La dignidad de no mirar a otro lado

#sutilezascotidianas Cada día es peor; estamos más polarizados y somos capaces de abrazar las maldades de los temas con tal de que nuestro adversario toque moqueta. Instrumentalizamos las cosas hasta el punto de retorcer los principios que deberían marcar nuestro camino: defender con argumentos, respeto y decoro nuestras opiniones.

Ya todo vale: mentir, robar, falsificar, aplaudir al golfo, reírle las gracias al fuerte… porque tenemos ese punto de cobardía y la necesidad de pertenecer al grupo, aunque seamos conscientes de que está haciendo algo mal.

Los jóvenes tienen miles de malos ejemplos diarios. Leer las noticias, ver la televisión o escuchar ciertas conversaciones de supuestos adultos está sembrando un futuro decadente en cuanto a valores, respeto y buenas maneras. Somos maquinaria insaciable de poder, apariencia y de tapar lo malo a cualquier precio.

Nadie es perfecto y todos cometemos errores, pero al final, si aplaudes el abuso, si eres capaz de aplaudir al que insulta, miente, roba o denigra, te conviertes en cómplice. El grado de exigencia tiene que estar presente en el día a día de nuestras vidas, porque estamos alimentando un mundo de hipócritas e interesados.

No es fácil, pero es importante vaciar la mochila de todo aquello que nos empobrece como personas; alejarnos de quienes no tienen la personalidad para afear al golfo o al maleducado, de los que tapan la mentira, fomentan las trampas o cambian las normas con el fin de ocultar las golferías.

No es un tema ideológico; es un tema de principios. Debemos ser los primeros en exigir a los “nuestros” que sean honrados, respetuosos y que contribuyan a no perpetuar a todos aquellos que son un mal ejemplo. Porque, al final, el que aplaude, defiende o se ríe… también es cómplice.

Javier Vila de Savenelle de Grand Maison 

JVSG® 1931 | Sutilezas Cotidianas (Capítulo 100) | #todocomunica #buenasmaneras

Lo que comunica Roger Federer

Tres gestos que comunican sin necesidad de hablar.

En 1981 nacía en Basilea uno de los mejores tenistas de todos los tiempos: Roger Federer. Nos regaló momentos inolvidables de tenis, pero también de buenas maneras. Un verdadero ejemplo —dentro y fuera de la pista— de cómo la elegancia puede convertirse en una forma de estar en el mundo.

Se retiró en 2022, tras más de dos décadas de carrera, y lo hizo como lo vivió: con respeto, serenidad y moderación. 20 títulos de Grand Slam (incluyendo 8 Wimbledon, 6 Abiertos de Australia, 5 US Open y 1 Roland Garros), 310 semanas como número 1 del mundo (237 consecutivas, récord histórico), 103 títulos ATP, una medalla de oro olímpica en dobles (Pekín 2008) y una plata en individuales (Londres 2012)… y todo ello desde la más absoluta ejemplaridad.

Federer supo ser un icono sin caer en la excentricidad que a menudo rodea al éxito deportivo. Por eso, estos son tres aspectos que me gustaría compartir con vosotros:

Autocontrol emocional como forma de respeto

En sus inicios, también Federer tuvo momentos de tensión. Pero fue consciente —junto a su equipo— de la necesidad de trabajar esa dimensión invisible del rendimiento: la gestión emocional.

Porque el deporte no es solo técnica; también son emociones, entornos, silencios, presiones, alegrías y decepciones. Identificar a tiempo las carencias en el autocontrol emocional es esencial para cualquier deportista, no solo en lo competitivo, también en lo personal. La vida privada también influye en la pista.

Federer evolucionó en esto de forma admirable. Su trato con los adversarios, su capacidad para contener impulsos, su silencio en lugar de la queja… son una lección de autocontrol que nos recuerda que la compostura también se entrena. Y todo ello acompañado de una familia que, lejos del foco mediático, le aportó el equilibrio necesario entre éxito e intimidad.

La cortesía como hábito natural

¿Se puede entrenar la cortesía? Sí, pero solo funciona si nace desde la naturalidad. Y Federer es uno de esos casos en los que la cortesía no se interpreta: se encarna.

He trabajado con muchos deportistas, y cuando me preguntan por referentes en este sentido, Federer siempre está en la lista. Porque su cortesía no es una herramienta para agradar, ni una pose para construir imagen; es una parte esencial de su identidad.

Desde reconocer errores, saludar al árbitro, felicitar al rival, agradecer al público o disculparse con humildad, cultivó la cortesía como una forma de entender el deporte y la vida.

Sin gestos sobreactuados, sin grandilocuencia, sin necesidad de ser el centro. Y, quizás por eso, su forma de ser se ha mantenido intacta: porque sabía retirarse en silencio de todo lo que pudiera resquebrajarla.

Imagen coherente

La suma de todo esto le ha permitido construir una imagen coherente. Y eso —en los tiempos que vivimos— es un valor en alza. Decir una cosa y hacer otra es muy frecuente. Federer, sin embargo, mantuvo equilibrio entre su forma de expresarse, su actitud y su presencia.

Ha sido embajador de grandes marcas, protagonista de campañas globales, rostro visible de causas y eventos. Pero su imagen no ha sido una estrategia: ha sido un reflejo.

Soy un firme defensor de los referentes que cuidan su imagen desde la coherencia. Y Federer lo hace: respeta, escucha, se expresa con mesura, es consciente del impacto que sus gestos pueden tener en millones de personas.

El deporte necesita prescriptores de valores, y él sigue siéndolo —cada día—, incluso desde la retirada.

Javier Vila de Savenelle de Grand Maison 

Este no es un análisis técnico, ni un juicio. Tampoco es un ejercicio de protocolo. Es una opinión más —una mirada personal— sobre cómo determinadas personas comunican a través de sus gestos, su actitud y su manera de estar.

Lo que comunicaba Claudia Cardinale

Tres gestos que comunican sin necesidad de hablar

Hace unos días nos dejó Claudia Cardinale, una mujer que nunca se dejó encasillar y que rechazó desnudarse en pantalla, eligiendo siempre papeles que respetasen su integridad.

Mujer de profundos valores, comprometida con causas sociales y culturales, fue embajadora de la UNESCO para la defensa de los derechos de las mujeres, defensora de los derechos humanos y participante activa en iniciativas contra la violencia de género.

Títulos como El Gatopardo, dirigida por Luchino Visconti, nos regalaron una actuación magistral junto a Alain Delon y Burt Lancaster, consolidando su imagen de elegancia y presencia escénica. Y no sería una excepción: La chica con la maleta o Los profesionales son otros títulos que contribuyeron a una carrera de película.

Discreta, libre y con criterio propio en un mundo que tantas veces penalizaba precisamente eso, su vida estuvo marcada por la autodeterminación. Esa seguridad interior le permitió moverse con naturalidad —otra de sus virtudes— entre el cine europeo y Hollywood.

Todo ello contribuyó a moldear una forma de comunicar y una imagen pública reconocibles y memorables.

Estos son tres aspectos que me gustaría compartir con vosotros:

Fuerza sin estridencias

En un mundo donde muchas personas necesitan hacer ruido para llamar la atención, su elegancia venía desde dentro.

El carácter, la mirada firme, los gestos contenidos y sin aspavientos la convirtieron en una mujer especial, que no necesitaba sobreactuar. Esa presencia fuerte no se sumaba al mundo vacío de la exageración ni a la irritante necesidad de aparentar lo que uno no es.

Discreción como forma de libertad

La discreción es una fuerza invisible que realza la elegancia de una persona.

Cardinale rechazó papeles que pudiesen, de algún modo, alterar su vida privada. No debemos disfrazarnos de lo que no somos, pero tampoco deberíamos sacrificar la discreción para ser aclamados por quienes esperan espectáculo.

La autenticidad empieza por preservar aquello que nos hace únicos. En su caso, la industria del cine no logró arrastrarla al abismo de la pretensión. Supo elegir qué parte de sí quería compartir y cuál prefería guardar, protegiendo así su intimidad.

Gestualidad serena y mirada directa

La mirada de Cardinale no era arrogante.

Su forma de interactuar, de prestar atención, de relacionarse… todo ello, acompañado de una gestualidad serena, la convirtieron en el referente que fue: una mujer de elegancia natural, sin estridencias y sin necesidad de palabras grandilocuentes.

La elegancia es la suma de muchos estados y momentos, donde la naturalidad y la discreción son ingredientes esenciales para no tener que actuar el personaje que no somos.

Javier Vila de Savenelle de Grand Maison

Este no es un análisis técnico, ni un juicio. Tampoco es un ejercicio de protocolo. Es una opinión más —una mirada personal— sobre cómo determinadas personas comunican a través de sus gestos, su actitud y su manera de estar.

Nuestro silencio también es cómplice

#sutilezascotidianas Últimamente he sufrido más de una decepción pero, lejos de enfadarme públicamente, he decidido —de un tiempo a esta parte— irme en silencio. No hace falta pegar un portazo al salir. Somos muy dados a hacer demasiado ruido y tengo serias dudas de si esto es realmente beneficioso; empezando por mi salud. Sí, porque llega un momento en que debemos pensar en nuestra salud y en la repercusión que tienen situaciones innecesarias de soportar.

Probablemente yo también haya podido decepcionar a alguien, pero desde luego nunca lo he hecho con la intención de herir. Vivimos en un mundo marcado por el interés; en función de lo que le puedas servir a alguien, te tratan mejor o peor, te instrumentalizan para un fin… te exprimen y se aprovechan de ti. También está quien se aprovecha de ti porque le ríes todas las gracias, le haces la pelota, aplaudes todo lo que dice con el fin de contentar su ego.

Marcharse y alejarse de estas personas no es malo; al revés, evitas enfados innecesarios sin que tu salud salga perjudicada pero, además, cuando se aprovechan de nosotros, también se llevan parte de esa energía positiva que tenemos para nuestros seres queridos.

El silencio forma parte del juego de la hipocresía; ya sea por miedo al qué dirán, a que me quieran menos, a que no me llamen, a que no cuenten conmigo o a que nos pongan en una lista negra, entre otras cosas. Al final, nuestro silencio también es cómplice porque contribuimos a alimentar el desmedido egoísmo de algunos, donde la ingratitud es su forma de agradecer tu amabilidad y atención.

Puedes alejarte de muchas maneras: en silencio, sin hacer ruido y dejando ir, en los diversos ámbitos de la vida, a aquellos que no nos incluyen en sus oraciones. Una apreciación importante sobre esto, una última reflexión: siempre debemos ser educados y no perder las buenas maneras, incluso con aquellas personas que no lo son o no las demuestran.

Javier Vila de Savenelle de Grand Maison 

JVSG® 1931 | Sutilezas Cotidianas (Capítulo 99) | #todocomunica

Momentos inolvidables que te revitalizan

#sutilezascotidianas Hace unos días, cerca de nuestra casa, vi una imagen que me resultó muy tierna… quizás, con el paso del tiempo, valoro aún más estas escenas que me hacen recordar —una vez más— lo afortunado que soy. Un padre con su hijo esperando la llegada del autobús; pendiente en todo momento de él, hablando, compartiendo una sonrisa cómplice… hasta que el autobús llega y ambos se funden en un gran abrazo. El niño sube feliz, se gira y mira a su padre con una inmensa cara de gratitud; su padre espera hasta que la puerta se cierra, mientras su hijo se acomoda junto a la ventana para volver a mirarlo…

Recuerdo —con mucho cariño— cuando era pequeño, esos momentos en los que mis padres me llevaban al colegio o cuando me iba de viaje… esa sensación de sentirte acompañado, sobre todo cuando eres pequeño y ciertas cosas te producen vértigo.

Estos momentos refuerzan la relación con nuestros padres y, además, contribuyen a mantener conversaciones pedagógicas; instantes que aprovechamos para compartir reflexiones que enriquecen sus valores y les ayudan a valorar aspectos de la vida que nos hacen mejores personas.

Valoremos esos instantes en los que somos acompañados, cuando un ser querido está presente en el día a día de nuestras vidas; saber despedirse con cariño y respeto, y también saber recibir a una persona. Estos momentos son muy importantes porque contribuyen, entre otras cosas, a reforzar, empatizar y respetar al otro.

Todos estos gestos son extensibles no solo al ámbito personal, también al profesional. Soy consciente de que el ritmo de vida que llevamos, las agendas colapsadas, los compromisos sociales y el trabajo dificultan, en muchas ocasiones, disfrutar de ellos; pero deberíamos procurar —en la medida de lo posible— no descuidarlos. Por eso me siento una persona afortunada y entiendo la excelencia, el privilegio —ahora— de otra forma: la de disfrutar de estos momentos con las personas que quieres y la de hacer, un poco más agradable, la vida de los demás.

Javier Vila de Savenelle de Grand Maison 

JVSG® 1931 | Sutilezas Cotidianas (Capítulo 98) | #todocomunica

Simeone… expulsado

¿Está el ”sitting” pensado para cuidar los valores en el deporte o hemos capitalizado el insulto para desestabilizar al adversario?

El Atlético de Madrid se enfrentó al Liverpool en Anfield… y no, no es una crónica sobre fútbol. Es, una vez más, por el comportamiento de algunos que —casi— trasciende más que la propia celebración del partido. Parece que los campos de fútbol se han convertido en el lugar preferido de algunos para descargar todo el odio que, durante la semana, uno va acumulando en su mochila del rencor, para luego dedicarse a insultar a los demás.

Simeone fue expulsado por encararse con el público durante la celebración del partido; concretamente, con un aficionado que se dedicó a insultarle y a decirle cosas fuera de lugar. Durante unas declaraciones a Movistar, Simeone dijo:

“Vienen hablando de cuidar el espectáculo, pero te insultan todo el partido desde atrás y no puedes decir nada, porque soy el entrenador. No es justificable mi reacción al insulto, pero no sabes lo que es 90 minutos insultado sin parar.

Y claro, con el gol del rival justo te giras y te siguen insultando y con la tensión pasa lo que pasa.

¿El árbitro? Me ha dicho que me entendía, pero ojalá que el Liverpool lo pueda mejorar y, si identifican a quien hizo eso, tenga sus consecuencias.

Han sido insultos todo el partido y luego gesto incluido, pero bueno, el que tiene que estar calmado soy yo, y soportar todo: insultos, gestos… porque estás en un lugar en el que te toca”.

Por parte del aficionado que se encaró al Cholo, dijo:

“Creo que es un poco cobarde. La prensa le preguntó qué había pasado. No hubo ningún insulto racista ni por mi parte ni por cualquier otra. No hubo ninguna mención a las Islas Malvinas, ni por mi parte ni por la del resto, pero el hecho de que no respondiera a la pregunta y cogiera y se fuera ha hecho que todo el mundo especule sobre ello”.

El propio Simeone reconoció su error y, lejos de disculparle, también creo que se equivocó, pero en las formas. En el fondo tiene razón: no se pueden permitir los insultos o gestos ofensivos. Por mucho que se haya pagado una entrada, no existe ningún derecho a descalificar a nadie. En este caso, además, se ha constatado que en varios vídeos se observa cómo este aficionado hace gestos despectivos hacia los jugadores y el cuerpo técnico del Atlético de Madrid durante el partido. Simeone tendría que haberse dirigido al cuarto árbitro, advirtiendo de lo que estaba sucediendo.

Seguimos con lo políticamente correcto para algunas cosas, pero en otras pesan más el dinero, el ámbito y la falta de valentía de algunas instituciones a la hora de tomar la decisión de expulsar a todo aquel que insulta y convierte un campo de fútbol en un vertedero de ira e impotencia.

Lo he comentado en más de una ocasión: todo empieza en el deporte base. Por ejemplo, en Estados Unidos asisto a muchos partidos en edad escolar. Si un padre alza la voz con descalificaciones, el árbitro detiene el partido y expulsa al padre del recinto… y se acabó el tema. El insulto no es justificable, por mucho que gane un jugador o un entrenador. El respeto no va en función del dinero que ganas… tampoco te da derecho, porque ganen mucho dinero, a insultar a nadie.

Los clubes tienen —también— una gran parte de culpa, porque cuentan con infinidad de mecanismos para evitar esto y revisar —entre otras cosas— qué cafres se sientan alrededor de un campo de fútbol. ¿Está el sitting pensado para cuidar los valores en el deporte o hemos capitalizado el insulto para desestabilizar al adversario?

Javier Vila de Savenelle de Grand Maison 

Lo que comunicaba Robert Redford

Tres gestos que comunican sin necesidad de hablar.

Arranco este nuevo espacio con un cierto sabor agridulce: por un lado, la ilusión de compartir con vosotros mi opinión sobre aspectos de la imagen pública, la comunicación y las buenas maneras; por otro, la tristeza de conocer que Robert Redford nos ha dejado hoy, a los 89 años…

Desde las hermosas montañas de Utah hemos perdido —probablemente— a uno de los actores más carismáticos de la historia. Memorias de África, Dos hombres y un destino, El golpe, Descalzos por el parque… nos regaló momentos inolvidables desde la sutil elegancia de su carácter. Un hombre un tanto bohemio, rebelde en sus inicios, que encontró en el cine el camino para cambiar la bebida por la interpretación.

La elegancia es mucho más que vestir bien. Hay aspectos que, por mucho que se trabajen, no logran transmitir la verdadera esencia de lo elegante.

Estos son tres aspectos que me gustaría compartir con vosotros:

#Sobriedad

Una de sus características era la sobriedad como forma de presencia. Nunca necesitó alzar la voz ni sobreexponerse para hacerse notar. Hablaba con mesura, actuaba sin titubeos, y su buena gestión del silencio transmitía tal seguridad que propiciaba la atención de los demás.

Esto choca frontalmente con lo que estamos acostumbrados a ver hoy: un mundo cargado de personas que necesitan hacer ruido para ser vistas. La sobriedad no es falta de estilo; es, quizá, la forma más profunda de la elegancia.

#Compromiso

Persona comprometida, pero sin convertir su compromiso en espectáculo. No buscaba hacerse notar ni vender su imagen para ser más aclamado. La discreción es otro ingrediente de la elegancia y de las buenas maneras. Redford no interrumpía ni señalaba; defendía sus creencias sin buscar titulares. Fue defensor del medio ambiente, crítico del poder y del cinismo político. Expresó su opinión con firmeza, pero desde el respeto.

Esto hizo que, a pesar de las sustanciales diferencias ideológicas, el respeto hacia él fuese incuestionable.

#LaMirada

La mirada, el color de sus ojos, su media sonrisa… La gestión de los tiempos al hablar, al moverse, al interpretar, lograba despertar el interés de los demás. Sabía jugar con los silencios y, algo que valoro especialmente en una persona: le importaba más su interlocutor. Miraba a los ojos.

Hoy estamos más pendientes de si los demás nos están viendo, de las cámaras… Mirar a los ojos y prestar atención a quien tienes delante es un gesto de respeto.

Este no es un análisis técnico, ni un juicio. Tampoco es un ejercicio de protocolo. Es una opinión más —una mirada personal— sobre cómo determinadas personas comunican a través de sus gestos, su actitud y su manera de estar.

Desde la humildad de quien observa en silencio, propongo aquí tres gestos que, en mi opinión, dicen mucho… sin necesidad de hablar.

Javier Vila de Savenelle de Grand Maison

Mímate. Cuida los detalles pequeños

#sutilezascotidianas No dejamos de correr. Vivimos en un mundo de prisas donde la inmediatez nos come, devora nuestra salud e invade nuestra intimidad. Las prisas son la antítesis de la calidad, enemigas directas de las buenas maneras, porque despiertan, en muchas ocasiones, nuestra peor versión.

En el capítulo anterior os hablaba sobre la importancia de ralentizar. Las prisas afectan a la hora de mimarse, interfieren en los pequeños detalles del día a día y merman significativamente los cuidados que deberíamos tener con nuestra salud. Todo esto nos afecta directamente a las relaciones con otras personas, a la calidad de nuestro trabajo y, no menos importante, a nuestra salud.

En más de una ocasión he podido comprobar lo poco que nos cuidamos, no solo a nivel de salud, también a la hora de comer, de hablar con un amigo, de hacer una tarea del hogar, de arreglar una bicicleta, de cuidar tus plantas…

El otro día estuve hablando con mis hijos mientras se preparaban la merienda. Uno comía rápido, de pie, mientras cogía una bolsa. El otro se hacía un bocadillo mientras veía una película en su ordenador. No era la primera vez que lo hacían, pero me llevó a esta reflexión:

Tenéis que mimaros. Aunque sea una “simple” merienda, debéis tomaros vuestro tiempo, ralentizar, cuidar los detalles: poner un mantel —crear un entorno agradable—, una servilleta, un vaso para la bebida… Siéntate con tu hermano, dejad el ordenador o el teléfono, quítate los auriculares y disfrutad de vuestra compañía. Si arreglas la bicicleta, coloca las herramientas… disfruta de lo que haces. Si terminas una tarea, o de comer, recoge las cosas con cuidado, sin prisas… lo harás mejor, disfrutarás del momento, e incluso terminarás disfrutando de aquellas tareas que no te gustan. Porque si se afrontan con una actitud positiva, con calma y respetando sus tiempos, el resultado final es infinitamente mejor. Además, beneficia directamente a nuestra salud.

Cuidarse y mimarse no es un gesto egoísta ni de “señorito”; son ingredientes que nos enriquecen por dentro y por fuera. Esto también influye en cómo nos relacionamos con los demás, en el ámbito privado o profesional, porque cuando somos conscientes de cuidar los pequeños detalles, de tomarnos el tiempo necesario para hacer las cosas bien, en un entorno acorde con el momento, el resultado final es la excelencia.

La excelencia es ese instante en que uno hace algo con la implicación y el cariño que requiere esa tarea o situación, donde el tiempo, en lugar de ser un enemigo, se convierte en un aliado. La gestión de los tiempos, la capacidad de saber priorizar y disfrutar del momento, son aliados indispensables para nuestra salud.

Javier Vila de Savenelle de Grand Maison 

JVSG® 1931 | Sutilezas Cotidianas (Capítulo 97) | #todocomunica

Ralentizar

#sutilezascotidianas | Uno de los objetivos que me había marcado durante el verano era retomar varios temas pendientes… esos que durante el año vamos pateando hacia adelante y que —por diversos motivos— nos cuesta arrancar, terminar o, simplemente, hacer. Sin olvidarnos, por supuesto, de los asuntos que surgen en el día a día.

Antes de continuar, me gustaría, antes de nada, hacer una mención especial, cargada por un lado de mucho cariño hacia las personas que han sufrido los incendios este verano. Muchos de ellos lo han perdido todo… no solo a nivel material, también una parte importante de sus vidas, porque un incendio arrasa con todo: tangibles e intangibles. Era imposible no emocionarse —en mi caso, desde Galicia— al ver, oler y sentir la desgracia… cómo nuestros montes se iban muriendo, cómo se apagaban las vidas de los animales que habitaban esos hermosísimos parajes… la desesperación de su gente. No nos olvidemos de ellos.

Y la otra cara de la moneda: la de los miserables que son capaces de hacer tanto daño. ¿Cómo se puede hacer tanto daño?

Después de este paréntesis necesario —aunque con una importante conexión con el inicio de este capítulo—, quiero retomar esa idea de ralentizar, precisamente para, entre otras cosas, disfrutar más de todo lo que nos rodea: los paisajes, la naturaleza, el mar, una puesta de sol, una comida con amigos, la familia…

Deberíamos procurar correr menos, ir más despacio, hacer las cosas disfrutando el momento, incluso cuando realizamos tareas del hogar. Porque esa actitud más pausada repercute directamente en la calidad de lo que hacemos… y, sobre todo, en nuestra salud.

Estoy aprendiendo a ralentizar y sé que no es fácil. Probablemente en verano resulte más sencillo, pero estoy intentando aplicarlo en mi día a día desde que he vuelto de vacaciones.

En próximos capítulos os hablaré de cómo me estoy organizando, si lo estoy logrando… o si, por el contrario, las obligaciones y el entorno logran salirse con la suya y me arrastran a vivir a 200 por hora. Además de las personas que han influido positivamente en mi vida. 

Me gustaría saber qué opinas tú sobre el ritmo de vida que llevamos, y cómo afecta a tu vida personal y profesional. A nivel personal, puedo decirte que estoy ganando momentos inolvidables, momentos que son pura vitamina. Y en lo profesional, estoy comprobando que hago las cosas mejor: con más calidad, más atención, más tiempo para analizar y observar cómo mejorar, disfrutando… sin dejar de aprender y, en muchos casos, divirtiéndome.

Javier Vila de Savenelle de Grand Maison

JVSG® 1931 | Sutilezas Cotidianas (Capítulo 96) | #todocomunica

Mucho más que un partido épico

#sutilezascotidianas El deporte, cada fin de semana, nos deja momentos inolvidables: verdaderos ejemplos de superación, respeto y convivencia. En más de una ocasión he recordado la importancia que tiene el deporte base y el papel destacado de los padres, y cómo influye nuestro comportamiento en la educación de nuestros hijos, sumado luego al trabajo de los entrenadores.

La sociedad debería realzar y destacar más al deportista respetuoso. Por desgracia, damos más eco y repercusión al pedante, al irrespetuoso… Más visibilidad al provocador, llegando a un punto en que, cuando un deportista tiene un gesto de deportividad, lo vemos como algo excepcional.

Los más jóvenes no solo deben fijarse en cómo juegan sus ídolos, sino también en cómo se comportan con el adversario, el respeto que demuestran, porque toda esa suma es lo que hace que un deportista sea un ejemplo. Por lo tanto, importa tanto cómo juegan como cómo se comportan. Para mí, esto es indivisible, debido a la repercusión e impacto que tienen en la sociedad. El deporte es una herramienta para generar y regenerar valores.

El fracaso y la adversidad sobrevuelan constantemente al deportista, igual que un buitre espera a su presa… Y es aquí donde encontramos uno de los momentos más importantes del deporte: ver cómo un deportista se recompone y supera una adversidad desde el respeto y sin trampas, logrando vencer un partido, una carrera… que prácticamente tenía perdida. Esto lo pudimos ver hace unos días en París.

Carlos Alcaraz y Jannik Sinner nos regalaron un partido que pasará a la historia. Dos auténticos deportistas ejemplares, no solo por la calidad tenística de ambos —que fue exultante—, sino también por el nivel de respeto mutuo. Mi amigo Ignacio me envió un mensaje donde me decía que ese partido merecía un capítulo de Sutilezas Cotidianas, y tuvimos en ese momento una especie de telepatía, porque fue maravilloso ver en ese partido todo lo que representan los valores en el deporte: esfuerzo, superación, respeto, humildad, señorío, saber estar, buenas maneras… No tirar nunca la toalla, por muy adversa que sea la situación; superar la dificultad, aunque la solución parezca lejana, pero… sin olvidar al adversario, que con su elegancia y respeto también facilita y completa el círculo perfecto de un partido ejemplar, no solo en lo deportivo.

Javier Vila de Savenelle de Grand Maison 

JVSG® 1931 | Sutilezas Cotidianas (Capítulo 95) | #todocomunica