La importancia de saber escuchar

#sutilezascotidianas | Con el paso del tiempo, he podido comprobar que una de las cosas que más estamos olvidando, y dejamos de hacer cada día más, es saber escuchar y prestar atención a lo que nos dicen. Saber escuchar también implica despertar nuestro interés por ciertos silencios, porque a veces el silencio nos puede indicar muchas cosas, ya que también forma parte de la expresión de una persona.

No dejamos hablar, nos interrumpimos… esto lo vivimos todos los días. Dejar hablar y escuchar es enriquecedor, porque es la mejor forma de aprender, comprender, empatizar y ayudar. Recuerda que corremos mucho a lo largo del día y esas prisas también afectan el nivel de atención que prestamos a las personas con las que conversamos o convivimos. Probablemente en más de una ocasión no nos hemos dado cuenta de que la persona con la que estamos hablando lo está pasando mal. Estamos en nuestras cosas, y esto dificulta que prestemos la atención que merece, pensando en otras cosas, ausentes, inmersos en nuestro mundo e intereses, que pueden ser muy diversos. No tiene que ser intencionado, pero solo estamos de cuerpo presente.

Te invito a que hagas un ejercicio por las noches, antes de acostarte: toma una libreta y apunta tres cosas que crees que podrías haber hecho —mejor— cuando estuviste hablando con alguien. Esto te ayudará a que, cuando hables con alguien, le prestes atención. También puedes hacerlo durante el día, después de hablar con alguien. En mi caso, me he dado cuenta de que en muchas ocasiones hablo —yo— más de lo que escucho y que debería dejar hablar más. Al final, saber escuchar es una señal de respeto, fomenta los valores y el respeto entre las personas, mejorando la convivencia. Saber escuchar es una de las mejores vías para ayudar y respetar a los demás. Aprendamos a saber escuchar.

Javier Vila de Savenelle de Grand Maisón

JVSG® 1931 | Sutilezas Cotidianas (26) | #todocomunica

(IN) Coherencia

#sutilezascotidianas | Todos, en algún momento de nuestras vidas, hemos sido incoherentes, lo somos o lo seremos, en mayor o menor medida. Siempre decimos, al dar un consejo, que la teoría es fácil y que la dificultad está en llevarla a la práctica. La gravedad de la incoherencia se agrava —aún más— cuando conscientemente mentimos con el fin de manipular o falsear la realidad.

Las redes sociales tienen muchas cosas buenas. Nos permiten compartir conocimientos, experiencias, potencian la —buena— creatividad… pero también nos permiten constatar —entre otras cosas— nuestra falta de coherencia. Defendemos o manifestamos una cosa, pero luego los hechos nos delatan y señalan nuestra “(in)coherencia”. La parte más sensible de todo esto recae una vez más en los jóvenes, cuando intentamos educar y recomendar aspectos que influyen directamente en su día a día. No podemos estar diciéndoles que algo es muy malo para ellos y luego hacer o decir lo contrario. Su capacidad de discernir es menor, entre la ingenuidad propia de su edad, el buenismo y la famosa inconsciencia que algunos de nuestros padres nos han mencionado… “qué inconsciente eres, hijo”.

Afrontar y encarar esta falta de coherencia que reina en nuestra sociedad es una responsabilidad de todos, que empieza por uno mismo, en lo que decimos y en nuestros actos. Hay muchas personas a las que admiro y respeto, con quienes tengo diferencias muy grandes en cuanto a cómo vemos algunas cosas. Puedo tener diferencias muy profundas de opinión con ellas, pero parte de esa admiración y respeto que siento es precisamente por su coherencia. Sus reflexiones, opiniones y su vida diaria demuestran con hechos su coherencia. Rodearse de personas así nos enriquece, fomenta los valores y permite que la sociedad siga evolucionando. 

Javier Vila de Savenelle de Grand Maisón 

JVSG® 1931 | Sutilezas Cotidianas (25) | #todocomunica

Porque el otro lo hace… mentimos

#sutilezascotidianas | Estamos tan polarizados que ya no discernimos entre la verdad y la mentira —o quizá sí—, pero al estar en bandos, justificamos y no castigamos la mentira, posicionándonos con los nuestros, sin importar si dicen la verdad o mienten.

Decir la verdad, defender la verdad desde los valores, está en peligro de extinción, así como opinar sin ser censurado o cuestionado por las famosas etiquetas que os comentaba el otro día. Esto sucede por muchos motivos. Uno de ellos es la necesidad de pertenencia a un grupo; otro, el miedo a las posibles represalias… ¿No me contratarán? ¿Me despedirán? ¿Me dejarán de llamar?

Hemos llegado a un punto en que, porque el otro lo hace… mentimos. No somos conscientes de que estamos normalizando la mentira; mentir no tiene consecuencias, y esto está deteriorando a pasos agigantados —entre otras cosas— la convivencia, la credibilidad, los valores y la sociedad en general. Todo vale con tal de mantener un puesto de trabajo, pertenecer a un grupo o defender una opinión que puede ser acertada, pero en la forma y el argumento perdemos automáticamente la razón. Esto ya no importa, porque a través del miedo, la manipulación y la mentira, uno intenta subsistir, al margen de lo que digan los demás, pero con la —cierta— tranquilidad de que “los míos” me apoyan, aunque en muchos casos sean conscientes de que nos están engañando. Es preferible apoyar a “mi mentiroso” que señalar al que miente, engaña o contribuye a debilitar los valores, con tal de que no venga un tercero y nos quite la moqueta.

Un buen indicador de esto es la clase política, algo extrapolable a cualquier país democrático. Mentir no tiene castigo, aunque algunos dirán que sí, que en las elecciones uno puede “castigar” o que la justicia actuará, pero los hechos demuestran lo contrario. Cada día —en nuestro país— vivimos una constante chirigota donde los políticos pierden totalmente las formas, donde mentir no tiene ninguna consecuencia. Aquellos que deberían dar ejemplo, no lo hacen: se tapan, se justifican o directamente mienten y manipulan. Generalizar no es bueno, y en todos los partidos políticos hay personas intachables y honestas, como he podido comprobar en mi trabajo. Pero hemos llegado a un momento en el que esto ya no es suficiente. Cada uno, desde sus posibilidades, debe señalar y corregir a una sociedad que está enferma por la mentira. Porque esto no sucede solo en la política; sucede en todos los ámbitos.

Javier Vila de Savenelle de Grand Maisón 

Este Vinicius, sí

#sutilezascotidianas | Antes de empezar el capítulo, me gustaría compartir con vosotros una reflexión sobre el racismo, especialmente teniendo en cuenta el título del tema que os traigo hoy. Nada puede justificar ni el más mínimo gesto que abra las puertas al racismo o a la xenofobia. Lo condeno rotundamente y creo que tanto los clubes de fútbol como todos los organismos, públicos y privados, que gestionan el deporte deberían ser mucho más duros con estos hechos. El buenísimo institucional los lleva a no tomar las decisiones necesarias para cortar de raíz esta lacra. No menos importante es la parte que implica directamente a la educación. Por un lado, la de nuestro entorno directo, donde es esencial que nos impliquemos y que, como padres, también demos ejemplo, explicando bien qué repercusión tienen nuestros actos, sin olvidar las consecuencias. En algún artículo ya he mencionado que todo empieza desde el deporte base; debemos trabajar todos los días en los valores de los niños para contrarrestar la cara oscura de la sociedad.

Quería hacer esta valoración previa porque, como os comentaba, no me gustaría que alguien pudiera interpretar mi postura como tibia en este tema. He vivido en Brasil durante tres años, y nuestro hijo pudo disfrutar jugando y aprendiendo del fútbol brasileño en el colegio. Le enseñaban divirtiéndose, sonriendo, celebrando y viviendo el fútbol con mucha pasión. Es importante conocer esto para entender la cultura, pero también es necesario tener en cuenta que hay otros factores culturales y sociales que influyen mucho. Por eso, también destacaba la importancia del deporte base. Vinicius es un fantástico jugador, estoy convencido de que ha pasado por momentos muy duros y que todo tiene un límite… se ha quejado, reclamando y denunciando el racismo, pero ayer vimos a otro Vinicius.

Vinicius tiene el derecho a denunciar si siente que le están insultando, faltaría más, y creo que todos nos unimos en condenar el racismo. Pero también tenemos la responsabilidad de no generalizar y de no quejarnos por todo, porque al final, a través de las formas, uno puede perder credibilidad y por tanto, parte de la razón. Ayer hizo lo que mejor sabe hacer: nos regaló a todos los amantes del deporte jugadas y goles increíbles, sonriendo y disfrutando. Muchas veces, esa es la mejor opción para silenciar a los racistas.

Javier Vila de Savenelle de Grand Maisón 

JVSG® 1931 | Sutilezas Cotidianas (23) | #todocomunica

Etiquetados

#sutilezascotidianas | No es el título de una nueva película que puedes ver en Netflix o Amazon Prime… ni un documental disponible en cualquier otra plataforma. Es la situación en la que vivimos, es la cruda realidad del día a día. Dime lo que piensas y zasca, te etiqueto como si fueras un producto de supermercado. Cada vez que hacemos algo —ya sea en una comida, una reunión de amigos, un mensaje en redes sociales, un comentario, un artículo o en el trabajo— somos automáticamente etiquetados. No importa dónde estemos, es casi un deporte nacional; nadie está exento de ser etiquetado por cómo vistes, qué coche tienes, dónde vives, dónde estudian tus hijos, dónde comes…

Si te dejas barba, eres… Si llevas corbata, eres… Si vas en bicicleta, eres… Para muchos, es un desgaste constante intentar cuidar cada uno de estos aspectos con el fin de evitar ser etiquetados o mal etiquetados. Porque también están quienes desean ser etiquetados, pero el capítulo de hoy se enfoca más bien en aquellos que no pueden expresarse con total libertad, sin que lo que digan sea automáticamente interpretado de una manera u otra, sin que puedan —prácticamente— hacer nada al respecto. Es cierto que hay factores sociales, culturales y económicos que nos marcan desde pequeños y que contribuyen a que, en más de una ocasión —o muchas, dependiendo de la persona—, terminemos etiquetando a otros.

Lo he vivido en carne propia en más de una ocasión, pero es cierto que uno no debe “entrar al trapo”; la teoría es fácil, pero la práctica es muy difícil. Lo interpretamos como un ataque personal, especialmente cuando la etiqueta en cuestión no nos gusta. La clave es tener en cuenta la coherencia, el argumento, el respeto al defender una opinión o reflexión, y tratar —en la medida de lo posible— de ponerse en el lugar del otro. Quizá digamos algo con la mejor intención del mundo —o no—, pero la experiencia de la otra persona puede ser completamente diferente. Esto lleva, en muchas más ocasiones de las deseadas, a entrar en debates acalorados que recurren al manido y retorcido uso de la etiqueta.

Soy consciente de que, con algunas personas, es imposible hacerles cambiar de opinión. No es necesario, ni mucho menos, intentar cambiar la opinión de nadie ni obsesionarse con cómo nos ven, lo que lleva a la consiguiente etiqueta. Evitemos etiquetar a las personas porque, probablemente, además de que no nos gusta que lo hagan con nosotros, podríamos estar equivocándonos. Y ante esa posibilidad, es mejor no hacerlo. Si eres de esas personas a las que no les importa lo que digan de ti, enhorabuena; has logrado lo que muy pocos pueden hacer. Si eres de los que seguirán etiquetando a diestro y siniestro, sin criterio… que tengas un buen día.

Javier Vila de Savenelle de Grand Maisón 

JVSG® 1931 | Sutilezas Cotidianas (22) | #todocomunica

Dejamos los aviones como pocilgas

#sutilezascotidianas | Efectivamente, en la vida uno no debe obsesionarse con las cosas, pero hay ciertos temas que, a mí personalmente, no dejan de irritarme, como la manera en que dejamos las cosas tras nuestro paso. No es cuestión de ser un poco tiquismiquis —aunque reconozco que lo soy—, es una cuestión de respeto: respeto hacia uno mismo, pero también hacia los demás. Por convivencia, por respetar el trabajo de otros, por higiene… Hay otros espacios que incluso deberíamos dejar —en la medida de lo posible— más limpios, como una playa. Ensuciamos, pero no recogemos.

Recuerdo con mucho cariño un viaje de trabajo que hice a Japón; un preolímpico previo a los Juegos Olímpicos Tokio 2020, unos Juegos que se pospusieron por el COVID. En esa ocasión viajaba de Washington a Tokio con la aerolínea ANA. Me quedé francamente sorprendido por varios motivos: el primero, por el orden con el que los pasajeros iban sentándose, sin interrumpir, pensando en los demás y sin hacer ruido… porque el ruido también forma parte del desorden. El vuelo se realizó en completo silencio, ni un solo ruido. Pero lo que más me sorprendió —y no debería ser así— es cómo dejamos el avión al bajarnos. Ni un solo papel en el suelo, las mantas dobladas, las almohadas en el asiento…

Como decía al principio, no hay que obsesionarse con estas cosas, pero sí mostrar el respeto que mencionaba. Es lamentable cómo dejamos los aviones al finalizar el trayecto: somos unos guarros, dejamos los aviones como pocilgas, y son muy pocos los que dejan las cosas mínimamente recogidas… y da igual si es clase turista o business, parece una piara. No nos da vergüenza, y lo más grave es que la gente lo ve como algo normal. Pagar no te da derecho a ser maleducado y guarro. ¿Hacemos lo mismo en nuestra casa? No tienes que sacarle brillo al cristal del avión, ni pasar el aspirador, ni desinfectar tu asiento, pero al menos piensa que otra persona tendrá que limpiar tu desorden para que más tarde otra persona también pueda viajar.

Javier Vila de Savenelle de Grand Maisón 

JVSG® 1931 | Sutilezas Cotidianas (21)

Como en una lata de sardinas

Foto: GETTY IMAGES

#sutilezascotidianas | Uno empieza el día medio dormido. En nuestra casa, el día comienza temprano, entre las 5:30 y las 6 de la mañana. El frío ha llegado a Washington… ¡cómo cambia la temperatura de un día para otro! Ayer fue uno de esos días fresquitos en los que poco apetece salir a la calle, y eso que lo serio aún no ha llegado. Después de nuestro famoso café matutino, que disfruto cada mañana cuando nuestros compromisos lo permiten, acompaño a Cristina —la persona que me aguanta cada día desde hace ya unos cuantos años— hasta el metro. No le gusta conducir y siempre que puede utiliza el transporte público; aprovecha para leer, avanzar cosas del trabajo, contestar correos y enviarnos mensajes en el grupo familiar. Nos gusta desearnos todos los días un fantástico día para empezar mejor la jornada.

La distancia desde donde tomamos el café hasta el metro es un trayecto de apenas cinco minutos caminando. Accedes al andén a través de un ascensor, y muchas veces esto se convierte en un horror. En Bethesda la gente, en general, es bastante educada… hasta que llega tarde. Esto sucede en todas las ciudades grandes del mundo, salvo contadas excepciones. La gente ya se pone nerviosa cuando el ascensor no termina de llegar: empiezan a mirar su reloj, a observar a las personas a su alrededor, y algunos no respetan su turno, intentando poco a poco acercarse a la puerta del ascensor. Es algo parecido a cuando esperas el trenecito en la terminal T4 de Madrid, pero aquí hay que dejar salir a los que vienen en el ascensor. Bueno, dejar salir a veces se convierte en una odisea, porque el impaciente de turno espera ya con los ojos enrojecidos y los codos separados, como un jugador de baloncesto esperando el rebote, para ser el primero en entrar.

Una vez que el ascensor está vacío, como en la Fórmula 1 cuando se enciende el semáforo verde, todos entran entre sutiles empujones matutinos, hasta llenar el ascensor… pero nadie quiere quedarse fuera, hasta que se convierte en una lata de sardinas. Diría que incluso hay más espacio en una lata de sardinas.

¿Qué importa perder un ascensor o no ser el primero? Todo esto repercute en nuestra salud, en nuestro humor y nos hace empezar el día más estresados, además de ser una falta de respeto y educación. Todos en algún momento hemos querido ser los primeros o no quedarnos fuera, pero también está aquel que se queda esperando al siguiente turno, con una ligera sonrisa y sin una pizca de estrés. ¿Merece la pena estresarse y ser maleducado por ganar 5 minutos?

Javier Vila de Savenelle de Grand Maison 

JVSG® 1931 | Sutilezas Cotidianas (20)

Cuando Rafa Nadal detuvo un partido

Rafa Nadal Academy by Movistar | ATP TOUR

#sutilezascotidianas | Todos somos conscientes —o la mayoría— de que vivimos en un mundo donde corremos demasiado, nos movemos de un lugar a otro como pollos sin cabeza, sin detenernos a observar qué sucede a nuestro alrededor. Nos perdemos muchas cosas, dejamos de disfrutar momentos especiales, consumimos inmediatez, y tenemos la necesidad de que todo suceda rápido, creyendo que esto es normal, cuando realmente no lo es. Necesitamos ralentizar el ritmo, detenernos si es necesario, y observar.

Reed Hastings, fundador de Netflix, reconoció que los contenidos de la plataforma son los “principales culpables” de que la gente no duerma o duerma mal por ver series. En Estados Unidos, se observa un consumo compulsivo de estos contenidos, y Hastings indicó que la compañía no tiene competidores, más allá del “sueño mismo, o las horas de descanso”. Esto me parece dramático, porque buscamos la satisfacción inmediata. Toda esta necesidad de consumo repercute directamente en cómo son ahora: las series de televisión, los vídeos en redes sociales, las noticias, el formato de los eventos deportivos… en resumen, todo transcurre más rápido, perdiendo la paciencia y sin disfrutar de las cosas a su debido tiempo.

Lo grave de todo esto —entre otras cosas— es que, al vivir tan rápido, perdemos la percepción de lo que está sucediendo a nuestro alrededor, como mencionaba antes, volviéndonos incluso más insensibles y menos empáticos. Los que nos dedicamos al mundo del protocolo deportivo hemos visto cómo el formato de los eventos ha ido evolucionando en los últimos años. Percibo que, en ciertas ocasiones, por la necesidad de que todo transcurra rápido, no hemos sido conscientes de que, de forma paralela, suceden miles de cosas. Y es cierto que es muy difícil estar atentos a todo lo que sucede, pero… si todos desarrollamos la empatía y la sensibilidad, podremos ralentizar las cosas, correr menos y empezar a disfrutar de las cosas más despacio.

Detenerse y observar tiene muchos beneficios. Uno de ellos es ayudar a una persona que está sufriendo y que, por culpa de una sociedad que no deja de correr, pasa desapercibida. En 2016, Rafa Nadal detuvo un partido de tenis en Mallorca ante los gritos de desesperación de una madre que había perdido a su hija entre el público. Imagina estar en el lugar de esa madre… Clara, que así se llamaba la niña que se había perdido, lloraba mientras intentaba regresar con su madre. Se paró el partido, y todos se centraron en que la madre pudiese encontrar a su pequeña Clara. Al final se reencontraron; las dos, llorando por el mal trago que habían pasado, se fundieron en un gran abrazo. El gesto de la madre agradeciendo a Nadal por detener el partido y empatizar con el duro momento que estaba viviendo es un recordatorio de que detenerse, observar y empatizar nos convierte en una sociedad más feliz y respetuosa.

Javier Vila de Savenelle de Grand Maisón 

JVSG® 1931 | Sutilezas Cotidianas (19)

Persistir merece la pena

#sutilezascotidianas | Hay diversas formas de cultivarse: rodearse de personas inteligentes, viajar, visitar museos o monumentos, preguntar, escuchar, conversar, observar, investigar… leer. La lectura tiene infinidad de cualidades necesarias para desarrollar nuestro pensamiento crítico, enriqueciendo nuestra capacidad de argumentar, ampliando el conocimiento y fomentando la creatividad. También nos ayuda —entre otras cosas— a mejorar la concentración y a fortalecer nuestras habilidades comunicativas. Es una puerta a la libertad, que nos permite conocer factores culturales y sociales, logrando así entender mejor la opinión de otras personas. Fomentar la lectura ayuda a tener una sociedad más rica en valores.

La escritora Paloma Sánchez-Garnica ha ganado el 73º Premio Planeta con la novela Victoria. Últimos días en Berlín, La sospecha de Sofía, La sonata del silencio… son algunos de los títulos de sus magníficos libros. Licenciada en Derecho y Geografía e Historia, nos regaló un discurso enriquecedor; me quedo con dos interesantes reflexiones.

La primera reflexión es sobre cómo, al inicio de su discurso, sus primeras palabras fueron para reconocer y motivar a la finalista, Beatriz Serrano. Conviene recordar que Paloma también fue finalista en 2021. Es importante tener estos detalles: empatizar, respetar y ensalzar siempre a nuestro “rival”; es un gesto que, en cualquier ámbito, contribuye a promover los valores y la convivencia. Paloma, con este gesto, fomenta esto de manera consciente, poniéndose en el lugar de Beatriz porque, como mencioné antes, Paloma vivió la misma situación al quedarse a un paso de ser ganadora. Muchas veces no nos ponemos en el lugar de la otra persona, pensamos que vivimos en nuestra propia opinión o verdad, sin ser conscientes —o sí— de que hay otra persona a nuestro lado que también tiene sus sentimientos y circunstancias.

La segunda reflexión que también mencionó al principio es: “persistir merece la pena”. ¡Qué mensaje tan importante y necesario para una sociedad que, cada día, tira la toalla con demasiada facilidad en distintos aspectos de la vida! Estos premios son importantísimos por la capacidad de repercusión que tienen en la sociedad, por eso son tan relevantes los discursos de los premiados. Estos premiados, que aparecerán en todos los medios, además de sus libros, nos lanzan mensajes que suponen una inyección importantísima de motivación; en este caso, sobre la importancia de persistir. ¿En cuántas ocasiones hemos pensado en tirar la toalla? Persistir es la parte esencial del éxito, en nuestra familia, en el trabajo, en la salud… en nuestros sueños. Es fundamental que sigamos recordando la importancia de persistir, desde los valores, el saber estar y el respeto.

Javier Vila de Savenelle de Grand Maisón 

JVSG® 1931 | Sutilezas Cotidianas (18)

Elijo estar callado

”Mejor no hablar si no tienes nada interesante que aportar”

#sutilezascotidianas | El mundo está lleno de expertos, y haciendo autocrítica —en más de una ocasión— he hablado de temas en los que era mejor haber estado callado, escuchar y aprender. Esto sucede en todos los ámbitos: en la empresa, en la política, entre amigos… Las redes sociales también han amplificado a aquellos que “saben de todo”, un altavoz que alimenta el ego de muchos. Me sorprende con qué facilidad opinamos sobre temas sin tener ningún tipo de conocimiento. Queremos opinar de todo ante la necesidad constante de demostrar que dominamos el tema; buscamos el “like” fácil, aunque esto implique desconocer el tema, mentir o menospreciar la opinión del otro.

Siempre digo que generalizar no es bueno, y efectivamente hay personas que nos dejan reflexiones enriquecedoras; hay otros que prefieren estar callados ante la cantidad de “expertos” que uno se encuentra en la vida. Hay debates sanos y constructivos que nos invitan a reflexiones interesantes; no hay que tener miedo a reconocer que desconocemos un tema, e incluso preguntar si es necesario para seguir aprendiendo. No podemos pretender saber de todo. Tranquilo, no eres menos inteligente por no saber de todo; al contrario, quien realmente aporta y transmite conocimiento es aquel que deja hablar, escucha con atención y habla lo justo. No es necesario ser el centro de atención o buscar la frase perfecta para intentar impresionar, más que para aportar una reflexión que enriquezca la conversación o el debate.

En mi caso, elijo estar callado —o al menos lo intento— cuando leo o escucho temas que conozco y que sé que no están siendo tratados correctamente. Antes era más dado a entrar al trapo, pero al final estas cosas no terminan bien, porque todos queremos tener siempre la razón. No pasa nada si estamos equivocados; reconocer que el otro tiene razón no te hace menos. Realmente, perdemos el tiempo al intentar razonar con alguien que va de “experto”. Qué bonito es saber escuchar, y qué bonito es saber estar callado, sin convertirse en el listo que todo lo sabe. Recuerda: mejor no hablar si no tienes nada interesante que aportar.

Javier Vila de Savenelle de Grand Maisón 

JVSG® 1931 | Sutilezas Cotidianas (17)