Heladería Livorno

#sutilezascotidianas | Todos, cuando viajamos con cierta frecuencia a un determinado lugar, tendemos a ir a esos sitios donde nos sentimos a gusto. Puede ser por un viaje de trabajo, en verano, cuando visitamos a un familiar… Procuramos disfrutar de un café, de una buena comida o de un aperitivo.

Cuando repetimos un establecimiento lo hacemos por diversos motivos. La amabilidad y la atención son fundamentales para que nos guste, además de la calidad del producto. Pero hay algo dentro de nosotros que nos hace sentir como en nuestra propia casa o, al menos, muy a gusto y tranquilos. La decoración, el ambiente, el precio… son factores que tampoco podemos olvidar y que pueden inclinar la balanza para que repitamos.

Hay lugares que nos invitan a desconectar y ralentizar, a relajarnos y disfrutar de una buena conversación o del silencio, leyendo o simplemente tranquilos, sin pensar en nada. Estos lugares tienen mucha más importancia en nuestras vidas de lo que pensamos.

En otra ocasión os había hablado de una cafetería —Ruanova— en Galicia o de la tienda de deportes Manel Sánchez; hoy os hablo de una fantástica heladería en Madrid… y en próximos capítulos os recomendaré otros lugares —restaurantes, hoteles, tiendas…— por distintos motivos.

La Heladería Livorno es —probablemente— una de las mejores heladerías que conozco. Cada vez que viajo a Madrid, una de las primeras cosas que hago es ir a Livorno. Nada más entrar, te reciben con una sonrisa y, en mi caso, dado que paso mucho tiempo fuera de España, con un buen abrazo. Alfredo —el jefe— lo primero que hace es dejar lo que está haciendo para darme un buen abrazo y un beso. Ya son muchos años, y el cariño y el respeto son muy grandes. Trabajador, divertido, educado… un señor que transmite serenidad y saber estar. Esto crea un clima perfecto para disfrutar no solo de un helado buenísimo, sino también de un buen café o de una fantástica empanadilla. No está solo; su hijo Juan Ignacio sigue sus pasos… es sensacional y detallista, atento a que todo esté perfecto y a que en ningún momento nos falte nada. Es un perfecto anfitrión que te hace sentir como en tu propia casa.

Si vas por Aravaca, te recomiendo que les visites. Estoy convencido de que repetirás y, si vas por la mañana, te encontrarás con María Luisa… Son tantos años que la conozco… es una parte importantísima de Livorno: amable, tan detallista con mis hijos, siempre tan cariñosa con ellos.

Seguro que tú también tendrás tus lugares donde te encuentras así. Qué afortunados somos por disfrutar de sitios donde podamos sentirnos tan bien, rodeados de buena gente en un entorno agradable y educado.

Alfredo, Norma, Carolina, Juan Ignacio, familia… María Luisa y equipo… gracias por cuidarnos tan bien —siempre—.

Javier Vila de Savenelle de Grand Maisón 

JVSG® 1931 | Sutilezas Cotidianas (Capítulo 57) | #todocomunica

#DondeVolverJVSG

**La Heladería Livorno no solo conquista con la calidad excepcional de sus helados, sino también con la calidez y las buenas maneras de su equipo. Cada visita se convierte en una experiencia que invita a regresar, donde el sabor y la amabilidad van de la mano. Un lugar que destaca por su excelencia en todos los sentidos.

Av. de la Osa Mayor, 101, Moncloa-Aravaca, 28023 Madrid, España.

  • Cafetería Ruanova https://www.javier-vila.es/sutilezas-cotidianas-gestos-de-amabilidad-en-tiempos-dificiles/

Recógelo y valóralo…

#sutilezascotidianas | Quizás estoy equivocado, pero no valoramos lo suficiente lo afortunados que somos. Nos levantamos por la mañana con agua caliente para ducharnos, abrimos la cocina y tenemos opciones para desayunar, incluso permitiéndonos el lujo de despreciar algo con un simple “no me gusta”.

Reconocer nuestra suerte es un ejercicio de gratitud necesario. Tenemos más de lo que necesitamos: colegios cercanos para nuestros hijos, ropa para abrigarnos, y más cosas de las que podemos usar. Sin embargo, nos hemos acostumbrado a desechar lo que aún tiene valor, guiados por el capricho y la insatisfacción.

Hay dos gestos que me resultan especialmente dolorosos: tirar comida y pasar indiferente junto a alimentos caídos en un supermercado. Es incomprensible no recoger un paquete de arroz del suelo cuando, en otras partes del mundo, muchas personas darían lo que fuera por algo tan simple. Esa indiferencia es un reflejo de nuestra desconexión con las necesidades reales y con el respeto hacia lo que tenemos.

Si un día no tuviéramos estas cosas al alcance, apreciaríamos su verdadero valor. Reflexionemos sobre las sutilezas del día a día que nos permiten ser mejores personas.

Javier Vila de Savenelle de Grand Maisón

JVSG® 1931 | Sutilezas Cotidianas (Capítulo 56) | #todocomunica

El valor de la sinceridad

#sutilezascotidianas | Una de las cosas que más deberíamos valorar actualmente es la sinceridad. Por desgracia, está en peligro de extinción. Ser sinceros no significa perder las formas o decir lo que queramos en cualquier momento. Vincular la libertad de expresión con la sinceridad puede ser un cóctel explosivo y, si le añadimos el ego, el resultado puede ser muy destructivo.

El pedante lo dejaré para otro capítulo porque necesitaría más de dos líneas para hablar de ese fenómeno de la naturaleza. Muchas personas —y no solo yo— valoramos la sinceridad; preferimos saber cuándo nos hemos equivocado o conocer realmente qué piensa la persona con la que hablamos, qué opina… Tener la libertad de hablar con tranquilidad, sin sentirse cohibido o temer alguna repercusión por lo que se dice. Al margen de las posibles diferencias sociales, culturales o personales, uno debería tener la libertad total de poder hablar y expresarse sin miedo.

Existen diversos motivos por los que alguna vez no hemos sido sinceros… y todos, en algún momento, hemos faltado a la sinceridad. Sin embargo, la falta de sinceridad no puede convertirse en un instrumento para agradar o complacer a otros. No podemos vivir intentando agradar a los demás a costa de no ser sinceros. Aquí es donde las buenas maneras y el saber estar juegan un papel importante, porque perder las formas implica, en gran medida, perder la razón.

La falta de sinceridad resta credibilidad y perjudica nuestra reputación, influyendo directamente en cómo nos perciben los demás. Los más jóvenes deben ser conscientes de la importancia de ser sinceros. Recuerdo que, cuando era pequeño, mis padres me enseñaron que decir la verdad siempre era el primer paso para solucionar un problema, mientras que mentir o no ser sinceros hacía que el problema creciera y se complicara aún más.

Javier Vila de Savenelle de Grand Maisón 

JVSG® 1931 | Sutilezas Cotidianas (Capítulo 55) | #todocomunica

…un beso y un buen abrazo

#sutilezascotidianas | Es —probablemente— junto a un buen abrazo, una de las cosas que más nos gusta recibir de nuestros hijos. Un beso al empezar el día, un abrazo al despedirnos antes de ir al colegio, o ambos antes de desearnos una feliz noche.

Por desgracia, la sociedad cada vez es más fría por distintas circunstancias. Poco a poco vamos perdiendo —lentamente— detalles en momentos concretos que nos alejan de las buenas maneras y del saber estar. Este distanciamiento, quizás de forma inconsciente, nos lleva a descuidar el respeto y la consideración hacia las personas que forman parte de nuestro mundo, un mundo tan especial donde deberíamos sentirnos tranquilos, queridos y lejos de la angustia que, lamentablemente, a menudo encontramos en el día a día.

En más de una ocasión ya os he comentado —procurando no ser catastrófico, pero sí realista— que muchas personas cuidan muy poco de no traspasar ciertas líneas del respeto. Cuando uno cruza esas líneas, no hay marcha atrás, aunque después se reconozca el error. Pedir disculpas es importante, pero hay cosas que están en un nivel más profundo del respeto.

Hace poco, en un viaje en familia por la mañana muy temprano, Cristina (mi mujer) y yo bajamos a desayunar. Nos encanta y disfrutamos mucho ese primer café del día. Sí, jajaja, también os lo había comentado en algún capítulo anterior… Estábamos solos al principio, pero poco a poco comenzaron a bajar más personas. Al fondo del pasillo, vimos llegar a nuestros hijos. Muy dormidos, se acercaron lentamente hacia nosotros sin dejar de mirarnos. Nada más llegar, nos dieron un beso a cada uno y un buen abrazo. Nuestras caras se iluminaron; me fijé en la de Cristina. Al principio, cerró los ojos para disfrutar y recrearse en el momento, y luego los abrió… estaban llenos de brillo, de vida. Algo que solo puede conseguir el beso y el abrazo de un hijo.

Nunca es tarde para empezar a tener estos pequeños detalles, la importancia de cuidarlos… por favor, que no se pierdan estos pequeños grandes gestos, señales de amor y respeto. Estos momentos se pueden extender a lo largo del día, en familia, con un ser querido. No dejemos morir una de las mayores y mejores vitaminas que podemos recibir. La próxima vez que estés en familia, piensa en esto. Y cuando veas a un buen amigo, regálale un abrazo muy fuerte.

Javier Vila de Savenelle de Grand Maisón 

JVSG® 1931 | Sutilezas Cotidianas (Capítulo 54) | #todocomunica

Reconocer un error

#sutilezascotidianas | A todos nos ha sucedido más de una vez que no hemos sido capaces de reconocer un error, e incluso hemos hecho un esfuerzo extra para intentar ocultarlo o buscar la forma de evitar admitir que nos hemos equivocado.

Vivimos en una sociedad que, por desgracia, penaliza el hecho de pedir disculpas y reconocer un error, ya que muchos lo interpretan como una señal de debilidad, lo cual es un verdadero disparate. Esta percepción, lejos de ayudar, está generando que los más jóvenes aprendan a mentir, ya que, al parecer —al menos inicialmente— no hay consecuencias negativas por hacerlo.

En más de una ocasión he tenido discusiones con algún cliente al que estaba asesorando porque veía necesario, desde una perspectiva comunicativa, que reconociera su error. Algunos se negaban a hacerlo por miedo a las posibles reacciones, a dar la sensación de no saber o a parecer débiles. Otros, en cambio, han reconocido su error y han salido reforzados. Primero, consigo mismos, tenemos y debemos respetarnos más. No se trata únicamente de lo que opinen los demás, sino de la necesidad de cuidar y alimentar nuestros valores, porque la principal responsabilidad es con nosotros mismos. Por otro lado, reconocer un error fortalece la credibilidad, no es nada fácil hacerlo y es por eso que muchas personas valoran ese paso en un mundo donde muy pocos lo dan.

El ámbito en el que más me ha costado transmitir la importancia de reconocer un error es la política, mientras que en el deporte, curiosamente, suele ser más fácil. Reconocer un error no es solo decir la verdad para sentirte mejor, “He dicho la verdad y ya está”. No. Hay formas de decir las cosas, especialmente cuando repercuten en otras personas. Por lo tanto, reconocer un error debe ir siempre acompañado de sensibilidad y saber estar.

Como os he comentado en más de una ocasión, procuro pasar de puntillas sobre el mundo de la política, pero es un ejemplo muy claro de lo que —en muchos casos— no debe hacerse. ¿Cuántas veces —y siento generalizar— hemos visto a un político reconocer un error? No todo vale en la vida con tal de salirse con la suya. Todos tenemos la responsabilidad de dar ejemplo y ser respetuosos, también con aquellos que tienen la valentía de reconocer un error. Es cierto que toda acción tiene una consecuencia, pero hay errores que, como mínimo, merecen una buena disculpa.

Javier Vila de Savenelle de Grand Maisón

JVSG® 1931 | Sutilezas Cotidianas (Capítulo 53) | #todocomunica

NANNYPHONE

#sutilezascotidianas | Nadie —o muy pocos— puede negar que el teléfono móvil nos ha facilitado la vida. Sin embargo, también se ha convertido en un instrumento que nos aleja de la realidad y de ciertas responsabilidades que no debería asumir por nosotros.

Siempre he sido una persona muy pendiente del teléfono, aprovechando la autonomía que me permite para trabajar con libertad, responder correos o atender emergencias en carretera. Pero reconozco que, desde hace un tiempo, he desarrollado una cierta manía hacia él, por diversas razones. Me daba cuenta de que me estaba idiotizando: revisaba constantemente notificaciones, correos, redes sociales… hasta el punto de quedarme embobado mirando la pantalla. Era francamente absurdo.

El problema radica en que, poco a poco, generamos una necesidad —que no es real— y una dependencia que va carcomiendo nuestra atención e interés por otras cosas. El móvil invade nuestra intimidad y nos aleja de experiencias que realmente enriquecen nuestras vidas. Por eso, he decidido reducir su uso gradualmente. A veces, cuando salgo con alguien de confianza, dejo el móvil en casa o incluso lo apago. También he empezado a limitar el uso de redes sociales, WhatsApp y correos electrónicos a horarios laborales. Porque el teléfono, lejos de conectarnos, nos mantiene excesivamente disponibles y desconectados de lo esencial.

Recuerdo dos escenas que me hicieron reflexionar. En un restaurante, vi a una familia —padre, madre e hijos pequeños— en la que cada uno estaba absorto en su teléfono móvil. Cuatro personas compartiendo mesa, pero no momentos. En lugar de disfrutar de una conversación familiar, cada uno vivía inmerso en un mundo superficial y vacío. La otra escena fue la de un padre que había dejado su teléfono a un niño muy pequeño, convirtiéndolo en una “nannyphone.”

El problema es que no levantamos la cabeza para darnos cuenta de que estamos completamente dependientes de un trozo de plástico que nos desconecta de la vida real, de las emociones y de los sentimientos.

El teléfono es una “nannyphone” para muchos niños y una cárcel para muchos adultos, atrapados en un mundo banal y vacío. No permitas que te aleje de los tuyos ni de tus responsabilidades. Disfruta de tus hijos, de tus amigos, de los paisajes, de una buena conversación… sin ser interrumpido por un estúpido móvil. Claro que hay tiempo para atender el teléfono, pero siempre dentro de un orden.

Javier Vila de Savenelle de Grand Maisón 

JVSG® 1931 | Sutilezas Cotidianas (Capítulo 52) | #todocomunica

Los peliculeros seudoexpertos

#sutilezascotidianas | Las redes sociales, bien utilizadas, pueden ser una interesante herramienta de comunicación donde uno puede encontrar cosas valiosas, pero también se han convertido en un caladero de peliculeros seudoexpertos. Y digo “en las redes” porque son el escaparate de nuestras opiniones. Lamentablemente, muchas veces, detrás de un seudónimo y amparados en el anonimato, zahieren gratuitamente o malmeten con el único fin de polarizar y desestabilizar, hiriendo de forma innecesaria, alimentado así su insaciable ego.

Los peliculeros seudoexpertos no son conscientes —o sí— del grado de desinformación que pueden llegar a generar. Les importa un bledo, en general, la realidad de las cosas, porque su única obsesión es aparentar que saben de un tema. Se ponen el traje roído de expertos, lanzando opiniones sin reflexionar ni contrastar las tonterías que llegan a decir, aplaudidos por sus seguidores. Una de las características de estos seudoexpertos es, precisamente, que suelen tener un número significativo de seguidores, embobados por sus absurdas afirmaciones. Esto lo hace aún más grave, porque al final influyen directamente en la opinión de ciertas personas que, dicho sea de paso, deberían contrastar lo que leen. No como algo aislado, sino como un hábito: es necesario que todos aprendamos a verificar, leer otras opiniones y reflexionar antes de formar nuestra propia perspectiva.

El seudoexperto debe despertar de su obsesión por protagonizar una película de mentiras, donde él es el “prota” más listo del mundo mundial. Porque, al final, una opinión lanzada solo para ganar un puñetero like lo único que consigue es sembrar desinformación y mentiras. Todo esto lo he vivido en persona, porque dentro de los temas que algo sé, he podido comprobar que faltaban a la verdad. Incluso en alguna ocasión he enviado un mensaje —privado— indicándoles que estaban equivocados. Es cierto que todos nos podemos equivocar, pero cuando esa persona persiste en ese camino, llegas a la conclusión de que el bicho del peliculero seudoexperto les ha picado.

En mi mundo profesional —comunicación, protocolo e imagen pública— hay profesionales fantásticos que me encanta leer, porque uno nunca deja de aprender. Pero también hay otros que son un auténtico bluf, convirtiéndose en lo que ya mencioné: peliculeros seudoexpertos que, además de faltar a la verdad, acaban transmitiendo una imagen errónea de nuestra profesión. En las redes sociales, en innumerables ocasiones, prefiero no opinar sobre ciertos temas y, más aún, de mi campo, porque muchas veces nos faltan datos para emitir un juicio.

Un poco más de responsabilidad y coherencia, por favor.

Javier Vila de Savenelle de Grand Maisón

JVSG® 1931 | Sutilezas Cotidianas (Capítulo 51) | #todocomunica

Ausencias injustificables

#sutilezascotidianas | Ayer regresé de viaje con mi hijo tras un fin de semana fantástico en una zona muy bonita de Estados Unidos, cuyos exuberantes paisajes no dejan indiferente a nadie. Aunque disfruté del viaje, también me sentí feliz de volver y estar en familia.

De camino a casa, mi hijo me preguntó sobre qué escribiría hoy. En principio, tenía pensado hablar sobre unas imágenes que vi de un deportista y que me gustaron por varios motivos. Sin embargo, al ver durante el fin de semana la reapertura de la catedral de Notre Dame, sentí que era importante reflexionar sobre este tema.

Como español-francés que soy —algunos dirán que es una curiosa mezcla o quizás me dedicarán otros epítetos— y con madre parisina, París es una ciudad que también forma parte de mi corazón. He disfrutado mucho de esta ciudad con mi familia y he pasado numerosas veces frente a la catedral de Notre Dame, un monumento repleto de momentos históricos. Construida entre los siglos XII y XIV, es una verdadera joya del gótico europeo y uno de los monumentos más emblemáticos de París. Testigo de trascendentales acontecimientos históricos, como la coronación de Napoleón, su arquitectura y vitrales la convierten en un símbolo cultural universal. Tras el incendio de 2019, su restauración ha reafirmado su relevancia histórica y artística, mucho más allá de lo religioso.

La reapertura de la catedral de Notre Dame reunió a representantes de una amplia variedad de instituciones internacionales, reflejando su importancia como símbolo cultural global. Se recaudaron más de 800 millones de euros procedentes de donantes de más de 150 países. Participaron líderes de organizaciones sociales, culturales y económicas, junto con expertos en patrimonio y delegaciones de países que apoyaron su restauración. En este momento histórico —porque este día pasará también a la historia— destacó la colaboración internacional y la diversidad de sectores comprometidos con la preservación de este emblemático monumento, consolidando su significado histórico y cultural para el mundo entero.

Entiendo —y no solo como 50% francés que soy, sino también como español y profesional de protocolo— que la ausencia de España en este día es injustificable. Es un error muy grave en esta ocasión por parte del ministro de Cultura, Ernest Urtasun. La ausencia del Gobierno de España en la reapertura de la catedral de Notre Dame trasciende la responsabilidad del ministro de Cultura. Según la Ley de la Acción y del Servicio Exterior del Estado (LASEE), aprobada en 2014, la política exterior y la coordinación de las acciones en el exterior son responsabilidad directa del Gobierno, bajo el liderazgo del ministro de Asuntos Exteriores. Esta ley establece principios como la unidad de acción, la lealtad institucional y la planificación, asegurando que los actos relevantes para los valores e intereses de España en el exterior se desarrollen de forma coherente.

Hay ausencias injustificables, y cuando hablamos de un Gobierno, conviene dejar a un lado nuestras opiniones y deseos personales para priorizar los intereses generales de un país, por mucho que algo nos moleste. Esta es una opinión personal, pero creo que el señor Urtasun le ha metido un gol a nuestro ministro de Asuntos Exteriores y, por ende, a todos los españoles.

Javier Vila de Savenelle de Grand Maisón 

JVSG® 1931 | Sutilezas Cotidianas (Capítulo 50) | #todocomunica

Me callo y te escucho

#sutilezascotidianas | Ayer fui muy feliz, fue un día especialmente bonito. Me encanta conducir y procuro —en la medida de lo posible— que cuando me toca viajar, hacerlo en coche, aunque sea un trayecto largo, como ha sido en esta ocasión. He viajado bien acompañado… qué digo, increíblemente bien acompañado —si se puede decir así— con mi hijo. Este tipo de viajes me encantan porque me permiten hablar con mis hijos, conocer sus inquietudes y aprender de ellos. No dejo de sorprenderme con las cosas que cada día tienen para enseñarme.

A lo largo de mi vida he cometido un error gravísimo —bueno, uno de tantos—: no parar de hablar y no saber escuchar a las personas a mi alrededor. Probablemente ese puntito chulesco y un tanto egocéntrico que tengo me ha hecho perder conversaciones enriquecedoras y oportunidades de seguir aprendiendo. Hay conversaciones que son auténticas fuentes de experiencias, vivencias y conocimientos, que de forma gratuita contribuyen a mejorar y evolucionar como personas. Siento mucho haberme comportado así, pero os confieso que llevo un tiempo considerable intentando corregir este odioso comportamiento. Y precisamente una de las cosas que más me ayuda a corregirlo es mi familia y mis amigos.

En otros capítulos os hablaré de esos amigos a los que me siento tan agradecido y afortunado de tener en mi vida. Este tipo de personas son las que te ponen en tu sitio cuando hace falta, están ahí cuando los necesitas y, cuando crees que no los necesitas, ellos siguen estando. La familia es la base de todo; es el núcleo de un gran ser que siempre está dispuesto a escucharte y a apoyarte cuando lo necesitas.

Me callo y te escucho… porque mis hijos y mi mujer me están enseñando la importancia de saber escuchar. No somos plenamente conscientes del impacto que puede tener en la vida de alguien. Las personas necesitan que hablemos menos y escuchemos más: sus inquietudes, sus miedos, sus ilusiones, sus tristezas, sus alegrías, sus desgracias… sin necesidad de interrumpir ni menospreciar sus pensamientos. Porque lo que para ti puede parecer una tontería, para ellos puede ser un inmenso dolor o un problema descomunal. Saber escuchar contribuye, al menos, a que se sientan mejor y, seguramente, a que encuentren o lleguen antes a una solución. Estos son los valores y el saber estar que debemos cuidar más, por el bien de todas las personas que viven a nuestro alrededor y para contribuir a un mundo menos egoísta.

Mi hijo ayer me regaló unos momentos inolvidables de cariño, donde pude disfrutar de su voz, de sus pensamientos y de su felicidad. ¿Puede alguien ser más feliz? Me callo y te escucho porque me hace feliz y porque quiero que tú también lo seas.

Javier Vila de Savenelle de Grand Maisón

JVSG® 1931 | Sutilezas Cotidianas (Capítulo 49) | #todocomunica

La fuerza de la discreción

#sutilezascotidianas | Con el paso del tiempo, el silencio y la discreción se han convertido en dos compañeros de viaje esenciales en un mundo donde aparentar y presumir a todas horas está a la orden del día. Fanfarronear parece haberse convertido en deporte nacional, y en más de una ocasión caemos en la trampa de sumarnos, dejándonos llevar por quienes se vienen muy arriba.

Vivimos en una sociedad absolutamente cegada por lo material, lo superficial y vacía de valores. Estoy convencido de que es algo cíclico, porque he podido comprobar cómo algunos padres hacen un esfuerzo extraordinario para que sus hijos no caigan en la tentación de la miseria que supone aparentar. Aparentar es un síntoma de putrefacción intelectual, y me recuerda a las termitas: no nos damos cuenta de su presencia hasta que descubrimos que se han comido todo. Aparentar es lo mismo, no percibimos que, por dentro, nos estamos degradando y marchitando. Nuestras mayores posesiones, como los valores y principios, se pudren lentamente.

La falta de discreción, motivada por el deseo de formar parte de un grupo, ser reconocido, generar envidia o convertirse en el centro de atención, nos lleva a transformarnos en auténticos imbéciles. Así, uno se convierte en el protagonista de una película donde el personaje fagocita a la persona, dejando tras de sí un cúmulo de circunstancias efímeras y una vida marcada por despropósitos.

El indiscreto forma parte de nuestras vidas y ha llegado a un punto que —al margen de que mi trabajo exige mucha discreción— estas personas me generan pereza y, en cierto modo, pena. Tiene que ser agotador estar todo el día aparentando, presumiendo o contando la vida de los demás. Si a esto le sumamos las redes sociales, se crea un circo de cinco pistas.

Las personas que realmente merecen la pena son la suma de varios factores, pero destacaría: la humildad, la coherencia, la lealtad, la discreción y el saber estar. Sí, podría enumerar más, pero hoy quiero destacar estos aspectos. La principal virtud que debemos cultivar es nuestro interior; la fachada se la dejamos a quienes disfrutan del reino de los presumidos.

Javier Vila de Savenelle de Grand Maisón 

JVSG® 1931 | Sutilezas Cotidianas (Capítulo 48) | #todocomunica