#sutilezascotidianas | Cada fin de semana, en los campos de fútbol, somos testigos de auténticos “actores de acción,” peliculeros profesionales que, lejos de ser sancionados por fingir y exagerar una falta, recurren cada vez más a la farsa. Más allá del deporte, los deportistas tienen la responsabilidad de cuidar y velar por la verdad, evitando mentir para sacar ventaja a costa del adversario.
Hay deportistas que no necesitan recurrir a estas prácticas. Me vienen a la mente muchos de ellos, porque cada fin de semana nos regalan ejemplos de cómo se pueden fomentar y cuidar los valores. El deporte tiene una enorme capacidad de influir en la sociedad. Los deportistas poseen un poder único para impactar positivamente en los jóvenes, pero también en los mayores. Es una verdadera pena no aprovechar más este poder para inspirar y promover el bien.
Los más pequeños de la casa disfrutan imitando a sus ídolos, y todavía no tienen la capacidad de discernir qué comportamientos deberían evitar. El problema es que, en numerosas ocasiones, aplaudimos, defendemos e incluso copiamos las conductas de estos irresponsables consentidos. Sí, consentidos, porque nadie se atreve a cortar de raíz estos comportamientos. Mentir, fingir o insultar debería estar duramente castigado. Si así fuera, viviríamos en un mundo mucho mejor.
Por suerte, siempre nos quedarán ejemplos como Nadal, Federer y otros deportistas que destacan tanto en el ámbito deportivo como en su día a día. No son los únicos; hay muchos deportistas que son verdaderos modelos a seguir. Sin embargo, lo soez y lo ordinario suelen silenciar la elegancia de la educación. Nos atrae el ruido, lo chabacano… el provocador, lo vulgar. Mientras tanto, los más jóvenes están aprendiendo exactamente lo que no deberían hacer.
#sutilezascotidianas | En más de una ocasión nos hemos sentido tontos por haber hecho algo por alguien que no lo ha agradecido o porque simplemente no nos hemos sentido correspondidos. Una de las características más destacadas de la cortesía y de la amabilidad es no hacer las cosas para que hablen bien de nosotros o para recibir agradecimientos. Qué fácil es decirlo y qué complicado es no sentirse mal o enfadarse ante la falta de gratitud del destinatario de nuestro gesto.
Este capítulo, como la mayoría, lo escribo también para mí. Es una forma de contextualizar y relativizar lo que sucede, lo que vivimos en el día a día. Ser generoso y atento con los demás no debe convertirse en un camino para agradar a otros, para pertenecer a un grupo o para ganarse el favor de alguien. Es, ante todo, una expresión de respeto hacia uno mismo, una forma de cuidar nuestros valores internos, de respetarnos y proyectar esos valores hacia el exterior.
Es cierto que en innumerables situaciones terminamos frustrados porque vemos que nuestros gestos hacia terceros son tomados como algo que se da por hecho. Muchas veces, quienes los reciben son incapaces de agradecer o de hacer siquiera un pequeño gesto de gratitud por la atención recibida.
No dejes de ser detallista, atento y respetuoso con los demás, por muy desagradecida o descortés que pueda ser la otra persona. Habrá días, y con ciertas personas, en los que nos resultará mucho más difícil ser amables, pero —en la medida de lo posible— dejemos a un lado el rechazo que sentimos. Nos hará estar más tranquilos, sin descuidar el cuidado de nuestros propios valores. Esto no significa dar un cheque en blanco ni ser un pozo sin fondo de cortesía, y mucho menos ser un perfecto “tonto útil”. Haz las cosas porque tú quieres y porque tu educación se expresa en esos detalles, no sólo por agradar a los demás.
#sutilezascotidianas | En más de una ocasión he denunciado la deriva en la responsabilidad de ser coherentes y cumplir con la palabra dada. Ya es algo habitual prometer cosas y luego —bajo justificaciones absurdas y retorcidas— no cumplir lo prometido. Con suma facilidad, y en muchas ocasiones siendo conscientes de ello, se lanza al aire una afirmación que sabemos que no verá la luz.
Pensaba que las hemerotecas servirían para sacar los colores a más de uno, o al menos para provocar una disculpa, pero sucede todo lo contrario; ya no pasa nada, mentir no tiene precio alguno… barra libre. Estamos asistiendo a una pérdida de valores sin precedentes, que supone un altísimo coste para la sociedad. Lo preocupante es que los más jóvenes están aprendiendo a restar importancia a la palabra dada.
Las personas prefieren que se les prometa menos, pero que se cumpla. Generar demasiadas expectativas rara vez resulta positivo, ya que en muchos casos dependemos de terceros, quienes también tienen sus propias particularidades. Así, factores externos pueden dificultar que podamos cumplir con lo acordado. Por eso, como ya he indicado, es mejor prometer aquello que depende —en general— de uno mismo y de lo que estemos seguros de poder realizar.
Hemos institucionalizado la mentira; ya forma parte de nuestras vidas, de nuestra forma de relacionarnos y comunicarnos. Se ha convertido en un trampolín hacia la mediocridad y la decadencia personal. Por ello, aunque sea una lucha titánica, es vital cuidar aquello a lo que nos comprometemos.
La política es un escaparate de la sociedad, y esta última, de manera inconsciente, aprende a normalizar la falta de compromiso. También aprende que mentir no tiene consecuencias. Los políticos se han acostumbrado a prometer cosas con tal de ganar votos, pero muchas veces con poco compromiso social. Por mantenerse un día más en el poder, dicen lo que la gente quiere oír, aun sabiendo que hay factores externos que probablemente impedirán cumplir lo prometido. Son especialistas en dar patadas al balón de las necesidades para ganar tiempo.
Sí, hay políticos que cumplen, que son honestos y muy realistas. Pero ojo, ya no es suficiente. Si te rodeas de incumplidores y no les afea sus actos, no los denuncias o incluso los defiendes, acabarás formando parte de ese gran colectivo que justifica sus decisiones como un mal menor. Y con tal de que no gobiernen otros, “todo vale”.
Recuerda que uno de nuestros mayores tesoros es el valor de nuestra palabra. Protégela y fomenta tus valores.
#sutilezascotidianas | Si hay algo que marca —y mucho— a una persona es su entorno. A lo largo de mi vida profesional, he podido comprobar cómo puede influir, tanto positiva como negativamente, en un deportista, político, empresario o en una persona común.
El entorno de personas destacadas en el deporte, la política o la empresa necesita incluir individuos que no sean aquiescentes. No es nada bueno rodearse únicamente de personas que alaban constantemente, que solo dicen lo que se quiere escuchar. Estas figuras necesitan rodearse de personas que velen —principalmente— por sus valores. Sin embargo, por desgracia, muchas veces se rodean de personas complacientes, interesadas y poco preparadas.
Trabajar con estas personas puede ser muy complicado, y para ellos, no es nada fácil gestionar un entorno donde predominan los constantes halagos, las tentaciones y ciertos privilegios que no deben ser sinónimo de hacer lo que uno quiere, cuando quiere.
He tenido la suerte de trabajar con personas sensacionales, que acogían con atención, humildad y respeto mis recomendaciones. Siempre estaré agradecido a aquellas personas que han confiado y confían en mí. Es una gran responsabilidad velar y proteger los valores de alguien, cuidar su imagen pública en una sociedad que busca siempre “el error”, donde —por desgracia— importa más aparentar que ser discreto.
El entorno tóxico abunda, y convivir con él no es fácil. Antes tenía más paciencia, y en muchas ocasiones me he enfrentado a estas situaciones, pero he llegado a un punto donde prefiero alejarme sin hacer ruido, en silencio. Tampoco quiero dedicar más tiempo a estas personas.
Siempre hago una reflexión sobre cómo esto puede afectar a los niños. A los padres nos preocupa quiénes están cerca de nuestros hijos, si son una buena influencia para ellos. Conviene despertar en nuestros hijos la importancia de rodearse de buenas personas. Por muy tentadora que sea una “fiesta”, las luces se apagan, se termina la música, y llega la realidad, a veces con un duro golpe. El entorno les acompañará a lo largo de su vida, y tendrán que tomar decisiones importantes, rechazar ofertas tentadoras… Una retirada a tiempo puede ser una victoria; saber decir “no” puede ser su salvavidas en muchas situaciones.
Recuerda la importancia que tiene el entorno y cómo puede repercutir en nuestras vidas, desde una persona común hasta un deportista de élite. Viendo cómo está evolucionando la sociedad, me parece imprescindible destacar la repercusión que el entorno puede llegar a tener en nuestras vidas.
#sutilezascotidianas | En el mundo del deporte vivimos momentos vibrantes, y es comprensible que nos emocionemos, pero siempre dentro de un contexto. Hay personas que lo viven demasiado, tanto en lo bueno como en lo malo.
Da igual el deporte que estemos disfrutando porque, como en el día a día de la vida, hay momentos para celebrar y momentos para ser comedidos, pero la premisa máxima siempre debe ser el respeto, tanto en la victoria como en la derrota.
A veces olvidamos que los niños están ahí, a nuestro lado, disfrutando con nosotros o incluso siendo ellos los protagonistas del juego. Como padres o mayores, muchas veces perdemos la cabeza, sin ser conscientes del daño que esto les hace a ellos y a nosotros mismos.
Los periodistas también forman parte de esta compleja ecuación porque a algunos les resulta muy difícil separar la emoción de la responsabilidad. La falta de educación les pasa factura, y —por desgracia— el respeto ya no está de moda. Si respetas el turno de palabra, dejas hablar, no gritas, no insultas y no te ríes de los demás, parece que no eres bienvenido al circo mediático, a ese mundo putrefacto que ensalza al alborotador.
Hay personas que son auténticos señores: te felicitan cuando su equipo pierde y, cuando gana, son los primeros en celebrarlo sin necesidad de zaherir a nadie. Su satisfacción viene de la victoria de su equipo, no del sufrimiento del adversario. No hurgan, no retuercen, no se recrean en el mal ajeno. Eso sí —como siempre— no llevemos esto al extremo; claro que un pique sano entre adversarios es bueno.
Las disculpas y las justificaciones —en general— son propias de un mal perdedor. No aprendamos a justificarnos ante la derrota porque, al final, nos convencemos de que perder es lo peor del mundo y nos avergonzamos por ello. Los más jóvenes tienen que aprender que la derrota forma parte de la vida y que no es malo estar triste, pero sin perder las formas, conscientes de que este mal momento pasará porque la vida es una suma de oportunidades.
Me cuesta admitirlo, pero creo que hay una o más generaciones perdidas, y veo difícil que estos comportamientos desaparezcan. Lo peor y más preocupante es que los jóvenes no aprenderán a perder, pero tampoco a ganar. Y no olvidemos que esto se refleja en nuestro día a día. Estoy preocupado.
#sutilezascotidianas | Me hago mayor y, con ciertas cosas, ya no tengo ni tiempo, ni paciencia, ni ganas de discutir. Las redes sociales se han convertido en un caladero de personas anónimas que —parece— disfrutan insultando, mintiendo o manipulando.
Ya llevo unos años en las redes sociales y, al principio, me parecieron una herramienta de comunicación muy interesante. Sin embargo, desde hace un tiempo, percibo un deterioro significativo en cuanto a su uso; un deterioro que contribuye a convertirnos en una sociedad de odiadores, donde pasamos más tiempo descalificando que enriqueciendo con valores o compartiendo —entre otras cosas— conocimientos, experiencias y vivencias con un impacto positivo en nuestras vidas.
Los jóvenes se empapan de mentiras y superficialidad porque, entre otras cosas, no son capaces de discernir entre la verdad y la mentira, entre la manipulación y una opinión bien argumentada. Es importante que los más jóvenes tengan la inquietud de seguir aprendiendo, de cuestionarse y preguntarse por qué suceden las cosas, de leer y contrastar la información. Los mayores también deberíamos adoptar esta actitud: cuestionarnos más, ser más curiosos y mantener viva la necesidad de saber y de seguir aprendiendo.
Consumimos información a granel todos los días sin ser conscientes de la cantidad de contenido tóxico que entra en nuestro pensamiento y que, por ende, repercute en cómo hablamos, cómo argumentamos y cómo se ven afectados negativamente nuestros valores y nuestro saber estar.
Este año me he propuesto alejarme de las redes sociales y de aquellas herramientas que, por mi salud, me alejan de las cosas que realmente importan. Quiero dedicar más tiempo a aquellas personas y actividades que aportan cosas positivas a mi vida. No pretendo generalizar; hay contenido interesante en las redes sociales, pero, por desgracia, cada día es más lo tóxico que lo positivo. Me daré un paseo por las redes para leer a aquellos que lo hacen de una forma generosa y constructiva, pero me alejaré de lo tóxico. Esto también es extensible al WhatsApp… cuanto más sencillo sea el teléfono, mucho mejor. Es bueno aprender a desconectar.
#sutilezascotidianas | A lo largo de mi vida he conocido a personas que han destacado por su talento… afortunados por poseer un don que les permite sobresalir con suma facilidad. No pretendo restarle importancia al talento, ni mucho menos verlo como algo negativo, todo lo contrario. Aquellos que tienen esa gran fortuna deben ser conscientes de lo afortunados que son y cuidar ese premio. Pero… si al talento le sumas la voluntad, el resultado puede mover montañas. La voluntad es uno de los ingredientes más esenciales en nuestra vida cotidiana. Sin voluntad no podemos alcanzar prácticamente ningún objetivo, por mucho talento que tengamos. Es la compañera ideal para facilitar la vida de los demás, cuidar nuestra salud, seguir evolucionando y aprendiendo, ser educados y respetuosos.
Todo lo que nos propongamos en la vida, sin voluntad, jamás lo alcanzaremos. Probablemente esa frustración que sentimos al no lograr algo se deba —en muchas ocasiones— precisamente a la falta de voluntad. La voluntad de salir a correr temprano por las mañanas, de no enfadarse por el egoísmo de los demás, de seguir estudiando, de ser más respetuosos, de darle a las cosas la importancia que tienen, de hacer aquello que no nos gusta y que solemos postergar…
La voluntad también se trabaja y alimenta poco a poco hasta que se convierte en un hábito que nos enriquece. Tiene la capacidad de cambiar nuestras vidas y la de las personas que nos rodean, además de facilitar la convivencia. Porque con voluntad podemos incluso entender a aquellas personas que no piensan como nosotros. No todo es fácil ni algo que se consiga en dos días… tampoco quiere decir que, por mucha voluntad que tengamos, podremos cambiar al tonto de turno. Pero sí nos ayuda a saber sobrellevarlo, porque tendremos la voluntad de no tomarnos todo a la tremenda, de diferenciar entre lo que depende de nosotros y lo que depende de factores externos.
Es importante recordar que la voluntad puede orientarse tanto al bien como al mal. Hay quienes, por una gran pérdida de valores, tienen objetivos en la vida que no pasan precisamente por respetar normas éticas o morales.
#sutilezascotidianas | Las buenas maneras tienen varios enemigos, y uno de ellos, que afecta directamente, es el rencor. Cargamos nuestra mochila con tantas situaciones que, al final, se hace imposible soportar el peso.
A lo largo de nuestra vida, hay muchas situaciones que nos marcan y nos marcarán de distintas maneras. Las situaciones buenas nos ayudarán a expresarnos y a ser más felices, a relacionarnos con más empatía, respeto y saber estar. Por otro lado, las situaciones malas influirán en cómo nos dirigimos a otros. Dependiendo del impacto que tengan en nosotros y cuánto nos importen, esas experiencias negativas pueden llevarnos a ser más rudos, impertinentes o incluso insoportables.
Hay personas que tienen la habilidad de sacar lo mejor de nosotros, capaces de que seamos amables, nos saquen una sonrisa y nos volvamos más detallistas, comprensivos, empáticos, humildes, respetuosos y pacientes. Sin embargo, también hay personas que son la antítesis, que despiertan lo peor que llevamos dentro o activan nuestra parte menos educada y respetuosa.
No sé si puede ser un propósito para el nuevo año, pero sí tiene la importancia suficiente como para que empieces cuanto antes a dejarlo ir. Tom Hanks dijo: “El día que comprendas que dejar ir no siempre significa perder, que algunas batallas se ganan manteniendo tu integridad en lugar de recurrir a la fuerza, y que hay personas que, por más oportunidades que les des, no cambiarán… ese día habrás alcanzado una verdadera madurez emocional”.
Además de con las personas, esta idea se extiende a muchas otras situaciones del día a día. ¿Crees que merece la pena enfadarse por esas “pequeñas” tonterías que activan nuestra peor versión? ¿Realmente vale la pena enfadarse por un atasco? Esas pequeñeces diarias, sumadas a las circunstancias que nos marcan negativamente, hacen que nuestra mochila cada día sea más pesada.
Démosle la importancia justa… déjalo ir, vacía la mochila y renuévala con momentos que te hagan ser mejor persona. Serás más feliz y harás más felices a los demás.
#encuentrosenriquecedores | Es un privilegio dedicar este espacio a conversar con Luis Villarejo, una figura que admiro, no solo por su trayectoria, sino por los valores que representa. Generosidad, humildad, inteligencia e innovación son cualidades que lo definen y que ha volcado —de forma generosa— en el mundo de la comunicación deportiva, aportando su granito de arena para transformarlo y enriquecerlo a cada paso.
Luis no solo es un referente en su campo, sino también una inspiración para quienes, como yo, hemos tenido la oportunidad de aprender de su visión y de su dedicación. Su trabajo en medios de prestigio como la Agencia EFE, Marca o el Real Madrid, así como su faceta como autor, reflejan su compromiso con la excelencia y su amor por contar historias que trascienden.
Esta conversación es una forma de rendir tributo a su legado y de agradecer todas sus enseñanzas. Gracias, Luis, por compartir con todos nosotros tus conocimientos, reflexiones y opiniones.
1. Luis, has estado vinculado a medios tan relevantes como la Agencia EFE, Marca, y el Real Madrid. ¿Cómo definirías el papel del periodismo deportivo en la actualidad?
Yo siempre soy optimista. ¿Por qué?. Porque la industria del deporte y del entretenimiento no para de crecer. El interés aumenta entre la población mundial. Asia, con especial incidencia en el mundo árabe, ha entrado con determinación en la organización de eventos mundiales. No sólo fútbol, sino también en otros deportes. El impulso del deporte femenino ha descubierto nuevas audiencias. Y los patrocinios corroboran el buen estado de salud del Sport Business. Con ese paisaje, se necesitan periodistas en los medios de comunicación, sobre todo que jerarquicen las noticias. El experto es fundamental. No sólo en cubrir eventos deportivos, sino que la dirección, el liderazgo, el diseño, el envoltorio, el orden, son fundamentales para establecer portadas, en cualquier formato: papel, digital, redes.. Por eso, el periodismo siempre estará vivo.
2. En tu libro Capitanes, analizas figuras clave del fútbol. ¿Qué hace que un futbolista se convierta en un líder dentro y fuera del campo? ¿Hay algún capitán que te haya marcado especialmente?
Capitanes es uno de los libros que más satisfacciones me ha dado en mi trayectoria profesional. En primer lugar, por el privilegio que me brindó conversar con líderes del mundo entero, capitanes que algunos son ‘directores de RRHH’ y no lo saben. Son la prolongación del entrenador en el campo y toman decisiones contínuamente. Sobre todo, dentro del vestuario y son claves para ayudar a la política de comunicación, de márketing del club. Son, junto al entrenador, los grandes portavoces de unas empresas que facturan cientos de millones de euros y con una responsabilidad notable en el día a día del club. Capitanes como Raúl, Puyol, Fernando Hierro, Fernando Torres, Cesc Fábregas, Xavi, Iniesta, Sergio Ramos, Cañizares… son todos ejemplos de vida y de dar la cara en sus clubes. Tipos con enorme personalidad. En el libro vienen reflejados sus diferentes modos de dirigir grupos. Y en general, ahora siguen esa estela futbolistas como Rodri, Carvajal, Koke…. todos ellos han sido alumnos de los anteriores.
3. Los deportistas, especialmente los de élite, son referentes para muchos jóvenes. ¿Qué importancia crees que tiene cuidar los valores y el saber estar en su comportamiento, tanto dentro como fuera del terreno de juego? ¿Cómo influye esto en las nuevas generaciones?
Es una de los factores más interesantes en la gestión de vestuarios. La humildad. Los entornos son decisivos. Estos adolescentes que se convierten en estrellas de un día para otro necesitan mentores, apoyos de gente brillante. Cuentan con salarios infinitos que pueden permitirles contar con ayuda externa en varios ámbitos: contractual, jurídico, salud y fisios, pero también y esta es la novedad, con asesores de vida, que les impida entrar en burbujas innecesarias que le alejan de la realidad. Esta figura debería ser obligatoria ya.
4. Has trabajado tanto en la comunicación institucional, como en el Consejo Superior de Deportes, como en medios de comunicación. ¿Qué diferencias encontraste entre contar la noticia y gestionarla?
Si todos los periodistas pudiesen vivir en los dos escenarios a lo largo de su vida sería maravilloso. Hay que ver la realidad desde las dos perspectivas. Cuando uno es dircom y tiene la información de primera mano, entiende a las organizaciones. Ve la vida de otra manera. El periodista exige contínuamente contenidos al instante y a veces hay que modular discursos y no se puede vivir sin filtros como creen algunos.
5. ¿Cuáles crees que son los principales retos que afrontarán las federaciones deportivas en los próximos años, tanto a nivel de comunicación como de gestión?
Es necesario que las Federaciones inviertan en comunicación y en márketing. Muchas, andan con recursos escasos, pero tienen que entender sus presidentes que es una de las partidas más eficaces. No se puede vivir de espaldas al mundo real. Hay deportes hermosos, con tirón, a los que les falta estrategia. Entre todos, tenemos que ayudar a crecer a esas Federaciones emergentes. Por favor, no hay deportistas minoritarios. El otro día se lo contaba a Sandra Sánchez, oro olímpico en karate, ya retirada. Tú, Sandra, le decía, de deporte minoritario, nada. Tu eres una estrella, una número uno del mundo. Le va bien la vida. Están rodando una película de su vida. Me alegro mucho. Se lo merece.
6. El periodismo deportivo ha cambiado mucho con la inmediatez de las redes sociales. ¿Qué retos y oportunidades observas en este nuevo escenario?
Para los más jóvenes, se percibe un escenario interesante. Todo aquel que no pueda trabajar en ‘medios legacy’ cuenta con una alternativa para publicar y exponer su talento.
7. La pandemia de la COVID-19 fue un momento crítico que sacudió al deporte mundial. ¿Crees que ha cambiado la forma de comunicar en el ámbito deportivo desde entonces? ¿Qué aprendizajes o transformaciones destacarías?
Sin duda cambió hábitos. Los protagonistas ahora entienden que la imagen es fundamental. No sólo valen sus declaraciones por teléfono como antes. El mercado digital exige vídeo para implementar todos los formatos actuales. Ese es un cambio interesante. Te llamo, pero te grabo y te pones en cámara. Las radios lo están explotando y así se puede ver a los deportistas hablar en público, pero también se les puede ver a través de la imagen, en webs, o incluso televisiones que emiten programas de radio a diario.
8. Como responsable de Deportes en la Agencia EFE, ¿cuáles son las claves para mantener la calidad y la credibilidad en un entorno tan competitivo y saturado de información?
Contar con periodistas con experiencia, con oficio, contactos y teléfonos ayuda mucho. Incluso en este mundo tan saturado.
9. A lo largo de tu trayectoria, has cubierto momentos históricos del deporte español. ¿Cuál ha sido la experiencia más emocionante de tu carrera profesional y por qué?
Los primeros JJOO en Barcelona ’92. Luego he ido a otros Juegos, pero nada que ver. Los primeros eventos marcan tu vida. La primera Copa de Europa del Real Madrid, por ejemplo, la famosa Séptima del gol de Mijatovic, con Raúl, con Redondo, con Hierro. Venir en el avión sentado al lado de Pedja con la Copa en el asiento. Son recuerdos imborrables que ya los periodistas más jóvenes no podrán nunca en sus vidas estar tan cerca de la actualidad. Los triunfos de la selección española, ver en directo el oro de Carolina Marín en Río 2016… son muchos momentos inolvidables.
10. En tu opinión, ¿qué características debe tener un buen periodista deportivo hoy en día para destacar y aportar valor?
Tener información y buena agenda. Hay una generación que cree puede vivir y vive de la opinión sin levantar un teléfono. Y por supuesto, hablar un par de idiomas, hablar bien en público, escribir con dignidad y por supuesto ser multimedia. No vale todo.
11. Has escrito libros como Goles o Raúl, el futuro. ¿Qué te inspira a plasmar en papel las historias del fútbol? ¿Qué aporta un libro que no aporta una crónica diaria?
Los libros deben aportar historias inéditas. En España hay un sinfín de medios deportivos que cuentan muchos detalles. Por eso, un libro debe tener si ó sí material exclusivo. Si no lo tiene, mejor no perder el tiempo.
12. Con tu experiencia en medios y en comunicación institucional, ¿cómo crees que la comunicación deportiva puede seguir evolucionando para conectar mejor con las nuevas generaciones y mantener su credibilidad?
Apoyando a los más jóvenes siempre. Educando en la formación en las redacciones, detectando además quién tiene pasión por esta profesión. Enseguida se ve a estudiantes de prácticas con espíritu de entender qué significa ser periodista de verdad. Si ves alguien especial, con talento, aprieta a tu empresa y no le dejes escapar. La captación del talento es oro molido.
#sutilezascotidinas | Me gustaría empezar este capítulo dando las gracias por el cariño que he recibido a lo largo de este año. Soy una persona muy afortunada. Muchas gracias a todos los que, de alguna manera, me hacéis llegar vuestro afecto. En diversas ocasiones hablo de lo mal que estamos en cuanto a la pérdida de valores y del saber estar, pero debo reconocer que hay personas fantásticas en mi vida, personas que enriquecen mi día a día y de quienes no dejo de aprender cosas.
Con algunos amigos no he estado a la altura, y desde aquí —aunque lo iré haciendo en persona— quiero pediros perdón. Reconozco que, desde hace un tiempo, me he aislado bastante. Antes era mucho más activo en redes sociales, a través de WhatsApp o del teléfono, pero… necesitaba, o mejor dicho, necesito estar más “desconectado”. Esto no justifica mi ausencia con personas que siempre me han mostrado su cariño y respeto, pero espero que lo entendáis.
Mi decisión de estar más “desconectado” es porque había llegado a un punto en el que todo me generaba un estrés innecesario y, al final, me preocupaba por cosas que no deberían afectarme. Sin embargo, gota a gota, uno llega a un nivel de saturación que requiere —como dije antes— apartarse para enfocarse en las cosas que realmente aportan más felicidad. Pagan justos por pecadores, y lo siento mucho. Haré todo lo posible por encontrar un equilibrio.
Hoy en día entras en cualquier red social y todo está polarizado. Entiendo que no debería afectarme, pero me cuesta mucho no entrar al trapo, y esto me obliga —entre otros motivos— a no valorar o tan siquiera responder, cuando antes era el primero en opinar.
Muchos hemos sido afortunados este año, pero hay otros muchos que no, y esto me lleva a una última reflexión. No tengo derecho a quejarme, pero sí el deber de acordarme de las personas que realmente lo están pasando mal y, aun así, son mucho más optimistas y agradecidas que nosotros. La tragedia de Valencia, la guerra de Ucrania, las tragedias y guerras que se viven en África y en otros rincones del planeta, las personas que tienen que abandonar su país dejando atrás a su familia, las mujeres asesinadas, los niños explotados… Este capítulo está pensado en todas esas personas. Creo, y estoy convencido, de que podríamos hacer mucho más por ellas, yo el primero.
Que estas fechas también nos sirvan para acordarnos de todas estas personas y para valorar y reconocer que somos inmensamente afortunados. De alguna forma, hagamos que esa fortuna se revierta en la sociedad, aportando nuestro grano de arena para vivir en un mundo más humano y sensible, despertando nuestra empatía y respeto hacia los demás. Pensemos un poco más en el bien general, dejando a un lado nuestros intereses particulares. ¿Difícil? ¿Verdad? Intentémoslo.
Disfrutad muchísimo de estas fechas con vuestros seres queridos. A aquellos que no pueden estar con nosotros, nuestro más sincero recuerdo y amor.