a los sitios como un elefante en una cacharrería y tratamos francamente mal a las personas. Pensamos que el cliente siempre tiene la razón, una frase que no ha ayudado en absoluto a que seamos personas respetuosas con quienes nos están atendiendo. El respeto debería ser recíproco, porque la cortesía y las buenas maneras son el primer paso para lograr un clima de cordialidad, donde podamos disfrutar del momento sin la tensión y la incomodidad que originan las personas desagradables y desagradecidas.

La falta de paciencia y las prisas son ingredientes que, ante situaciones delicadas —originadas por distintos motivos: porque hay demasiada gente, porque falta un determinado producto y deben reponerlo, por las horas que son, porque no terminan de solucionarnos un contratiempo, porque la comida no está a nuestro gusto, porque se han equivocado o porque llevamos mucho tiempo esperando—, hacen que el tiempo transcurra aún más despacio y perdamos las formas. Esto también es extensible a las personas que están detrás del mostrador, que nos atienden en un restaurante, en una consulta médica…

Hace unos días tenía que viajar otra vez; me encanta viajar y considero que es una de las mejores formas de aprender y de enriquecerse como personas. Es cierto que debes tener la predisposición, porque algunos viajan como las maletas… hay que fijarse en las cosas, en las tradiciones y costumbres… ser muchas veces camaleónico, porque eso te permite evolucionar más y mejor.

En el hotel donde nos hospedamos, al bajar por la mañana a desayunar temprano, conocí a una persona, Erika, la responsable de que todo estuviese en tiempo y forma en el desayuno. Aun a pesar de las horas, nos recibió con una encantadora sonrisa, pendiente de que no nos faltase nada y de que todo estuviese a nuestro gusto. Te hacía sentir como en tu propia casa, te apetecía quedarte más tiempo, disfrutando de otro café.

Erika se levanta todos los días a las 3 de la mañana y tiene que coger varios autobuses antes de llegar al trabajo. Cada día les deja el desayuno preparado a sus hijos. Cuando llega tarde de trabajar, tiene que hacer todas las tareas del hogar. Cuando hablaba con ella, en ningún momento me contaba esto con tono de queja. Seguro que le gustaría no tener que levantarse todos los días a las 3 de la mañana, pero… hablaba con una sonrisa, con tranquilidad.

Durante el día no he podido olvidarme de la conversación porque me hizo reflexionar mucho. Soy una persona muy afortunada pero… un poco desagradecido. Y creo que en innumerables ocasiones me he quejado sin motivo alguno… he saltado a la mínima, cuando hay otras personas que, aun teniendo muchos más motivos para tener menos paciencia, desprenden respeto, empatía y serenidad.

Javier Vila de Savenelle de Grand Maisón 

JVSG® 1931 | Sutilezas Cotidianas (Capítulo 87) | #todocomunica

La importancia de saber marcharse de los sitios

#sutilezascotidianas | Todos, en algún momento, hemos pensado en renunciar, por diversos motivos. Es cierto que ha ido calando en la sociedad la idea de que renunciar es malo, que es un síntoma de debilidad… desayunamos, comemos y merendamos en todos los medios lo dañino que es tomar esta decisión, pero, lejos de explicarnos los motivos por los cuales uno debería renunciar, la sociedad ha ido identificando y creando mecanismos para autoconvencerse de seguir.

Siempre he procurado reflexionar, en mi entorno laboral, sobre la importancia de ser conscientes de que todos tenemos fecha de caducidad. Nadie es indispensable; hay que saber marcharse de los sitios, en tiempo y forma. Por desgracia, hay ciertos ecosistemas donde esto es prácticamente imposible, porque pisar moqueta despierta —en muchas ocasiones— la parte mala que llevamos dentro.

La comunicación y las relaciones institucionales viven a un ritmo frenético, y saber gestionar los tiempos es una parte esencial de nuestro trabajo, pero no menos importante es saber gestionar las relaciones con otras personas y, por extensión de representatividad, con las instituciones. El desgaste es significativo si intentas, cada día, remar en contra de la dirección de la corriente. No obstante, si remas a favor, al final nos convertimos en títeres sin personalidad… seguidistas cuyo principal motivo es permanecer bajo el paraguas de una zona de confort. Lo difícil es encontrar un equilibrio, pero resulta, cuando lo encuentras, lo más gratificante a nivel personal y profesional.

La renuncia puede venir por diversos motivos: no estar a gusto por la falta de valores en el día a día, por estar en un sitio donde las decisiones tienen un vacío sustancial de ética y moral, por pérdida de confianza, por estar en un lugar donde no confían en ti… o, simplemente —y no menos importante— porque hemos cumplido un ciclo y es momento de dar paso a otra persona que, seguro, lo hará fenomenal. Insisto: nadie es imprescindible.

Saber renunciar lo saben hacer muy pocos… saber marcharse de los sitios en silencio, sin hacer ruido, es una habilidad que uno debería saber gestionar, reflexionar y analizar. Tiene muchos beneficios, empezando por nuestra salud, por la calidad de nuestro trabajo, por la frescura en la toma de decisiones, en la lectura de necesidades que uno debe darle a un cliente, a una empresa, a una institución…

Pero me gustaría dejar una última reflexión: es importante saber descansar laboralmente. Como responsable de comunicación, de relaciones institucionales o como jefe de gabinete… correr a lo loco, intentar llegar a todo, buscar en todo momento contentar a todo el mundo… te llevará, tarde o temprano, al agotamiento, al posible fracaso. Y si te gusta tu trabajo, aprende a descansar, gestiona bien tu tiempo y, sobre todo, tus emociones.

Javier Vila de Savenelle de Grand Maisón

JVSG® 1931 | Sutilezas Cotidianas (Capítulo 86) | #todocomunica

Respetemos los himnos

#sutilezascotidianas | Qué importante es ser respetuoso con los demás, pero no menos importante es respetar todo aquello que representa a un país, siempre bajo el paraguas constitucional, por muchas diferencias de opinión que tengamos, y más aún en un mundo totalmente polarizado donde algunos disfrutan pescando en río revuelto.

La desgracia de las diferencias, lejos de buscar el lado bueno que nos permitiría aprender cosas nuevas, se utiliza para enfrentarnos aún más. La vida requiere una gran dosis de empatía, donde el respeto es el condimento perfecto para mantener el equilibrio en las relaciones.

La tendencia de las personas es radicalizarse cuando, con el paso de los días, sus problemas, lejos de solucionarse, se agrandan. Y, como indicaba antes, el oportunista de turno utiliza esto para ahondar aún más en la parte negativa de las diferencias.

Es bueno y necesario tener diferencias, cuestionarse las cosas e intentar saber más sobre quien no piensa igual que nosotros, pero siempre que todos pongan de su parte. Entenderse no implica ser aquiescente, ni renunciar a tus principios, pero sí —en la medida de lo posible— respetar aquellos aspectos de nuestras vidas que influyen en la convivencia general de la sociedad.

El deporte juega —como he comentado en varias ocasiones— un papel destacado en el día a día de la gente. Hasta el punto de que muchos comportamientos se mimetizan y, en diversas ocasiones, no precisamente los más enriquecedores en valores… qué lástima… en vez de disfrutar de nuestro equipo favorito con positividad, sacamos nuestro lado más soez e irrespetuoso.

España jugó un partido contra los Países Bajos, correspondiente a la UEFA Nations League, donde logramos clasificarnos, después de los penaltis, para la Final Four. La selección española jugaba en Valencia, en un entorno festivo; una Comunidad Autónoma que hace unos meses sufrió unas inundaciones terribles y donde el deporte ha querido estar a su lado. Una tierra fantástica, de gente maravillosa, pero ayer, en Mestalla, no estuvimos a la altura: se silbó el himno de los Países Bajos. Me sorprendió mucho, porque el ambiente era increíble, lleno de banderas de España, una energía espectacular… pero ayer nos equivocamos.

Respetemos los himnos, como también —en más de una ocasión— hemos criticado a quienes han pitado el nuestro. ¿Qué es la vida sin respeto al adversario, al que no piensa igual que nosotros? Un mundo profundamente vacío de valores.

Por cierto, los días anteriores a la celebración del partido, los holandeses hablaban maravillas de nuestro país y de nuestro fútbol. Este es el primer párrafo —traducción no oficial— de su himno:

“Yo soy Guillermo de Nassau,

de sangre germana,

me mantendré leal a mi patria

hasta el día en el que muera.

Yo soy un príncipe de Orange,

libre e impávido,

al Rey de España

siempre he honrado.”

Y, además…

Javier Vila de Savenelle de Grand Maisón

JVSG® 1931 | Sutilezas Cotidianas (Capítulo 85) | #todocomunica