¿Eres impulsivo?

#sutilezascotidianas | Alguna vez en nuestra vida hemos reaccionado mal o fuera de tiempo ante algo que hemos considerado injusto, pero el problema de ser impulsivo es la posible desproporción en nuestra reacción. Ojo, hay situaciones que no tienen marcha atrás, con daños colaterales o malas interpretaciones que nos llevarán a agrandar un problema que, inicialmente, con calma y cautela, podría haberse quedado en una simple anécdota.

Ante una situación delicada o que consideramos injusta, lo primero que no debemos hacer es ser impulsivos; mi experiencia es que, todas las veces que lo he sido, he perdido la razón, he interpretado mal la situación o mi reacción ha sido desproporcionada. Todo esto me ha llevado siempre a un resultado final negativo.

La capacidad de controlar nuestra reacción, mantener la calma y contextualizar nos ayudarán a evitar —con creces— que el problema inicial se haga más grande. Analizar y reflexionar —nunca en caliente— sobre una situación delicada supone que las decisiones iniciales serán siempre más favorables que las reacciones impulsivas e irreflexivas.

La gestión de los tiempos también es fundamental, y más en un mundo donde creemos que la inmediatez nos da más prestigio y credibilidad. Un error gravísimo, porque, en más de una ocasión, la parte impulsiva que llevamos dentro nos hace tomar decisiones y reacciones que no contribuyen en absoluto a solucionar una situación crítica o adversa.

Rodearte de personas reflexivas, poco impulsivas y con capacidad de analizar todas las situaciones desde el respeto y la humildad, con una profunda carga ética y moral, es fundamental. Son los mejores ingredientes para encontrar respuestas o soluciones en momentos en los que no estamos de acuerdo o en los que, por nuestras responsabilidades, tenemos que tomar decisiones. Es la importancia de la responsabilidad en un mundo donde cada vez hay más problemas que requieren personas con capacidad de unir en lugar de dividir.

Javier Vila de Savenelle de Grand Maisón 

JVSG® 1931 | Sutilezas Cotidianas (Capítulo 76) | #todocomunica

La importancia de asesorar bien en comunicación

#sutilezascotidianas | Todos los que nos dedicamos al mundo de la comunicación —relaciones institucionales, imagen pública— vivimos un sinfín de situaciones que requieren templanza, responsabilidad y gestión de los tiempos, entre otras cosas.

En los momentos dulces resulta relativamente fácil gestionar la comunicación; en estos casos, una de las mayores dificultades es evitar que la persona a la que estamos asesorando se deje llevar por el momento. Alimentar demasiado su ego o vanidad puede llevarle a situaciones adversas. En los momentos difíciles, transmitir tranquilidad, saber reconocer un error sin justificaciones pero con argumentos que reflejen sinceridad, es fundamental.

He conocido deportistas que han caído en la trampa del ego; personas que eran buenas, respetuosas y accesibles, pero que, al alcanzar cierto éxito, pasan a vivir una etapa efímera en la que las circunstancias terminan limitando su crecimiento como persona y como profesional. El deportista tiene mucha responsabilidad, pero también la tienen las personas de su entorno.

Hay circunstancias que requieren personas capaces de poner al asesorado en su sitio; decirle las cosas sin buscar contentarle porque la lealtad, precisamente, pasa por decir, como profesional, lo que estimamos que es lo mejor para él, siempre desde el respeto y los valores.

Hemos visto varios casos en los que nos preguntamos cómo puede actuar o decir ciertas cosas un político, un deportista, un empresario… ¿No hay nadie en su equipo que le diga que así no? Por distintos motivos, el entorno no está a la altura… por querer agradarle, por miedo o por necesidad. Y esto, lejos de ayudar, lo que realmente provoca es: primero, perjudicarle; segundo, hacer mal nuestro trabajo.

Las instituciones —privadas y públicas— también requieren personas capaces de transmitir tranquilidad y saber gestionar los tiempos, pero también las emociones. El tiempo, las formas y el argumento son nuestros aliados… ¿Sabemos gestionarlos? ¿Todo vale? Todos los que nos dedicamos a este apasionante mundo de asesorar podemos cometer errores, pero hay cosas que no son para nada justificables y menos si se recurre —entre otras cosas— a la mentira, la manipulación o el insulto, lejos de los valores.

Javier Vila de Savenelle de Grand Maisón

JVSG® 1931 | Sutilezas Cotidianas (Capítulo 75) | #todocomunica

No esperes nada a cambio… aligera la mochila

Sutilezas Cotidianas: No esperes nada a cambio… aligera la mochila

#sutilezascotidianas | Muchas veces me he sentido como un auténtico tonto, fruto de esperar las gracias del otro… Haces cosas por los demás y no recibes ni tan siquiera un “gracias”. ¡Qué frustración e impotencia! Eres amable y no recibes el mismo trato.

En capítulos anteriores os hablaba de la importancia de aligerar la mochila, esa mochila que llevamos a la espalda, cargada de buenos momentos, frustraciones, sonrisas, tristezas… y seguimos intentando meter más cosas en ella pero, al final, los malos momentos —esos que tú no puedes hacer nada para evitar— te van robando espacio.

El mayor error —y yo soy el primero en caer en ello— es esperar que te lo agradezcan, y ahí está la equivocación; uno no debe hacer las cosas esperando el agradecimiento o el reconocimiento. Sí, a todos nos gusta una sonrisa, un “gracias” u otro gesto de empatía, pero no debe ser el motivo por el que hacemos algo por alguien.

Desde hace ya unos meses estoy aligerando la mochila; al final, la “espalda” ya no soportaba más peso de frustraciones y enfados innecesarios. Me afectaba demasiado emocionalmente. Estas cosas te quitan salud y te impiden disfrutar más de los buenos momentos o de las personas que realmente merecen la pena.

No es cuestión de rencor ni de ser más egoísta, sino de saber priorizar. En nuestra vida profesional, es cumplir con nuestras obligaciones siempre con respeto, buenas maneras y siendo conscientes de todas las particularidades que puedan surgir; en el aspecto familiar, con mucha empatía y comprensión, sabiendo que gestionar cada momento desde la prudencia supondrá encontrar una solución a un problema, pero siempre con cariño y mucho respeto.

Justos por pecadores… Por desgracia, cuando uno toma ciertas decisiones —como en este caso, aligerar la mochila— supone alejarse de ciertas situaciones y personas. En algún caso, inocentes pagan por las decisiones que tomamos, pero, al final, uno debe priorizar para reconducir una situación que requiere poner un límite. No es nada fácil; el tiempo y el no ser impulsivo también nos ayudarán a tomar las decisiones correctas.

Si hay personas que no valoran lo que hacemos, o que significamos poco para ellas; desplantes, desprecios… Tranquilo. Dales la importancia que merecen y, lejos de enfadarte o ponerte triste por su falta de respeto, recuerda: aléjate en silencio y déjalo ir.

Javier Vila de Savenelle de Grand Maisón 

JVSG® 1931 | Sutilezas Cotidianas (Capítulo 74) | #todocomunica

Falsas expectativas…

#sutilezascotidianas | Hay días en los que estamos más alegres que otros. Es francamente imposible estar siempre con una sonrisa o disimular que estamos mal por dentro. Uno no debe preocuparse por ello; quizás nos estemos exigiendo demasiado y, en algunas ocasiones, debido a esta situación —entre otras— decimos cosas o generamos expectativas que luego, por diversos motivos, no cumplimos.

La comunicación es una herramienta poderosa para despertar y generar emociones; la utilizamos en distintos ámbitos, pero mal empleada puede llevarnos a situaciones delicadas. La vida —como he comentado en algún capítulo anterior— hoy en día va demasiado rápido o, mejor dicho, corremos demasiado, queremos todo de forma inmediata y olvidamos que todas las cosas en esta vida requieren su tiempo. Disponemos de múltiples canales muy accesibles para lanzar o recibir información, hasta el punto de que muchas veces no sabemos discernir entre lo que es bueno o malo para nosotros.

Aunque otro día me gustaría profundizar en la importancia de los tiempos y en la constante necesidad de agradar a los demás, es evidente que tenemos la urgencia de comunicar todo lo que hacemos de manera inmediata. En innumerables ocasiones, esto nos lleva a decir cosas que luego no cumpliremos. Debemos ralentizar los tiempos, ser más reflexivos y conscientes de lo que queremos comunicar.

Todos, en algún momento, hemos creado falsas expectativas. Muchos lo hemos hecho de forma totalmente involuntaria: por intentar convencer a alguien, por un asunto laboral, en una relación, con un amigo, por presumir, por fingir, por ego, por frustración… Decimos muchas cosas por miedo al rechazo, por no saber decir “no” o simplemente porque nos hemos venido arriba.

Cuantas más altas sean las expectativas que generemos, mayor será la frustración si no se cumplen. Por ello, debemos tomarnos nuestro tiempo, sin correr, sin buscar agradar a todo el mundo y siendo conscientes de que, por diversos motivos, podemos fallar. No se trata de dejar de ser valientes o de no tener iniciativa, sino de ser realistas y prudentes. No es necesario correr, ser el primero en decir algo o demostrar que eres el más guay. Si creas falsas expectativas sabiendo que no podrás cumplirlas, deberías reflexionar: tarde o temprano, el tiempo y las circunstancias te pondrán en tu lugar o, simplemente, perderás credibilidad y respeto.

Javier Vila de Savenelle de Grand Maisón 

JVSG® 1931 | Sutilezas Cotidianas (Capítulo 73) | #todocomunica

La fragilidad de la credibilidad

#sutilezascotidianas | Generar confianza y fortalecer relaciones no se logra en dos días; todo lo contrario, es más probable que, al mínimo incidente o contratiempo, tu credibilidad se desmorone en un abrir y cerrar de ojos.

La credibilidad es la base de confianza en cualquier relación, tanto en el ámbito personal como en el profesional e institucional; la coherencia en nuestros argumentos y hechos, la honestidad, la integridad, el cumplimiento de la palabra dada y el respeto son algunos de los ingredientes esenciales para enriquecerla y fortalecerla.

Tus acciones y su consistencia generan confianza; refuerzan tu liderazgo e impactan positivamente en tu reputación. Nuestro entorno también influye en la solidez de nuestra credibilidad; en muchas ocasiones, nos rodeamos de personas que nos dan siempre la razón o que no son capaces de decirnos cuándo nos estamos equivocando. El mundo de la política es un reflejo de la sociedad y podemos comprobar cada día cómo sus protagonistas defienden a ultranza a los suyos; hagan lo que hagan, sin cuestionar, justificándolo todo con el clásico “y tú más”, manipulando si es necesario. Las hemerotecas ya casi no sirven para sonrojar al mentiroso; ni siquiera para afear su falta de coherencia, porque quienes comparten su misma ideología lo seguirán defendiendo a toda costa.

Es un verdadero error no criticar o señalar cuando una persona de nuestra misma ideología, círculo de amigos, clientes o familia se equivoca; decir la verdad y corregir a tiempo es una forma de demostrar lealtad, pero también contribuye a fortalecer nuestra propia credibilidad. La credibilidad es, en gran medida, bidireccional; todo esto también lo podemos trasladar al mundo de la empresa y las instituciones.

Toda esta reflexión me lleva a una conclusión; la credibilidad es extremadamente frágil. Si se cuida debidamente y se trabaja en ella cada día, puede convertirse en nuestra mayor fortaleza; sin embargo, se puede resquebrajar con suma facilidad. Puedes dedicar años a construir una reputación y, en cuestión de minutos, perderla.

Recuerda que, cada día, estamos construyendo y manteniendo nuestra credibilidad; siendo honestos y transparentes en nuestra comunicación con los demás. Cumplir nuestros compromisos y promesas es fundamental; si por cualquier motivo no lo hacemos, reconocer el error es el primer paso para solucionarlo. No tengas miedo de admitir que te has equivocado o que desconoces algo; todo lo contrario a lo que dicen algunos, no es una señal de debilidad. Actuar con ética y responsabilidad es el único camino para afianzarla; como dijo Stephen Covey: “La confianza es el pegamento de la vida. Es el ingrediente más esencial en la comunicación efectiva. Es el principio fundamental que sostiene todas las relaciones.”

Javier Vila de Savenelle de Grand Maisón 

JVSG® 1931 | Sutilezas Cotidianas (Capítulo 72) | #todocomunica

…es mejor afear que ayudar

#sutilezascotidianas | He encontrado —desde hace ya tiempo— en la lectura un buen compañero para reflexionar y alimentar la inquietud de seguir aprendiendo. Dependiendo del momento del día, si estoy de viaje o de mi estado anímico, leo un determinado libro… sí, estoy leyendo varios libros a la vez. Hoy he empezado 1914-1918. Historia de la Primera Guerra Mundial, de David Stevenson. Es importante, para entender las cosas, tener la inquietud de —al menos— la intención de conocer el pasado y el presente, para mejorar y aportar nuestro grano de arena en la construcción de un futuro mejor, pensando en todo momento en el presente de nuestros hijos.

Nuestros hijos viven probablemente a un ritmo que nosotros no hemos vivido: la inmediatez de las cosas, la competitividad, el exceso de información, la dificultad de discernir y procesar la veracidad de la comunicación digital… En algunas cosas son unos privilegiados pero con un coste altísimo en cuanto a la pérdida de valores, la falta de gratitud y el esfuerzo en determinados ámbitos de la vida.

La lectura es un espacio donde reencontrarse, donde el tiempo se detiene y te permite: soñar, aprender, llorar, reír, viajar… pero, sobre todo, enriquecernos como personas. Esta base nos permite adquirir otros hábitos saludables, y no me refiero únicamente a hacer ejercicio o alimentarnos bien. Otros hábitos saludables que contribuye a fomentar la lectura son mantener —entre otras— una conversación enriquecedora o adquirir el hábito de afear menos y ayudar más.

Gran parte de nuestro tiempo lo dedicamos a afear lo que otros hacen: aplaudimos y dejamos nuestros comentarios a través de las redes sociales, expresamos nuestra indignación y nos proclamamos defensores del bien, impartiendo cátedra sobre lo que está mal, denunciando las bufonadas de algunos.

Cada día se suben miles de fotos a medios digitales afeando conductas, pero ¿te has parado a pensar en algún momento que, en lugar de afear, podríamos ayudar más? Esta mañana vi una foto en un post donde aparecía una niña muy joven, ensimismada mirando su teléfono, en presencia de su abuelo… Leí con mucha atención los comentarios. La mayoría afeaban el uso del teléfono, lamentaban que la niña no hiciera caso a su abuelo. Mi respuesta a esa foto fue: si yo fuese la persona que hizo esa foto, me acercaría a la joven y le diría: “Qué suerte tienes por tener un abuelo tan bueno.”

Mi reflexión es: menos fotos para denunciar —que entiendo su finalidad en algunos casos— y más acciones para ayudar. Despertemos y sensibilicemos a la gente para que ayude más. La foto puede ser un medio para despertar nuestra sensibilidad, pero lejos de empezar a criticar, intentemos ser más pedagógicos, siempre desde el respeto y las buenas maneras.

Javier Vila de Savenelle de Grand Maisón 

JVSG® 1931 | Sutilezas Cotidianas (Capítulo 71) | #todocomunica

La frustración de querer agradar a todo el mundo

Durante muchos años he intentado agradar a todo el mundo. Intentas dar una buena imagen, ser atento y respetuoso con todos; cuidas tu imagen para causar una buena sensación. En el ámbito laboral —también— y más en nuestro sector, procuramos medir cada palabra, reacción y expresión con el fin de no incomodar u ofender a nadie. Pero la persona que intenta agradar a todo el mundo termina fracasando.

Todo tiene su momento. Quizás la experiencia te aporte un plus de serenidad si eres capaz de ser autocrítico, observador y consciente de que uno no puede agradar a todo el mundo.

Existe una premisa que cada vez tengo más clara: esforzarse por hacer mejor las cosas, pero no a cualquier precio. Es preferible reconocer un error o admitir que no sabemos algo antes que continuar engordando la bola de nuestro ego o la apariencia.

No es malo querer agradar a los demás, pero es importante entender que es prácticamente imposible lograrlo. Hay factores que nunca podremos controlar, y al depender de nosotros, es difícil prever y contextualizar cada situación para dar la respuesta correcta. Esto nos lleva a la importancia del argumento.

En nuestra profesión, uno de los pilares que la sostiene es la argumentación. Argumentar correctamente es, en innumerables ocasiones, lo que inclina la balanza. Es desde el argumento donde debemos optimizar nuestra capacidad de frustración, porque nos permitirá, desde el respeto y las buenas maneras, transmitir nuestra opinión sin ofender ni incomodar a nadie.

La falta de coherencia, de responsabilidad y el miedo —por distintas circunstancias— nos llevan a argumentar mal, fruto de nuestros temores al rechazo o al hecho de que nos cuestionen profesionalmente o en nuestro entorno más personal.

El argumento tiene un ingrediente fundamental que en muchas ocasiones nos da miedo utilizar, porque tememos la posible reacción de los demás al escucharlo. Esa palabra es saber decir NO. Aprender a decir no es el primer paso, acompañado de un buen argumento, para minimizar los efectos del rechazo, pero sobre todo, para empezar a sentirte bien, sin esa sensación agridulce de haberte sentido tonto, utilizado o de haber dicho algo solo porque tu interlocutor quería escucharlo, aunque no estuvieras de acuerdo o simplemente no te gustara.

En el mundo de la comunicación, el protocolo, la imagen pública y, sobre todo, en la vida misma, es esencial aprender a decir no. Hagas lo que hagas, no podrás agradar a todo el mundo. Empieza a vivir sin el temor de equivocarte, sin la obligación de gustarle a todos. Solo hazlo con respeto, humildad, discreción y empatía.

Javier Vila de Savenelle de Grand Maisón 

JVSG® 1931 | Sutilezas Cotidianas (Capítulo 70) | #todocomunica

Una foto en tu mesilla

#sutilezascotidianas | Probablemente muchos de los males que vivimos cada día son fruto de la insensibilidad. La falta de empatía nos está alejando de la realidad y nos lleva a un mundo cargado de envidias y egoísmos… Nos volvemos incapaces de leer o interpretar las señales que, en ocasiones, nos lanzan las personas a través de un gesto, una decisión o incluso del silencio.

Charles Pinot dijo: “El idioma del corazón es universal: sólo se necesita sensibilidad para entenderlo y hablarlo”. Y es que el lenguaje del corazón nos ayuda a estar más vivos y presentes. Aunque reconozco que una pequeña dosis de cabeza nos da un punto de equilibrio. Vivimos sin mirar a nuestro alrededor, sin disfrutar de las cosas que merecen la pena, aquellas que nos hacen sentir bien, tranquilos… No necesariamente tienen que ser intangibles; pueden ser pequeños detalles, recuerdos que despierten nuestra sensibilidad y empatía cada día, cada mañana.

En el trabajo, nos han convertido —o al menos la dinámica nos lleva a eso— en máquinas que buscan la rentabilidad económica, más poder, más influencia… pero, al mismo tiempo, esto —por desgracia— nos distancia de los problemas reales de la sociedad. Una sociedad que está, realmente, enferma… sin valores. Hemos dejado a un lado nuestro esfuerzo personal por hacer del mundo, y de las personas que nos rodean, un lugar mejor.

En mi ámbito profesional han deshumanizado gran parte de la esencia que debería tener el mundo de la comunicación, el protocolo y la imagen pública. Importa más el envoltorio que el contenido, y ahora mentir, manipular y falsear se permiten con tal de arañar moqueta o audiencia. Nos consumimos lentamente, a fuego lento… ya nada nos sonroja. Hoy podemos decir una cosa y mañana la contraria, porque el valor de la palabra y de las buenas maneras cada vez tiene menos peso en una sociedad que se preocupa más por tener que por dar. Y dar no es solo a nivel económico, sino también saber escuchar las necesidades de otros, respetar su opinión, su reflexión, sus temores, sus emociones…

En mi mesilla tengo dos fotos que siempre viajan conmigo. Ya han recorrido medio mundo. Una es la foto de mis padres, y la otra es de mi mujer con nuestros hijos. Las miro cada mañana porque es la mejor forma de recordarme la obligación de ser agradecido y respetuoso con los demás, en las decisiones que tengo que tomar en mi trabajo, siempre con respeto y humildad, pero con mucha responsabilidad.

Hace unos días, viajando con mi hijo, vi algo en la mesilla del hotel que me emocionó. Había colocado una foto nuestra.

Recuerda que algo tan sencillo como una foto en tu mesilla puede mover montañas.

Javier Vila de Savenelle de Grand Maisón 

JVSG® 1931 | Sutilezas Cotidianas (Capítulo 69) | #todocomunica

La fuerza de la discreción

#sutilezascotidianas | Una de las cosas que más valoro en una persona es la discreción. Resulta cansino escuchar a aquellas personas que se pasan el día contando intimidades o momentos que deberían mantenerse en la esfera privada.

La discreción es un ingrediente esencial en una relación, en el trabajo, en una conversación, en un viaje, en una cena, en una fiesta, en un vestuario… en una reunión. Uno no puede, bajo ningún concepto, romper ese compromiso. Porque sí, se trata de un compromiso que uno adquiere con las personas con las que comparte un determinado momento. La confianza es una parte esencial de nuestras vidas. Aquellas personas que no respetan esta confianza y son indiscretas pierden tanto la confianza como el respeto de los demás. Además, su credibilidad se ve mermada y sus valores quedan debilitados.

Algunas personas no pueden resistirse a contar cosas que forman parte de la intimidad de otros: decisiones laborales, momentos personales o temas que, simplemente, no deberían convertirse en objeto de conversación. Hoy en día, las redes sociales han resquebrajado la discreción. La necesidad de ser reconocido, de llamar la atención y de presumir de lo que se sabe, junto con el dichoso afán por conseguir un “like”… todo esto alimenta esa constante búsqueda de protagonismo.

En nuestra profesión, como en muchas otras, la discreción es vital; es uno de los pilares éticos que la sostienen. El increíble valor que tiene el silencio y la discreción reside en que, en muchas ocasiones, es mejor callar, escuchar más de lo que hablamos, y tener la fuerza de voluntad para resistir la tentación de opinar. Especialmente cuando esa opinión está basada en información que se conoció en un contexto privado y que no debe, por ningún motivo, hacerse pública.

Javier Vila de Savenelle de Grand Maisón 

JVSG® 1931 | Sutilezas Cotidianas (Capítulo 68) | #todocomunica

Aligera la mochila

#sutilezascotidianas | En más de una ocasión nos hemos preguntado: ¿cómo he podido llegar a esta situación? Esa en la que te comportas como un estúpido egoísta o caes en aquello que criticas: el impaciente, el maleducado, el sátiro engreído, el retorcido…

Durante el día vivimos momentos que requieren mantener la calma y evitar ser impulsivos. Por desgracia, esto lo sé bien por experiencia porque, aunque estoy aprendiendo a controlar mis reacciones, hay situaciones en las que reacciono mal. Hay personas y comportamientos que tienen la habilidad de sacar lo peor de mí. Antes los enumeraba, pero sigue habiendo perfiles que me desquician: los maleducados, los egoístas y los prepotentes, sobre todo cuando afectan a terceros.

Desde hace unos meses he puesto en marcha varias cosas, y reconozco que estoy viendo la luz. Me siento más tranquilo y, además, estoy logrando hacer la vida más fácil a las personas que me rodean, porque al final, cuando no gestionamos bien estas situaciones, lo pagamos con quienes más queremos o en quienes tenemos más confianza.

Estos capítulos de Sutilezas Cotidianas me están sentando fenomenal porque, en gran parte, los escribo para mí. Muchas veces me digo: aplícate el cuento, Javier. Escribir me ayuda a canalizar mi mal genio y mi frustración frente a “esa banda” de comportamientos que detesto. También me ayuda a relativizar. No existe la verdad absoluta, no siempre tenemos la razón y, probablemente, en ocasiones estemos equivocados. Este margen de error me invita a ser más reflexivo. Quizás estamos interpretando mal algo, y por eso es mejor preguntar y no quedarse con la duda.

Quiero compartir dos cosas que también estoy aplicando. La primera ya os la comenté: alejarme del teléfono y de WhatsApp —que prácticamente no utilizo—. La segunda, y no menos importante, es aligerar la mochila. No somos conscientes, pero cada día la vamos cargando de enfados, rencores, discusiones, malas interpretaciones, desconfianza y odio… Al final, el peso se vuelve insoportable. Termina pasándonos factura: perdemos las buenas maneras, los valores, vivimos amargados y rencorosos, y saltamos a la mínima.

Cuídate, mímate, aligera la mochila y verás cómo serás más feliz. Y, al mismo tiempo, harás feliz a las personas que más te quieren.

Baltasar Gracián dijo: “La soberbia nunca baja de donde sube, pero siempre cae de donde subió”. Porque, al final, el tiempo nos pone a todos en nuestro lugar.

Javier Vila de Savenelle de Grand Maisón 

JVSG® 1931 | Sutilezas Cotidianas (Capítulo 67) | #todocomunica