La solidaridad y generosidad de los españoles

#sutilezascotidianas | La reciente DANA que ha asolado la Comunidad Valenciana, Castilla-La Mancha, Murcia, Andalucía y otros puntos de España nos ha dejado unas imágenes sobrecogedoras, probablemente de las peores tragedias naturales de los últimos tiempos. Son desgarradores los testimonios de las personas que lo han vivido en primera persona. Un auténtico drama. Desde este pequeño espacio donde comparto mis reflexiones y opiniones, quiero expresar mi más sincero pésame a los familiares y amigos que han perdido a un ser querido, así como mi desolación y afecto.

Es imposible no emocionarse al ver cómo la vida puede cambiar en cuestión de segundos, cuando observas que el drama acecha con crueldad e impotencia, sin que puedas hacer nada, entregado a la fuerza de la naturaleza. Ver cómo muchas personas han perdido a sus seres queridos. Gente indefensa, incapaz de protegerse, sin medios y a la espera de ser salvados.

Las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado se implicaron desde el primer momento, y somos muy afortunados por contar con ellos, siempre velando por nuestras vidas. Así también, todas aquellas personas solidarias y generosas que responden inmediatamente ante la agonía que viven y sufren otros, arriesgando sus vidas. Somos un país solidario y generoso. Gracias a todas las personas que no dudan ni un instante en ayudar y en hacer todo lo posible por minimizar el sufrimiento.

Sí, hacemos muchas cosas mal y tenemos mucho golfo y desalmado suelto por nuestras calles, pero cuando sufrimos una tragedia de esta magnitud, sale lo mejor de nuestro interior. Nos movilizamos para ayudar y damos lo mejor de nosotros.

Hoy no es día de reproches sobre si se podría haber evitado; es un día para ayudar y estar al lado de las personas que están sufriendo y viviendo momentos dramáticos con consecuencias devastadoras. Somos un país solidario y generoso, y debemos sentirnos orgullosos. No olvidemos y sigamos siempre cuidando estos valores tan importantes.

Javier Vila de Savenelle de Grand Maisón 

JVSG® 1931 | Sutilezas Cotidianas (28) | #todocomunica

El Real Madrid se equivocó

#sutilezascotidianas | La ceremonia del Balón de Oro 2024 se celebró en el histórico Théâtre du Châtelet en París, Francia, donde cada año se congregan algunas de las figuras más destacadas del fútbol mundial. Y digo “algunas” porque muchos deportistas deciden no viajar cuando saben que no recibirán ningún galardón. Este año, dos españoles, Rodri Hernández y Aitana Bonmatí, ganaron el Balón de Oro, un día histórico para el fútbol español que, sin embargo, se ha visto un tanto empañado por la ausencia de toda la delegación del Real Madrid.

El Real Madrid se equivocó al no viajar a París solo porque Vinicius no sería el próximo Balón de Oro 2024. Las opiniones han sido muchas y muy diversas: algunos creen que todo está manipulado, y como este año la UEFA está dentro de la organización de los premios y mantiene una mala relación con el Madrid, se piensa que han querido perjudicar al club blanco. No obstante, el Real Madrid fue elegido como el mejor club en estos premios 2024, y Carlos Ancelotti como mejor entrenador. Sin embargo, nadie estuvo allí para recoger estos premios, ya que en el último momento decidieron que ningún representante del club viajara a París porque Vinicius no quería asistir al no recibir el galardón, un error muy grave.

El deportista debe aprender a saber ganar, pero también a saber perder. Respetar los resultados con elegancia y reconocer al vencedor. Asistir a este tipo de ceremonias, aunque no se gane, es una muestra de respeto a los premiados y a la organización, por muchas diferencias que uno pueda tener. Un número 1 lo es dentro y fuera del campo. Es dedicar tiempo al fan o también a la prensa, procurando ser lo más educado posible. Algunos deportistas que consideraba verdaderos ejemplos han dejado de serlo, precisamente por estas faltas de respeto.

El entorno del deportista, ese dichoso entorno, es en muchos casos dañino. Son —en ocasiones— incendiarios, ofreciendo muy malos consejos que perjudican directamente al deportista. Pero también los clubes y las instituciones tienen la responsabilidad de velar, fomentar y difundir valores, porque precisamente esa es la esencia del deporte. Los que nos dedicamos a esto, a recomendar y asesorar sobre el cuidado de la imagen del deportista, sabemos que no es nada fácil para ellos. Constantemente observados, valorados y sometidos a críticas por cualquier cosa que digan o hagan. Pero precisamente por la capacidad que tienen de llegar a la sociedad, también deberían ser conscientes de cuidar todos estos detalles. El deporte también es generosidad, respeto y saber estar.

Javier Vila de Savenelle de Grand Maisón 

JVSG® 1931 | Sutilezas Cotidianas (27) | #todocomunica

La importancia de saber escuchar

#sutilezascotidianas | Con el paso del tiempo, he podido comprobar que una de las cosas que más estamos olvidando, y dejamos de hacer cada día más, es saber escuchar y prestar atención a lo que nos dicen. Saber escuchar también implica despertar nuestro interés por ciertos silencios, porque a veces el silencio nos puede indicar muchas cosas, ya que también forma parte de la expresión de una persona.

No dejamos hablar, nos interrumpimos… esto lo vivimos todos los días. Dejar hablar y escuchar es enriquecedor, porque es la mejor forma de aprender, comprender, empatizar y ayudar. Recuerda que corremos mucho a lo largo del día y esas prisas también afectan el nivel de atención que prestamos a las personas con las que conversamos o convivimos. Probablemente en más de una ocasión no nos hemos dado cuenta de que la persona con la que estamos hablando lo está pasando mal. Estamos en nuestras cosas, y esto dificulta que prestemos la atención que merece, pensando en otras cosas, ausentes, inmersos en nuestro mundo e intereses, que pueden ser muy diversos. No tiene que ser intencionado, pero solo estamos de cuerpo presente.

Te invito a que hagas un ejercicio por las noches, antes de acostarte: toma una libreta y apunta tres cosas que crees que podrías haber hecho —mejor— cuando estuviste hablando con alguien. Esto te ayudará a que, cuando hables con alguien, le prestes atención. También puedes hacerlo durante el día, después de hablar con alguien. En mi caso, me he dado cuenta de que en muchas ocasiones hablo —yo— más de lo que escucho y que debería dejar hablar más. Al final, saber escuchar es una señal de respeto, fomenta los valores y el respeto entre las personas, mejorando la convivencia. Saber escuchar es una de las mejores vías para ayudar y respetar a los demás. Aprendamos a saber escuchar.

Javier Vila de Savenelle de Grand Maisón

JVSG® 1931 | Sutilezas Cotidianas (26) | #todocomunica

(IN) Coherencia

#sutilezascotidianas | Todos, en algún momento de nuestras vidas, hemos sido incoherentes, lo somos o lo seremos, en mayor o menor medida. Siempre decimos, al dar un consejo, que la teoría es fácil y que la dificultad está en llevarla a la práctica. La gravedad de la incoherencia se agrava —aún más— cuando conscientemente mentimos con el fin de manipular o falsear la realidad.

Las redes sociales tienen muchas cosas buenas. Nos permiten compartir conocimientos, experiencias, potencian la —buena— creatividad… pero también nos permiten constatar —entre otras cosas— nuestra falta de coherencia. Defendemos o manifestamos una cosa, pero luego los hechos nos delatan y señalan nuestra “(in)coherencia”. La parte más sensible de todo esto recae una vez más en los jóvenes, cuando intentamos educar y recomendar aspectos que influyen directamente en su día a día. No podemos estar diciéndoles que algo es muy malo para ellos y luego hacer o decir lo contrario. Su capacidad de discernir es menor, entre la ingenuidad propia de su edad, el buenismo y la famosa inconsciencia que algunos de nuestros padres nos han mencionado… “qué inconsciente eres, hijo”.

Afrontar y encarar esta falta de coherencia que reina en nuestra sociedad es una responsabilidad de todos, que empieza por uno mismo, en lo que decimos y en nuestros actos. Hay muchas personas a las que admiro y respeto, con quienes tengo diferencias muy grandes en cuanto a cómo vemos algunas cosas. Puedo tener diferencias muy profundas de opinión con ellas, pero parte de esa admiración y respeto que siento es precisamente por su coherencia. Sus reflexiones, opiniones y su vida diaria demuestran con hechos su coherencia. Rodearse de personas así nos enriquece, fomenta los valores y permite que la sociedad siga evolucionando. 

Javier Vila de Savenelle de Grand Maisón 

JVSG® 1931 | Sutilezas Cotidianas (25) | #todocomunica

Porque el otro lo hace… mentimos

#sutilezascotidianas | Estamos tan polarizados que ya no discernimos entre la verdad y la mentira —o quizá sí—, pero al estar en bandos, justificamos y no castigamos la mentira, posicionándonos con los nuestros, sin importar si dicen la verdad o mienten.

Decir la verdad, defender la verdad desde los valores, está en peligro de extinción, así como opinar sin ser censurado o cuestionado por las famosas etiquetas que os comentaba el otro día. Esto sucede por muchos motivos. Uno de ellos es la necesidad de pertenencia a un grupo; otro, el miedo a las posibles represalias… ¿No me contratarán? ¿Me despedirán? ¿Me dejarán de llamar?

Hemos llegado a un punto en que, porque el otro lo hace… mentimos. No somos conscientes de que estamos normalizando la mentira; mentir no tiene consecuencias, y esto está deteriorando a pasos agigantados —entre otras cosas— la convivencia, la credibilidad, los valores y la sociedad en general. Todo vale con tal de mantener un puesto de trabajo, pertenecer a un grupo o defender una opinión que puede ser acertada, pero en la forma y el argumento perdemos automáticamente la razón. Esto ya no importa, porque a través del miedo, la manipulación y la mentira, uno intenta subsistir, al margen de lo que digan los demás, pero con la —cierta— tranquilidad de que “los míos” me apoyan, aunque en muchos casos sean conscientes de que nos están engañando. Es preferible apoyar a “mi mentiroso” que señalar al que miente, engaña o contribuye a debilitar los valores, con tal de que no venga un tercero y nos quite la moqueta.

Un buen indicador de esto es la clase política, algo extrapolable a cualquier país democrático. Mentir no tiene castigo, aunque algunos dirán que sí, que en las elecciones uno puede “castigar” o que la justicia actuará, pero los hechos demuestran lo contrario. Cada día —en nuestro país— vivimos una constante chirigota donde los políticos pierden totalmente las formas, donde mentir no tiene ninguna consecuencia. Aquellos que deberían dar ejemplo, no lo hacen: se tapan, se justifican o directamente mienten y manipulan. Generalizar no es bueno, y en todos los partidos políticos hay personas intachables y honestas, como he podido comprobar en mi trabajo. Pero hemos llegado a un momento en el que esto ya no es suficiente. Cada uno, desde sus posibilidades, debe señalar y corregir a una sociedad que está enferma por la mentira. Porque esto no sucede solo en la política; sucede en todos los ámbitos.

Javier Vila de Savenelle de Grand Maisón 

Este Vinicius, sí

#sutilezascotidianas | Antes de empezar el capítulo, me gustaría compartir con vosotros una reflexión sobre el racismo, especialmente teniendo en cuenta el título del tema que os traigo hoy. Nada puede justificar ni el más mínimo gesto que abra las puertas al racismo o a la xenofobia. Lo condeno rotundamente y creo que tanto los clubes de fútbol como todos los organismos, públicos y privados, que gestionan el deporte deberían ser mucho más duros con estos hechos. El buenísimo institucional los lleva a no tomar las decisiones necesarias para cortar de raíz esta lacra. No menos importante es la parte que implica directamente a la educación. Por un lado, la de nuestro entorno directo, donde es esencial que nos impliquemos y que, como padres, también demos ejemplo, explicando bien qué repercusión tienen nuestros actos, sin olvidar las consecuencias. En algún artículo ya he mencionado que todo empieza desde el deporte base; debemos trabajar todos los días en los valores de los niños para contrarrestar la cara oscura de la sociedad.

Quería hacer esta valoración previa porque, como os comentaba, no me gustaría que alguien pudiera interpretar mi postura como tibia en este tema. He vivido en Brasil durante tres años, y nuestro hijo pudo disfrutar jugando y aprendiendo del fútbol brasileño en el colegio. Le enseñaban divirtiéndose, sonriendo, celebrando y viviendo el fútbol con mucha pasión. Es importante conocer esto para entender la cultura, pero también es necesario tener en cuenta que hay otros factores culturales y sociales que influyen mucho. Por eso, también destacaba la importancia del deporte base. Vinicius es un fantástico jugador, estoy convencido de que ha pasado por momentos muy duros y que todo tiene un límite… se ha quejado, reclamando y denunciando el racismo, pero ayer vimos a otro Vinicius.

Vinicius tiene el derecho a denunciar si siente que le están insultando, faltaría más, y creo que todos nos unimos en condenar el racismo. Pero también tenemos la responsabilidad de no generalizar y de no quejarnos por todo, porque al final, a través de las formas, uno puede perder credibilidad y por tanto, parte de la razón. Ayer hizo lo que mejor sabe hacer: nos regaló a todos los amantes del deporte jugadas y goles increíbles, sonriendo y disfrutando. Muchas veces, esa es la mejor opción para silenciar a los racistas.

Javier Vila de Savenelle de Grand Maisón 

JVSG® 1931 | Sutilezas Cotidianas (23) | #todocomunica

Etiquetados

#sutilezascotidianas | No es el título de una nueva película que puedes ver en Netflix o Amazon Prime… ni un documental disponible en cualquier otra plataforma. Es la situación en la que vivimos, es la cruda realidad del día a día. Dime lo que piensas y zasca, te etiqueto como si fueras un producto de supermercado. Cada vez que hacemos algo —ya sea en una comida, una reunión de amigos, un mensaje en redes sociales, un comentario, un artículo o en el trabajo— somos automáticamente etiquetados. No importa dónde estemos, es casi un deporte nacional; nadie está exento de ser etiquetado por cómo vistes, qué coche tienes, dónde vives, dónde estudian tus hijos, dónde comes…

Si te dejas barba, eres… Si llevas corbata, eres… Si vas en bicicleta, eres… Para muchos, es un desgaste constante intentar cuidar cada uno de estos aspectos con el fin de evitar ser etiquetados o mal etiquetados. Porque también están quienes desean ser etiquetados, pero el capítulo de hoy se enfoca más bien en aquellos que no pueden expresarse con total libertad, sin que lo que digan sea automáticamente interpretado de una manera u otra, sin que puedan —prácticamente— hacer nada al respecto. Es cierto que hay factores sociales, culturales y económicos que nos marcan desde pequeños y que contribuyen a que, en más de una ocasión —o muchas, dependiendo de la persona—, terminemos etiquetando a otros.

Lo he vivido en carne propia en más de una ocasión, pero es cierto que uno no debe “entrar al trapo”; la teoría es fácil, pero la práctica es muy difícil. Lo interpretamos como un ataque personal, especialmente cuando la etiqueta en cuestión no nos gusta. La clave es tener en cuenta la coherencia, el argumento, el respeto al defender una opinión o reflexión, y tratar —en la medida de lo posible— de ponerse en el lugar del otro. Quizá digamos algo con la mejor intención del mundo —o no—, pero la experiencia de la otra persona puede ser completamente diferente. Esto lleva, en muchas más ocasiones de las deseadas, a entrar en debates acalorados que recurren al manido y retorcido uso de la etiqueta.

Soy consciente de que, con algunas personas, es imposible hacerles cambiar de opinión. No es necesario, ni mucho menos, intentar cambiar la opinión de nadie ni obsesionarse con cómo nos ven, lo que lleva a la consiguiente etiqueta. Evitemos etiquetar a las personas porque, probablemente, además de que no nos gusta que lo hagan con nosotros, podríamos estar equivocándonos. Y ante esa posibilidad, es mejor no hacerlo. Si eres de esas personas a las que no les importa lo que digan de ti, enhorabuena; has logrado lo que muy pocos pueden hacer. Si eres de los que seguirán etiquetando a diestro y siniestro, sin criterio… que tengas un buen día.

Javier Vila de Savenelle de Grand Maisón 

JVSG® 1931 | Sutilezas Cotidianas (22) | #todocomunica

Dejamos los aviones como pocilgas

#sutilezascotidianas | Efectivamente, en la vida uno no debe obsesionarse con las cosas, pero hay ciertos temas que, a mí personalmente, no dejan de irritarme, como la manera en que dejamos las cosas tras nuestro paso. No es cuestión de ser un poco tiquismiquis —aunque reconozco que lo soy—, es una cuestión de respeto: respeto hacia uno mismo, pero también hacia los demás. Por convivencia, por respetar el trabajo de otros, por higiene… Hay otros espacios que incluso deberíamos dejar —en la medida de lo posible— más limpios, como una playa. Ensuciamos, pero no recogemos.

Recuerdo con mucho cariño un viaje de trabajo que hice a Japón; un preolímpico previo a los Juegos Olímpicos Tokio 2020, unos Juegos que se pospusieron por el COVID. En esa ocasión viajaba de Washington a Tokio con la aerolínea ANA. Me quedé francamente sorprendido por varios motivos: el primero, por el orden con el que los pasajeros iban sentándose, sin interrumpir, pensando en los demás y sin hacer ruido… porque el ruido también forma parte del desorden. El vuelo se realizó en completo silencio, ni un solo ruido. Pero lo que más me sorprendió —y no debería ser así— es cómo dejamos el avión al bajarnos. Ni un solo papel en el suelo, las mantas dobladas, las almohadas en el asiento…

Como decía al principio, no hay que obsesionarse con estas cosas, pero sí mostrar el respeto que mencionaba. Es lamentable cómo dejamos los aviones al finalizar el trayecto: somos unos guarros, dejamos los aviones como pocilgas, y son muy pocos los que dejan las cosas mínimamente recogidas… y da igual si es clase turista o business, parece una piara. No nos da vergüenza, y lo más grave es que la gente lo ve como algo normal. Pagar no te da derecho a ser maleducado y guarro. ¿Hacemos lo mismo en nuestra casa? No tienes que sacarle brillo al cristal del avión, ni pasar el aspirador, ni desinfectar tu asiento, pero al menos piensa que otra persona tendrá que limpiar tu desorden para que más tarde otra persona también pueda viajar.

Javier Vila de Savenelle de Grand Maisón 

JVSG® 1931 | Sutilezas Cotidianas (21)

Como en una lata de sardinas

Foto: GETTY IMAGES

#sutilezascotidianas | Uno empieza el día medio dormido. En nuestra casa, el día comienza temprano, entre las 5:30 y las 6 de la mañana. El frío ha llegado a Washington… ¡cómo cambia la temperatura de un día para otro! Ayer fue uno de esos días fresquitos en los que poco apetece salir a la calle, y eso que lo serio aún no ha llegado. Después de nuestro famoso café matutino, que disfruto cada mañana cuando nuestros compromisos lo permiten, acompaño a Cristina —la persona que me aguanta cada día desde hace ya unos cuantos años— hasta el metro. No le gusta conducir y siempre que puede utiliza el transporte público; aprovecha para leer, avanzar cosas del trabajo, contestar correos y enviarnos mensajes en el grupo familiar. Nos gusta desearnos todos los días un fantástico día para empezar mejor la jornada.

La distancia desde donde tomamos el café hasta el metro es un trayecto de apenas cinco minutos caminando. Accedes al andén a través de un ascensor, y muchas veces esto se convierte en un horror. En Bethesda la gente, en general, es bastante educada… hasta que llega tarde. Esto sucede en todas las ciudades grandes del mundo, salvo contadas excepciones. La gente ya se pone nerviosa cuando el ascensor no termina de llegar: empiezan a mirar su reloj, a observar a las personas a su alrededor, y algunos no respetan su turno, intentando poco a poco acercarse a la puerta del ascensor. Es algo parecido a cuando esperas el trenecito en la terminal T4 de Madrid, pero aquí hay que dejar salir a los que vienen en el ascensor. Bueno, dejar salir a veces se convierte en una odisea, porque el impaciente de turno espera ya con los ojos enrojecidos y los codos separados, como un jugador de baloncesto esperando el rebote, para ser el primero en entrar.

Una vez que el ascensor está vacío, como en la Fórmula 1 cuando se enciende el semáforo verde, todos entran entre sutiles empujones matutinos, hasta llenar el ascensor… pero nadie quiere quedarse fuera, hasta que se convierte en una lata de sardinas. Diría que incluso hay más espacio en una lata de sardinas.

¿Qué importa perder un ascensor o no ser el primero? Todo esto repercute en nuestra salud, en nuestro humor y nos hace empezar el día más estresados, además de ser una falta de respeto y educación. Todos en algún momento hemos querido ser los primeros o no quedarnos fuera, pero también está aquel que se queda esperando al siguiente turno, con una ligera sonrisa y sin una pizca de estrés. ¿Merece la pena estresarse y ser maleducado por ganar 5 minutos?

Javier Vila de Savenelle de Grand Maison 

JVSG® 1931 | Sutilezas Cotidianas (20)

Cuando Rafa Nadal detuvo un partido

Rafa Nadal Academy by Movistar | ATP TOUR

#sutilezascotidianas | Todos somos conscientes —o la mayoría— de que vivimos en un mundo donde corremos demasiado, nos movemos de un lugar a otro como pollos sin cabeza, sin detenernos a observar qué sucede a nuestro alrededor. Nos perdemos muchas cosas, dejamos de disfrutar momentos especiales, consumimos inmediatez, y tenemos la necesidad de que todo suceda rápido, creyendo que esto es normal, cuando realmente no lo es. Necesitamos ralentizar el ritmo, detenernos si es necesario, y observar.

Reed Hastings, fundador de Netflix, reconoció que los contenidos de la plataforma son los “principales culpables” de que la gente no duerma o duerma mal por ver series. En Estados Unidos, se observa un consumo compulsivo de estos contenidos, y Hastings indicó que la compañía no tiene competidores, más allá del “sueño mismo, o las horas de descanso”. Esto me parece dramático, porque buscamos la satisfacción inmediata. Toda esta necesidad de consumo repercute directamente en cómo son ahora: las series de televisión, los vídeos en redes sociales, las noticias, el formato de los eventos deportivos… en resumen, todo transcurre más rápido, perdiendo la paciencia y sin disfrutar de las cosas a su debido tiempo.

Lo grave de todo esto —entre otras cosas— es que, al vivir tan rápido, perdemos la percepción de lo que está sucediendo a nuestro alrededor, como mencionaba antes, volviéndonos incluso más insensibles y menos empáticos. Los que nos dedicamos al mundo del protocolo deportivo hemos visto cómo el formato de los eventos ha ido evolucionando en los últimos años. Percibo que, en ciertas ocasiones, por la necesidad de que todo transcurra rápido, no hemos sido conscientes de que, de forma paralela, suceden miles de cosas. Y es cierto que es muy difícil estar atentos a todo lo que sucede, pero… si todos desarrollamos la empatía y la sensibilidad, podremos ralentizar las cosas, correr menos y empezar a disfrutar de las cosas más despacio.

Detenerse y observar tiene muchos beneficios. Uno de ellos es ayudar a una persona que está sufriendo y que, por culpa de una sociedad que no deja de correr, pasa desapercibida. En 2016, Rafa Nadal detuvo un partido de tenis en Mallorca ante los gritos de desesperación de una madre que había perdido a su hija entre el público. Imagina estar en el lugar de esa madre… Clara, que así se llamaba la niña que se había perdido, lloraba mientras intentaba regresar con su madre. Se paró el partido, y todos se centraron en que la madre pudiese encontrar a su pequeña Clara. Al final se reencontraron; las dos, llorando por el mal trago que habían pasado, se fundieron en un gran abrazo. El gesto de la madre agradeciendo a Nadal por detener el partido y empatizar con el duro momento que estaba viviendo es un recordatorio de que detenerse, observar y empatizar nos convierte en una sociedad más feliz y respetuosa.

Javier Vila de Savenelle de Grand Maisón 

JVSG® 1931 | Sutilezas Cotidianas (19)