Hagamos más paseíllos

#SutilezasCotidianas – Cada año, cuando se acerca el final de temporada de fútbol, se abre un debate sobre si se debe hacer el paseíllo al vencedor. Los programas de radio deportivos preguntan a sus colaboradores qué harían…

En más de un artículo he comentado la importancia del deporte en la sociedad, en el día a día de nuestras vidas, pero, sobre todo, la capacidad que tiene de influir en la sociedad y especialmente en los más jóvenes. Los jóvenes tienden a mimetizar el comportamiento de sus ídolos, no solo en sus peinados, sino en su comportamiento en el campo…

Muchos deportistas no son conscientes de la responsabilidad que tienen y sí deberían esforzarse especialmente en esto, porque un deportista profesional debe contribuir cuidando y velando por los valores que representa el deporte. No hay espacio para la mentira en el deporte, para hacer trampas o no respetar al adversario, entre otras cosas que ya he mencionado en anteriores capítulos y artículos.

La responsabilidad no recae solo y exclusivamente en el deportista; es transversal y recae también en los clubes, en las instituciones —unas instituciones que no se atreven a tomar medidas serias, como cuando no se respeta un himno—, en el público, en las familias de los jugadores y en los medios de comunicación. Todos tenemos nuestra parte de responsabilidad.

La honorabilidad de un jugador y, por ende, de un equipo pasa por cuidar los valores, y esto está por encima de evitar que se rían de ellos… Nuestro orgullo fagocita la esencia fundamental del deporte —en este caso—, que es la suma de los valores que representa. El ego, el no hacer algo que representa positivamente un valor, no hacerlo por el qué dirán.

El paseíllo es un gesto de reconocimiento, de respeto y de hacer deporte —sí, de hacer deporte—… No es solo una cuestión de hacer ejercicio; el deporte es un prescriptor de valores que repercuten directamente en la sociedad. Los más jóvenes deben aprender a reconocer los éxitos de los demás, a que, por encima del qué dirán, está hacer las cosas justas, alineadas con los valores, sin el temor a que se rían o se burlen de uno.

Estamos construyendo una sociedad que ya de por sí está enferma, precisamente porque no tiene la personalidad de plantarse ante quienes no dejan de desmembrar los valores. Seamos capaces —seguro que podemos lograrlo—: todo empieza con los pequeños momentos del día a día, dando las gracias y felicitando el éxito de las personas que nos rodean, para que se entienda que reconocer los logros de los demás es algo positivo, incluso beneficioso para nuestra propia salud.

Javier Vila de Savenelle de Grand Maison 

JVSG® 1931 | Sutilezas Cotidianas (Capítulo 112) | #todocomunica #buenasmaneras

La importancia de elegir una buena escenografía

#JVSG®| Durante todos estos años he podido comprobar que una de las claves para alcanzar el objetivo y el éxito es elegir una buena escenografía. Mi abuelo, que era arquitecto, destacaba también que muchos espacios no se utilizaban con su fin inicial… Cada evento tiene sus particularidades.

Son muchos los factores que influyen en un evento o acto; como os comentaba antes, mi abuelo —arquitecto— tenía todo muy estudiado para el mejor uso de un determinado espacio. Uno de los motivos era la necesidad de destacar la importancia de la conexión del espacio con los asistentes y con el motivo o uso del mismo. Este aspecto fue cada vez más importante en su vida, ya que tenía problemas de audición, y esto le llevó a trabajar aún más —si cabe— en el estudio de la acústica, la iluminación, el movimiento de personas, los accesos, entre muchísimas otras cuestiones de las que os hablaré en próximos artículos.

Es importantísimo sensibilizar a las personas de que la escenografía no puede convertirse en un simple envoltorio, donde prime más lo estético o el interés particular de querer contentar a unos por diversos motivos. La escenografía se escoge muchas veces por razones que son la antítesis del uso de ese espacio. Por ejemplo, en la política sucede en muchas ocasiones, o en el deporte… importan más otros factores que desconocen el verdadero motivo de la elección de ese espacio —lugar, tiempo y finalidad—.

En innumerables ocasiones el presupuesto prima, y es comprensible, pero debemos tener en cuenta las posibles consecuencias. Soy consciente de ello y entiendo que el presupuesto repercute directamente, pero ahí está el papel de un buen profesional: siempre hay alternativas que cumplirán con los objetivos establecidos. Lo importante es contar con un trabajo previo bien estructurado que recoja cada detalle. Hay aspectos fundamentales que pasamos por alto y que definirán si resultará un éxito o no. Es cierto que luego —siempre— surgen contratiempos, pero cuanto más definido esté todo y menos aspectos queden en el aire, más rápido y mejor se solucionarán. La capacidad de reacción ante un problema se mide de forma proporcional a la formación y experiencia del profesional, así como a su capacidad de empatía, análisis y toma de decisiones.

Abre tu criterio a la hora de elegir una escenografía, porque muchas veces esa elección depende también de factores intangibles y de que salgamos del espacio en sí para tener una perspectiva más global del evento. Miramos, pero no observamos. Nos gustan más las cosas de cara a la galería, porque somos de “like” fácil, donde primamos lo estético, ya que aquello que no se ve tendemos a considerarlo menos importante. El asistente también forma parte de esta ecuación… ¿Has visto el partido España – Egipto (31 de marzo)?

Porque al final, la escenografía no es solo lo que se ve… es lo que hace sentir y entender a quien está ahí.

Algunas claves a tener en cuenta en la elección de una escenografía:

• La conexión real entre el espacio y el motivo del acto

• La relación del espacio con los asistentes

• La acústica, la iluminación y los accesos

• El movimiento y la experiencia de las personas

• El uso real del espacio, más allá de su estética

• La coherencia entre el lugar, el tiempo y el mensaje

• La capacidad de adaptación ante imprevistos

• El equilibrio entre presupuesto y objetivo

• Aquello que no se ve… pero se percibe

Javier Vila de Savenelle de Grand Maison

Lo que comunica John Fitzgerald Kennedy Jr.

Tres gestos que comunican sin necesidad de hablar

Con el paso del tiempo he ido comprobando que la verdadera elegancia es atemporal, y no responde a golpes de moda. Tener la personalidad suficiente como para no dejarse influir por el qué dirán no solo se refleja en la forma de vestir, sino también en cómo uno se mueve por la vida… en el caminar, en la forma de dirigirse a los demás.

La elegancia es mucho más que llevar algo puesto. Por mucho que uno se “disfrace”, necesita un ingrediente innato con el que muy pocos están agraciados.

John Fitzgerald Kennedy Jr. es una de esas personas que forman parte de una lista muy especial. Podemos debatir si algunas de sus decisiones gustan más o menos, pero ha sido —y sigue siendo, a pesar del paso del tiempo— un referente de elegancia y saber estar.

Nació el 25 de noviembre de 1960 en Washington D.C. Hijo del presidente John F. Kennedy y Jacqueline Kennedy, vivió desde muy pequeño bajo la atenta mirada de los medios de comunicación, convirtiéndose en una figura pública desde su infancia. Esa exposición le llevó a vivir situaciones que marcarían su vida y que quedaron inmortalizadas, como la imagen saludando el féretro de su padre, convertida en un símbolo histórico.

Graduado en Derecho por la Universidad de Nueva York, ejerció como fiscal en Nueva York, mostrando un compromiso constante con el servicio público. Una vida que —teniendo en cuenta su apellido y su entorno— gestionó con gran discreción. Hasta el punto de que su boda con Carolyn Bessette, celebrada el 21 de septiembre de 1996, tuvo lugar en la más absoluta intimidad: apenas 40 invitados en la remota isla de Cumberland, Georgia. Una pareja elegante, cuya naturalidad y minimalismo los convirtió en un auténtico icono.

Fundador de la revista George (1995), intentó acercar la política al ciudadano desde un enfoque moderno y accesible. Siempre mantuvo una actitud sobria, cercana y respetuosa. Supo gestionar su apellido con responsabilidad y discreción, reforzando aún más su carisma. A todo ello se suma su fallecimiento prematuro, junto a su mujer, en un accidente de avioneta el 16 de julio de 1999.

Elegancia heredada, pero no impuesta

El verdadero valor de la elegancia es que no sea impostada ni aprendida para agradar a los demás. Cuando una persona crece en un entorno educado y sensible, surge de forma natural una manera de estar sin necesidad de demostrar quién es.

Los factores culturales y sociales influyen, y un apellido también forma parte de la ecuación. Pero hay elementos con un peso incuestionable: la personalidad, la capacidad de entender los contextos —públicos y privados— y saber adaptarse a ellos sin perder la esencia.

Discreción en medio del foco

Conocer y diferenciar los contextos públicos y privados, en una vida permanentemente expuesta, le permitió preservar espacios propios. Esto tiene sus inconvenientes: la discreción genera misterio, y el misterio, en muchas ocasiones, aumenta el interés.

No era amigo de titulares fáciles, ni respondía en exceso. Evitaba alimentar el ruido. Proteger la vida privada no es sencillo. Puede generar interpretaciones erróneas, como una supuesta soberbia, cuando en realidad se trata de preservar la intimidad. También implica resistirse a la tentación del beneficio fácil, ese al que recurren muchos “famosos” exponiendo su vida como espectáculo.

Cercanía sin perder la forma

Una característica de la verdadera elegancia es la capacidad de mantener la cercanía sin perder la forma. A pesar de su posición, se mostraba accesible, natural, sin rigidez. Sonreía, saludaba con respeto, escuchaba… y lo hacía desde el equilibrio.

Ser cercano y educado no debilita la imagen pública; al contrario, la refuerza, la hace más auténtica. No comparto la actitud de quienes creen que la prepotencia o la mala educación les sitúan por encima de los demás.

Quien realmente es especial no necesita demostrarlo. Vive sin alardes, en silencio, siendo respetuoso. No hay que hacerse notar para ser más. Al contrario: el silencio, la gestión del tiempo y la conciencia del contexto nos ayudan a ser mejores personas. No intentes ser quien no eres, porque, al final, se volverá en tu contra.

Javier Vila de Savenelle de Grand Maison

Este no es un análisis técnico, ni un juicio. Tampoco es un ejercicio de protocolo. Es, simplemente, una opinión más: una mirada personal y profesional sobre cómo determinadas personas comunican a través de sus gestos, su actitud y su manera de estar.

Le dejó su sitio…

#sutilezascotidianas – Ya sabéis que soy de café matutino… da igual dónde esté, porque me gusta mucho disfrutar de ese momento. Lo he hecho en muchas partes del mundo. Aprovecho ese instante para revisar correos, mensajes y repasar la agenda del día. Mientras hago esto, me gusta observar qué sucede a mi alrededor: mirar qué hace la gente, cómo se comunican entre ellos, cómo se comportan dentro del establecimiento… en general, me gusta observar y, en muchas ocasiones, aprendo cosas que me ayudan —dependiendo del país— incluso a ser más camaleónico.

Hace unos días, disfrutando de un café en una estupenda pastelería en Bethesda, Washington D.C., donde suelo ir con bastante frecuencia, entró una persona mayor, con dificultad para andar… Las personas que suelen ir a esta pastelería son muy educadas y esto se percibe en el ambiente. Es de esos lugares donde bajas las revoluciones, donde las cosas se ralentizan… y todo esto, junto con la atención detallista de los empleados, contribuye a sentirte muy a gusto y tranquilo.

El señor se dirigió al mostrador muy despacio y pidió un café con leche y un fantástico croissant… Al girarse para buscar un sitio, observó que todas las mesas estaban ocupadas, excepto una mesa alta con taburetes junto a los ventanales. Cuando se dirigía hacia esa mesa —alta y un tanto incómoda—, dos personas se levantaron de sus respectivas mesas para cederle la suya; mesas más cómodas y accesibles. Lo hicieron con total naturalidad, sin buscar quedar bien, simplemente para que el señor pudiese disfrutar de su café con tranquilidad.

Os confieso que estos detalles nos enriquecen como personas y la satisfacción personal es enorme, porque hacer la vida más fácil a los demás es pura energía positiva. Es también una forma de pensar más en los demás, en una sociedad que cada vez va más a lo suyo, sin dedicar un segundo a la convivencia.

Todo esto es educación, empatía, respeto y sensibilidad. No es ser más que los demás, ni tampoco ser un “bienqueda”. Es lo que antes era más natural y ahora parece que nos convierte en un bicho raro en peligro de extinción. Piensa un poco más en los demás: te sentirás mucho mejor, harás la vida un poco más agradable y comprobarás cómo vives con más tranquilidad y menos estrés.

Javier Vila de Savenelle de Grand Maison 

JVSG® 1931 | Sutilezas Cotidianas (Capítulo 111) | #todocomunica #buenasmaneras

Evita las sorpresas

#sutilezascotidianas – En el mundo de la comunicación y el protocolo existe un ingrediente esencial que siempre aparece en todas las conversaciones que mantengo, tanto en la planificación de un acto, en una reunión de trabajo, en cómo se sentarán los invitados o en el desarrollo de un evento. Incluso diría que roza lo obsesivo: informar para evitar sorpresas.

Todo tiene su punto de equilibrio y me gustaría puntualizar que no consiste en contarlo absolutamente todo, sino en informar sobre aquellos aspectos que puedan repercutir directa o indirectamente en el desarrollo de un evento y/o en la credibilidad de una institución.

Los tiempos y las formas son compañeros de viaje inseparables a la hora de informar. Saber cuándo, cómo, dónde… o hasta qué punto se puede informar también requiere habilidad, planificación y coordinación.

La falta de información interna supone igualmente un riesgo que repercute en la gestión de una institución, porque afecta —entre otras cosas— a la confianza, a la planificación y, algo muy importante, a la elaboración correcta de la ruta para alcanzar los objetivos. Además de contar con un documento específico donde se marcan los tiempos para informar determinadas cuestiones, procuro también reflejarlo en el cronograma con un icono concreto. Es como cuando vemos en el GPS de nuestro coche el icono de una gasolinera: permite identificar rápidamente la importancia, el momento y el contenido.

Informar en tiempo y forma fomenta la credibilidad, la transparencia y la reputación. Si en un evento que organizamos informamos con suficiente antelación sobre cómo se desarrollará, dónde se sentará cada persona, quién asistirá o cuál será la duración, evitaremos la famosa reacción de “hacerse el ofendido” o comentarios como: “esto no estaba previsto”, “si llego a saber que sería así no vendría” o “este sitio no me gusta”, ya sea por quién está sentado al lado o porque considera que merece otro lugar.

La información necesita un buen escudero y, en este caso, es el argumento. Un buen argumento minimiza la incomodidad, reduce las sorpresas y refuerza nuestro mensaje. El argumento forma parte de toda decisión, tanto interna como externa, y repercute directamente en la planificación global.

Es importante no dar por hecho que determinadas cosas se entenderán como normales, porque no sabemos cómo puede interpretarse una decisión. Podemos haber tomado una determinación pensando que era la mejor opción, sin ponernos en la situación del otro. Por eso, la empatía y la visión global nos ayudarán a informar mejor y a evitar sorpresas que, en ocasiones, pueden convertirse en un problema mayor.

He vivido muchas situaciones incómodas que, si hubiese informado mejor, me habrían ahorrado momentos difíciles. Es cierto que esas experiencias también me han ayudado a desarrollar un proceso interno para minimizar estos escenarios. Por eso procuro estar siempre alerta y transmitir esa misma forma de trabajar a mis clientes.

Javier Vila de Savenelle de Grand Maison 

JVSG® 1931 | Sutilezas Cotidianas (Capítulo 110) | #todocomunica #buenasmaneras

Elegir el silencio también es avanzar

#sutilezascotidianas – Estas fechas del año las utilizo para desconectar de muchas cosas. No desconecto totalmente, pero sí me pongo en modo “invernar” con el fin de pensar, analizar y planificar el trabajo que tengo en estos momentos, así como nuevos clientes y nuevas aventuras laborales que se avecinan.

Sutilezas Cotidianas es una parte muy importante de mi vida y la verdad es que me ha sorprendido gratamente la respuesta que ha tenido. Lo más bonito es conocer las historias de las personas que leen mis reflexiones; esto me sirve también de motivación. Me cuentan, con mucha ilusión, sus experiencias; resulta muy enriquecedor escuchar y leer sus vivencias.

Reconozco que estos días de “parón” he echado de menos este momento de Sutilezas Cotidianas, que me ayuda a expresar y canalizar las cosas que observo en el día a día, lo que sucede a mi alrededor o aquello que percibo a través de los medios. Es también una forma de expresar mi impotencia o mi gratitud ante temas que, en muchas ocasiones, carcomen los valores o, por el contrario, los regeneran.

Quizás la balanza se incline hacia lo positivo, porque ya hay suficiente discurso incendiario, protestón e inconformista como para seguir malgastando mi tiempo intentando convencer a quienes no desean ver las cosas buenas de la vida. La sociedad ya está bastante polarizada como para seguir alimentando, a través de Sutilezas Cotidianas, nuestra impotencia y enfado ante aquello que nos rodea y enciende nuestra ira.

Todo esto no quiere decir que nos entreguemos al mezquino, que nos rindamos ante el oportunista o que dejemos de defender lo correcto. Lo que deberíamos procurar es elegir qué batallas afrontar y en cuáles mantenernos en silencio. Antes pensaba que eso era rendirse; ahora veo que es cuidar nuestra salud mental.

Te propongo un pequeño reto si eres, como lo era yo —aunque a veces reconozco que todavía entro al trapo— de los que saltan ante cualquier situación que consideran injusta o que despierta su desesperación: respira ante la próxima circunstancia que despierte tu enfado, no respondas y mantén la calma. Procura hacerlo —al menos— una vez al día. Verás cómo, en pocos días, generarás la necesidad de repetirlo más veces. Genera y fomenta tu tranquilidad y enriquecerás tus buenas maneras. No es una señal de debilidad; es una señal de que estás por encima de una discusión estéril que no te aporta nada más que alteración y desgaste.

Javier Vila de Savenelle de Grand Maison

JVSG® 1931 | Sutilezas Cotidianas (Capítulo 109) | #todocomunica #buenasmaneras

Tres mensajes que transmite Hansi Flick sobre Lamine Yamal

En más de una ocasión he mencionado la repercusión mediática que tiene el fútbol en la sociedad. En otras disciplinas pasan mucho más desapercibidas las innumerables ruedas de prensa que se celebran cada fin de semana… o las previas, que en muchas ocasiones sirven de antesala para calentar el ambiente o dar pie a la interpretación.

Siempre digo que todo comunica y que cualquier gesto o silencio es interpretable; pero deja de ser solo una interpretación. Puede ser casual o preparado, porque las intervenciones de los técnicos forman también parte del contexto de la comunicación y de las relaciones institucionales de la entidad y, por tanto, deben enmarcarse dentro de un contexto previamente trabajado.

No todos los mensajes tienen que estar meditados y preparados, pero sí deben estar dentro de un contexto que salvaguarde los objetivos y el argumentario de la institución.

Los entrenadores de fútbol —y más aún los de equipos con millones de seguidores y con periodistas que analizan cada gesto con lupa— viven, aunque ellos no lo quieran, en el mundo de la interpretación; un mundo que muchas veces conduce a un extremo de presión o incluso al cansancio que provocan las preguntas que se repiten cada fin de semana.

A Hansi Flick, en una rueda de prensa posterior a un partido, le preguntaron por un gol de Lamine Yamal. Un gol estupendo que, por sus palabras y su lenguaje corporal, dio pie, una vez más, a las interpretaciones. Aquí van tres interpretaciones personales:

  1. En todo momento, Hansi Flick se mostró respetuoso con el futbolista. No evidenció falta de empatía, sino un claro ejercicio de responsabilidad al mantener un punto de equilibrio entre el éxito, la euforia y la realidad, desde la humildad.
  2. Reconoció el gol del deportista, pero quiso hacer mayor énfasis en el trabajo defensivo realizado durante el partido. No es necesario sobreactuar a la hora de reconocer un mérito. Un exceso de reconocimiento puede perjudicar al deportista y repercutir en el resto del equipo. Debemos ser cuidadosos con los mensajes que realzan más a unos que a otros… a la larga, termina pasando factura.
  3. La comunicación del entrenador fue pedagógica hacia el deportista, contribuyendo de forma notable a su formación y evolución. Ayudó, protegió y enriqueció la conexión del equipo, manteniendo —algo muy necesario— el equilibrio entre el deportista, la realidad y las necesidades colectivas. Todos los deportistas necesitan ser reconocidos y respetados, porque el deporte es, ante todo, un trabajo de equipo.

Un entrenador no debe perder nunca su personalidad ni su naturalidad, pero también debe ser consciente de que cualquier gesto, declaración, escenografía elegida o momento concreto tendrá —con total seguridad— una interpretación. Para eso también están los equipos de comunicación y de relaciones institucionales: para ayudar, acompañar y recomendar.

Porque preparar cada intervención, por sencilla que parezca, es una forma de responsabilidad. En un entorno de alta exposición, nunca sabemos qué gesto, palabra o silencio puede acabar marcando el relato. Por eso, en mi trabajo, busco precisamente eso: ayudar a ordenar, anticipar y acompañar la comunicación, para que nada quede al azar.

Javier Vila de Savenelle de Grand Maison | todo comunica

Lo que comunica Xabi Alonso

Tres gestos que comunican sin necesidad de hablar.

En más de una ocasión he mencionado la influencia que tiene el fútbol y su capacidad para movilizar a la prensa. Hace unos días, Xabi Alonso dejó de ser entrenador de uno de los clubes más mediáticos del mundo, hasta el punto de que, días después, sigue siendo noticia y portada en muchos medios.

Es incuestionable la calidad de Xabi Alonso Olano (25 de noviembre de 1981, Tolosa, Guipúzcoa) como jugador y como persona. Jugó en la Real Sociedad, el Liverpool, el Real Madrid y el Bayern de Múnich. Internacional con España, posee un palmarés espectacular. Siempre en su sitio, ejerció su liderazgo con respeto hacia compañeros y rivales, dentro y fuera del campo.

Entrenador del filial de la Real Sociedad (Real Sociedad B) entre 2019 y 2022, dio un salto que despertó la atención del mundo del fútbol como técnico del Bayer Leverkusen, logrando transmitir un estilo de juego muy definido y una forma de liderazgo basada en el respeto y la elegancia. En la temporada 2023-2024 alcanzó un histórico triplete (Bundesliga, Copa y Europa League) de forma invicta, algo inédito en Alemania. Esto, por supuesto, despertó el interés del Real Madrid. Pero también su forma de ser —elegante, discreta y respetuosa— se convirtió en la suma de unos ingredientes que, a la postre, serían la combinación perfecta para entrenar al club blanco.

Liderazgo sereno

En ningún momento ha dejado de ejercer y transmitir su liderazgo desde la pausa, alejado del grito, de la sobreactuación y de ese punto de ordinariez que —más de lo que nos gustaría— reclama la grada, esa parte del espectador satírico que valora más la descalificación que las formas.

Como jugador, imponía respeto con la mirada, con el gesto contenido, con la inteligencia posicional… pero también fuera del campo, con una vida discreta, sin necesidad de excentricidades. Porque el éxito y el respeto no se consiguen alardeando de dinero, ni con desplantes o reproches.

Como entrenador, su autoridad se percibe en la claridad con la que transmite, sin necesidad de imponerse, desde esa tensa calma que implica estar cada día en el foco de millones de personas, sin perder la serenidad ni el equilibrio.

El liderazgo en el deporte también es un compromiso con la responsabilidad que uno adquiere hacia la difusión y transmisión de los valores. No se trata solo de desempeñar una función como entrenador: también se es protector y prescriptor de los valores.

Elegancia en la expresión y en las formas

La elegancia natural —no forzada— que transmite desde la banda, en las ruedas de prensa, en su manera de vestir, de hablar, de desplazarse o de dirigirse al adversario, refuerza una imagen sobria, coherente y elegante.

Una elegancia que no se basa en la apariencia, sino en la actitud: habla con calma, escucha con atención y huye del protagonismo innecesario.

Es cierto que en el Real Madrid no vimos al mismo Xabi Alonso que en el Bayer. Esto revela los factores exógenos y la presión que existe en ese contexto. Quizás ese deseo de contentar, de ser respetuoso, de pensar más en el equipo que en uno mismo… probablemente el caprichoso —el entorno— se impuso al comprometido.

Uno puede comprobar la elegancia de una persona en distintos momentos; uno de ellos es en las despedidas. Una vez que dejó de ser entrenador del Real Madrid, no vimos ni un solo gesto fuera de lugar, no le escuchamos ningún reproche. Se marchó sin hacer ruido.

Coherencia como principio

Sabe manejar los tiempos sin traicionar ni su estilo ni su discurso. En el mundo del respeto no existen los atajos, y él ha respetado los tiempos del fútbol. No resulta fácil hacerlo, ya que, rodeado de tantas presiones, se requiere de un equilibrio extraordinario, donde el entorno también juega un papel destacado.

Como jugador y técnico, ha comunicado una línea clara: la del respeto, la preparación y el compromiso. Esa coherencia lo ha convertido en una persona profundamente respetada. Y, al margen de los resultados, nadie puede cuestionar que estamos ante una figura necesaria en el mundo del fútbol.

Javier Vila de Savenelle de Grand Maison

Este no es un análisis técnico, ni un juicio. Tampoco es un ejercicio de protocolo. Es, simplemente, una opinión más: una mirada personal y profesional sobre cómo determinadas personas comunican a través de sus gestos, su actitud y su manera de estar.

Serenidad y seriedad

#sutilezascotidianas Quienes nos dedicamos al mundo del protocolo y la comunicación somos muy conscientes de que hay determinados momentos en los que mantener la serenidad resulta difícil y, precisamente por ello, podemos caer en una falta de seriedad a la hora de tomar ciertas decisiones.

Existen factores exógenos y endógenos que juegan un papel destacado en cualquier argumentario, pero la capacidad de discernir y de mantener un punto justo de sensatez y tranquilidad contribuye de forma decisiva a facilitar el camino hacia una decisión correcta.

La instrumentalización de un error, de manera malintencionada, para suplir la falta de capacidad o de gestión, desemboca en una parodia que disfraza la realidad. En estos casos, el afectado de turno intenta maquillar los hechos con tal de obtener rédito y controlar el relato.

En política existen asesores que actúan como verdaderos destructores de la naturalidad, fomentando la intranquilidad del dirigente. Esto suele venir provocado por la falta de personalidad de quien no sabe resistirse a quienes envuelven la realidad con una cadena de decisiones cuyas acciones transmiten una falta —palpable— de serenidad y de seriedad.

Reconocer un error, pedir perdón, transmitir empatía o argumentar sin descalificar al adversario no forma parte del repertorio de ciertas personas, porque interpretan estos gestos como una muestra de debilidad.

Precisamente una de las cualidades que procuramos transmitir quienes nos dedicamos al protocolo y a la comunicación es la serenidad y la seriedad. El problema radica en la percepción errónea que muchos tienen sobre qué es realmente el protocolo. Algunos creen que se limita a saber comportarse —lo cual pertenece al ámbito de la educación social, no del protocolo— o a ordenar autoridades y poco más. Sin embargo, quien conoce de verdad las capacidades de esta herramienta de comunicación recurre al protocolo cuando quiere garantizar serenidad y seriedad de manera transversal: desde la planificación inicial hasta la consecución del objetivo final.

Javier Vila de Savenelle de Grand Maison 

JVSG® 1931 | Sutilezas Cotidianas (Capítulo 108) | #todocomunica #buenasmaneras