Hasta reventarrrr

#sutilezascotidianas Qué poco entendemos por moderación cuando tenemos la oportunidad de comer lo que queremos… la cuestión es que, como es “gratis”, nos servimos como si no hubiéramos comido desde hace semanas. Tampoco importa si nos hemos equivocado en la elección o si nos hemos servido demasiado: lo dejamos y vamos a por otra cosa.

En más de una ocasión, en el desayuno de un hotel con buffet, he comprobado cómo devoramos con la mirada, cogemos un plato y lo llenamos hasta los topes. Da igual el qué y el cómo, con tal de verlo lleno; total, es “gratis”. Y más triste todavía es la cantidad de comida que luego queda entre un maremágnum de platos sucios, restos y desperdicio… porque, además, como sucede en los aviones, por donde pasamos dejamos un auténtico campo de batalla de suciedad y desorden.

Ayer, mientras esperaba a mi avión, la sala se convirtió en un auténtico correcalles de personas buscando comida. La cuestión era comer hasta reventar en el menor tiempo posible. Es el objetivo que tienen algunos nada más salir de casa: llegar a la sala y servirse de todo. Y si no está bueno o no gusta, se deja y se prueba más… hay que aprovechar que es “gratis”. Y, de paso, me llevo el táper y la mochila para el viaje… además de unos periódicos, unas revistas… y, por qué no, el florero.

No estoy diciendo que no disfrutes de un buen desayuno, de un aperitivo o incluso de comer porque has decidido dormir en el avión o porque has tenido una reunión y no has podido hacerlo antes. Lo que digo es que todo debe hacerse desde la moderación y el respeto: respeto a las personas de tu alrededor y respeto a la comida. Somos muy afortunados y, quizás, en más de una ocasión no valoramos la suerte que tenemos. Y sí, lo llevo al extremo: hay personas que no tienen la opción, ni siquiera, de una comida al día… mientras tanto, nosotros nos ponemos como una boa.

Todo esto también es extensible a cuando nos invitan a comer. No hace falta excederse, ni pedir lo más caro, ni bebernos hasta el agua de los floreros. Ahora que se acerca la Navidad, con las comidas de empresa o incluso las familiares, claro que es importante disfrutar, pero siempre con moderación y respeto.

Javier Vila de Savenelle de Grand Maison 

JVSG® 1931 | Sutilezas Cotidianas (Capítulo 107) | #todocomunica #buenasmaneras

¿Respetamos el trabajo de los demás?

#sutilezascotidianas Vamos por la vida sin mirar a nuestro alrededor; sin interactuar, sin tener la empatía suficiente como para detenernos unos segundos y valorar el trabajo y el tiempo de los demás.

Seguimos estigmatizando ciertos trabajos, y la consideración y el respeto que mostramos hacia algunas personas y profesiones es distinto… hasta el punto de llegar a ser irrespetuosos o indiferentes.

¿Respondes al teléfono cuando estás en el dentista? ¿O si estás en un juicio? ¿O cuando pasas el arco de seguridad en un aeropuerto? Sí, llevo mi reflexión al extremo, pero quiero despertar tu interés para que observes, en tu día a día, las diferencias que hacemos entre unos y otros.

No digo que dejes de atender una llamada, pero sí que, si estás en una cafetería y vas a pedir una consumición, prestes la atención y el respeto que merece la persona que te está atendiendo. Cuando entras en el baño de un aeropuerto y hay un señor que lleva todo el día limpiándolo… ¿no se merece, al menos, un gracias o un buenas tardes?

Todas las personas merecen el mismo respeto, pero etiquetamos estatus y, en función del “cargo”, somos más empáticos… perdón, más pelotas. Porque el desprecio cada día es mayor en la sociedad así como la dosis de interés, y la falta de respeto campa a sus anchas.

Hemos llegado a un punto en el que dar las gracias a alguien, decir buenos días o mostrar respeto e interés por una persona —sea cual sea su oficio— hace que te miren como un bicho raro. Cuando, precisamente, un simple gesto de gratitud y respeto puede ser el mayor regalo que le hagas a alguien. No todo se paga con dinero; el respeto y la gratitud también forman parte del reconocimiento a un oficio y al tiempo que nos dedican.

Probemos a ser más agradecidos con aquellas personas que, en otras circunstancias, pasan inadvertidas para nosotros, pero que también se merecen nuestro respeto y consideración. Personas que contribuyen a que nuestro entorno y nuestras necesidades sean más agradables.

Javier Vila de Savenelle de Grand Maison

JVSG® 1931 | Sutilezas Cotidianas (Capítulo 106) | #todocomunica #buenasmaneras

Empatía y gratitud en la línea 55 de la EMT Madrid

#sutilezascotidianas | Hace unos días leí en redes sociales el mensaje de un padre dando las gracias a un conductor de la línea 55 de la EMT Madrid. El conductor ayudó a su hijo: al entrar y validar su abono, resultó que estaba caducado… se le había pasado renovarlo. El conductor le dijo que entrase, que era de noche. Alex, así se llama el niño, se descargó la aplicación en ese mismo momento y resolvió la situación al instante.

Me encantó leer esta noticia por varios motivos. Primero, como padre, me sentí totalmente identificado con Sergio Paniagua, el padre de Alex. La angustia que vivimos los padres cuando sabemos que nuestros hijos pueden estar en peligro o en una situación adversa… situaciones que, lejos de ponernos nerviosos, deberíamos intentar gestionar con calma, aunque la teoría siempre es más fácil que la práctica. Expresar su gratitud públicamente y reconocer la reacción del conductor enriquece y contribuye a despertar la sensibilidad de las personas.

El conductor mostró empatía, sensibilidad y preocupación hacia el niño, que seguro pudo ver reflejadas en su cara y en la situación en la que se encontraba. Lejos de cerrar la puerta, abrió la de la empatía. No hay palabras —seguro— para expresar la gratitud que unos padres pueden sentir al saber que una persona ha cuidado y protegido a su hijo.

La reacción del niño también es muy destacable: nada más entrar en el autobús, buscó la forma de solucionar el contratiempo y lo hizo con diligencia, actualizando y validando su abono. Una situación adversa que, con serenidad, se puede resolver sin mayor problema.

Con empatía, educación, paciencia y respeto se pueden solucionar casi todos los problemas, e incluso evitar un sinfín de ellos. Las declaraciones y expresiones públicas de gratitud en redes sociales son una bocanada de aire fresco en un espacio donde reina el odio, el desprecio, la mentira y el reproche… fomentan el ego y degradan los valores. No quiero generalizar, pero abunda demasiado. Estos gestos fomentan los valores, la esperanza y dinamitan el odio.

Javier Vila de Savenelle de Grand Maison 

JVSG® 1931 | Sutilezas Cotidianas (Capítulo 105) | #todocomunica #buenasmaneras

Foto: Sergio Paniagua

La modernidad no debería estar reñida con el respeto

#sutilezascotidianas Últimamente escucho y leo en diversos medios que los jóvenes comunican de otra manera, que ya no se “estilan” ciertas cosas y que todo es más moderno, fresco y directo.

Sí, efectivamente, la comunicación no es que haya cambiado, ha evolucionado gracias —entre otras cosas— a las nuevas herramientas que han ido apareciendo en nuestras vidas, como las redes sociales. Hoy no toca valorar el papel de las redes sociales ni cómo pueden influir en la vida de los jóvenes —y no tan jóvenes—, pero sí os adelanto que, en muchos casos, su influencia ha sido y sigue siendo negativa.

En el mundo del deporte, los jóvenes dedican más tiempo a la comunicación, pero esto no es sinónimo de calidad; incluso, en innumerables ocasiones, está suponiendo una sobreexposición y, por lo tanto, abrir aún más la puerta a la crítica.

La explosión comunicativa tiene varias vertientes. La visibilidad favorece al deportista, al deporte, a los patrocinadores y a las entidades, pero uno no puede controlar lo que se dice de él. Para muchos deportistas, esto está suponiendo un desgaste psicológico que repercute directamente en su rendimiento, en su relación con los demás y, por extensión, en la manera en que se comunican.

Si bien la comunicación ha evolucionado, jamás se puede justificar con ello los ejemplos desafortunados que vemos prácticamente cada día, porque los valores son —y deberían ser— atemporales. No podemos defender que “es otra generación” para aceptar como normal las faltas de respeto, argumentando que son más seguros de sí mismos o más descarados. La discreción, la humildad, el respeto al rival y el compañerismo deben seguir presentes con el paso del tiempo.

Las grandes promesas del deporte, con un impacto incalculable en la sociedad, deben cuidar aún más estos valores, porque los nuevos formatos de comunicación permiten llegar de forma más directa y sin filtros. Los entornos —de los que ya he hablado en otras ocasiones— son un factor determinante para evitar que caigan en errores: malas decisiones, pérdida de perspectiva, alejamiento de los valores y la tentación de usar la excentricidad como una catapulta fácil hacia la fama.

Javier Vila de Savenelle de Grand Maison 

JVSG® 1931 | Sutilezas Cotidianas (Capítulo 104) | #todocomunica #buenasmaneras

Lo que comunica Brigitte Bardot

Tres gestos que comunican sin necesidad de hablar

Quizás una de las cosas que más me gusta de una persona pública relevante es saber retirarse a tiempo y dedicar su tiempo a una buena causa. Actriz, cantante, modelo y —no menos importante— activista por los derechos de los animales, alcanzó la fama con Et Dieu… créa la femme, en 1956, dirigida por el que sería su primer marido, Roger Vadim. Trabajó con directores como Jean-Luc Godard, Louis Malle o Henri-Georges Clouzot, entre otros.

Brigitte Anne-Marie Bardot se convirtió en toda una figura de atracción pública en los años 50 y 60, con un estilo peculiar, provocador pero natural, muy genuino, sin necesidad de forzar o sobreactuar, gracias a su seguridad.

En 1973 se retiró del cine, rechazando el sistema mediático que la encumbró. Tenía solo 39 años. Esta decisión también contribuye a reforzar las características que más adelante mencionaré.

Retirada de la vida pública, en su casa de La Madrague (Saint-Tropez), vive con absoluta discreción. Si bien, al tratarse de una persona comprometida con la protección de los animales, sigue activa desde la Fondation Brigitte Bardot, la cual fundó en 1986. Un compromiso continuo —y en muchas ocasiones radical— denunciando la tauromaquia, la caza, el maltrato animal, la industria peletera y el abandono.

Generosa, ha donado parte de su fortuna y propiedades para financiar acciones concretas. Esto la convierte también en una mujer coherente, algo que hoy es muy difícil de encontrar en una persona pública.

Estos son tres aspectos que me gustaría compartir con vosotros sobre Brigitte:

La ruptura de códigos sin necesidad de explicarse

La autenticidad de una persona tiene un valor incalculable, y muy pocos pueden presumir de ello… o sí, pero no lo son, y se están engañando. Esto no es nada nuevo: utilizar la presunta autenticidad para vender lo que uno no es.

Bardot no pidió permiso y, desde sus inicios, rompió con los cánones de la mujer “correcta” en el cine francés. ¿Cómo lo hizo? Desde la imagen, la actitud y la independencia. No le hacía falta hacer declaraciones grandilocuentes porque su sola presencia incomodaba. Las personas así, seguras y naturales, provocan esta reacción, y más aún en temas sensibles o políticamente incorrectos.

El silencio como elección

Rechazó el feminismo como movimiento, y esto generó controversia. Pero, como mencionaba antes, supo mantenerse firme en muchas de sus decisiones radicales, gestionando con acierto los tiempos y el silencio. Qué importante es saber cuándo no hablar. Creo que la mayoría no sabemos gestionar esto.

Quienes son capaces de hacerlo, están en posesión de una herramienta de comunicación muy poderosa. El silencio, en muchas circunstancias, tiene más fuerza comunicativa que largas frases vacías. Saber alejarse también es una forma importante de comunicar. Y si a eso le añades la coherencia como ingrediente, ya es excelencia.

El lenguaje de la mirada

En sus películas y apariciones públicas, “jugó” con su mirada como si fuera su voz. Directa, sin sentirse culpable y sin necesidad de seducir: esta fue otra de sus cualidades como gran comunicadora.

Bardot hablaba con los ojos, y lo hacía con fuerza y naturalidad.

Conocer tus fortalezas a la hora de comunicar —desde la mirada y el silencio— te da la capacidad de transmitir mejor tus reflexiones y opiniones, sin que estén adulteradas por la hipocresía de aparentar lo que uno no es, sin buscar el aplauso o el like fácil.

Hoy hablamos y miramos buscando la aprobación de los demás, incluso sabiendo que lo que estamos haciendo rompe con nuestro yo.

La mirada es un proyector de nuestros sentimientos y te permite llegar a la sensibilidad de las personas. Cuida tu mirada, el silencio… y no dejemos de ser coherentes.

Javier Vila de Savenelle de Grand Maison | #todocomunica 

Este no es un análisis técnico, ni un juicio. Tampoco es un ejercicio de protocolo. Es una opinión más —una mirada personal— sobre cómo determinadas personas comunican a través de sus gestos, su actitud y su manera de estar.

Un año después… y todo sigue igual

#sutilezascotidianas Ha pasado un año —ya— de la dramática y trágica DANA que arrasó Valencia y otras zonas de nuestro país. Las imágenes y los testimonios siguen siendo sobrecogedores: vidas rotas, soledad, muerte, tristeza… un abanico de momentos indescriptibles, donde resulta difícil recuperarse al ver que todavía persiste —y persistirá— el dolor. Todo mi cariño a las personas que han perdido a sus seres queridos y amigos; a todos los familiares.

Un año después… y todo sigue igual. Los políticos siguen echándose la culpa unos a otros. Todo vale con tal de no asumir responsabilidades. No quieren sentirse señalados y, si esto conlleva desacreditar al adversario, no pasa nada: se hace y punto. Es el día a día de la política, no solo en nuestro país.

Cuesta asumir ciertas decisiones cuando estas repercuten directamente en la vida política de uno. Reconocer un error y dimitir está al alcance de muy pocos. No todos los políticos son iguales, y sé que generalizar es injusto, pero no menos grave es el silencio de quienes callan o se suman a la crítica fácil para evitar responsabilidades. La autocrítica es escasa, cuando precisamente es una de las vías para evitar que se repitan situaciones como esta.

Prometer y no cumplir. Por diversos motivos solemos venirnos arriba y, con suma facilidad, prometemos cosas que luego —por distintas circunstancias— no se cumplen. Todos cometemos errores; nadie es perfecto. Pero es grave ser consciente de hacer daño a cualquier precio, utilizando la mentira o el dolor ajeno, instrumentalizando cada situación adversa para capitalizar el daño.

Otra figura que hace mucho daño es la del “pelota político”: esa persona incapaz de afear el error de los suyos, que desenfunda la descalificación con tal de defender lo indefendible… no vaya a ser que deje de pisar moqueta o no le llamen en el futuro para un carguito.

Pero no pasa nada, porque todo seguirá igual. Seguiremos con los reproches, mintiendo, capitalizando el dolor, fomentando las broncas a todas horas, evitando las responsabilidades, las dimisiones y reforzando la fractura social. Yo seguiré defendiendo a los míos y seguiré viendo los errores de los otros, pero no los míos; unos para quedarse en el poder y otros por querer llegar.

El Gobierno y la Comunidad Autónoma no estuvieron a la altura. Los voluntarios, una vez más, se activaron de inmediato y respondieron sin pensarlo, sin que nadie se lo pidiera, sin condiciones. Gracias a todos ellos.

Javier Vila de Savenelle de Grand Maison 

JVSG® 1931 | Sutilezas Cotidianas (Capítulo 103) | #todocomunica #buenasmaneras

Deportista, cuando tus formas te pasan factura

#sutilezascotidianas En más de una ocasión he hablado del entorno del deportista. Profesionalmente he podido comprobar la influencia directa que este tiene en su rendimiento, hasta el punto de que puede marcar cuál será su trayectoria deportiva. Muchos no le dan importancia y no son conscientes de que todo comienza desde pequeños. Reímos y fomentamos comportamientos que, al final, se volverán en su contra.

Últimamente escucho con frecuencia que viene una generación que “comunica de otra manera”, y al final estamos justificando actitudes que, lejos de beneficiar al deportista, lo alejan de lo que verdaderamente debería ser.

Es importante explicar —con un tono reflexivo— la relevancia de lo que decimos, de cómo lo decimos, de cómo vivimos, de cómo nos relacionamos y de cómo actuamos dentro y fuera del campo: el respeto al rival, a las decisiones del árbitro, a los compañeros, las compañías que elegimos… Todos estos momentos son ingredientes que construyen y definen a un deportista.

Esa también es parte de mi trabajo: ayudar a que los deportistas comprendan la importancia de cuidar sus formas, gestionar su comunicación y proyectar una imagen coherente dentro y fuera de la competición. Cuando se hace con cariño y respeto, y el deportista pone de su parte, el rendimiento y la imagen pública se multiplican exponencialmente, tanto en lo deportivo como en el respeto que proyecta hacia los demás.

Hay deportistas que no tienen solución y difícilmente van a cambiar, por mucho que se les diga. Y más aún cuando quienes les rodean —en lugar de ayudarles— les animan a continuar con sus malas formas, riéndoles las gracias y justificando lo injustificable.

Las declaraciones que un deportista hace fuera de la competición, la vida que lleva y lo que muestra a los demás también repercuten en su imagen pública. Cuidar las formas y los comportamientos cotidianos mejora el rendimiento y fortalece su reputación.

Cuando se justifican las malas maneras diciendo que “es parte del juego”, o que para ser un buen jugador hay que comportarse así, se está hipotecando su futuro profesional.

Y cuando, desde tertulias o medios, no se señalan las faltas de respeto, contribuimos a degradar el deporte, ofreciendo un pésimo ejemplo para los más jóvenes, que terminan creyendo que eso es lo normal y necesario para triunfar.

Todo esto, tarde o temprano, repercute en la sociedad. Y cuando un deporte con tanta influencia como el fútbol se ve ensombrecido por los comportamientos de sus figuras más visibles, las consecuencias son devastadoras.

Javier Vila de Savenelle de Grand Maison

JVSG® 1931 | Sutilezas Cotidianas (Capítulo 102) | #todocomunica #buenasmaneras

Llámame más, por favor

#sutilezascotidianas Procuro salir a pasear todos los días con mi gran amigo de cuatro patas, Pancho. Un teckel viajero, cariñoso, divertido y agradecido; un fantástico compañero. Es cierto que hay algunos paseos que no le hacen gracia… dependiendo de la ropa que me pongo, el cabrito responde de una manera u otra. Todo depende de si vamos rápido o no.

Le gusta pasear a su ritmo, sin prisas. Como vivimos en el campo, disfruta del entorno con calma y, cuando ve que la cosa va a ser movidita, ni se mueve; incluso decide irse a otra habitación… pero al final termina viniendo con cierta alegría. Estoy convencido de que lo hace por mí.

Ayer, cuando salí a pasear con Pancho, se relajó al ver que bajaba el ritmo porque llamé a mi madre. Muchas veces aprovecho estos paseos para llamar a las personas que son importantes en mi vida; probablemente porque pasear me relaja y, en ese momento, sin prisas ni tensiones, llamo para saber cómo están.

Los que vivimos lejos de la familia sentimos esas llamadas como algo aún más especial, pero también nos damos cuenta de algo muy importante: son llamadas que además son una fuente de vitaminas —en este caso también para mi madre—. Al final de la conversación me dio las gracias por la llamada, me dijo que le hacía mucha ilusión y que le recargaba las pilas.

A menudo no somos conscientes de lo mucho que ayudan estas llamadas, de lo importante que es acordarse de las personas que queremos. Lo afortunados que somos por poder mantener una conversación con nuestros seres queridos, sabiendo que esas llamadas logran recargar los ánimos y hacer que se sientan queridos.

No dejemos de hacer esas llamadas, no las demoremos en el tiempo. Todos tenemos cinco minutos para llamar a esa persona que queremos y respetamos, y que nos agradecerá enormemente que nos acordemos de ella.

Hijos, acordaos de vuestros abuelos: llamadles, contadles cómo os ha ido en el colegio, lo que habéis hecho y lo mucho que les queréis, porque esas llamadas significan una auténtica recarga de ánimo.

Y nosotros, llamemos a nuestras parejas o amigos en lugar de mandar un WhatsApp; preguntad cómo se encuentran, contad cosas alegres, sin reproches… una llamada es una bocanada de aire fresco.

Javier Vila de Savenelle de Grand Maison 

JVSG® 1931 | Sutilezas Cotidianas (Capítulo 101) | #todocomunica #buenasmaneras

Lo que comunicaba Diane Keaton

Tres gestos que comunican sin necesidad de hablar.

California ha perdido una estrella que nunca dejará de brillar: Diane Hall, conocida como Diane Keaton.

Nacida el 5 de enero de 1946, se especializó primero en teatro, donde apareció en Broadway —por ejemplo, en la producción original de Hair en 1968—. En 1977 obtuvo el Oscar como Mejor Actriz por Annie Hall. Interpretó papeles icónicos como Kay Adams, la esposa de Michael Corleone (Al Pacino) en El Padrino. Marlon Brando, por supuesto, fue Vito Corleone. Aunque compartieron pocos momentos directos en pantalla, formaron parte del universo narrativo más influyente de la historia del cine. Participó en títulos como The First Wives Club, Something’s Gotta Give, Baby Boom, entre muchas otras películas que dejaron huella.

Meryl Streep, Jane Fonda, Goldie Hawn, Bette Midler, Mary Steenburgen… Al Pacino, Jack Nicholson, Woody Allen, Steve Martin… Han sido compañeros de escena donde su elegancia serena e irónica dejó siempre su sello personal.

Un estilo sobrio, entre la contención y la personalidad firme de una mujer a la que el éxito no le cambió. Apasionada por la arquitectura y el diseño, cultivó una sensibilidad que la definía tanto como actriz como persona. Y conservó su vida con discreción. Qué difícil es esto cuando la fama te persigue a cada paso… más aún en estos tiempos, donde existe una fama ordinaria que narra cada minuto de la vida privada.

Estos son tres aspectos que me gustaría compartir con vosotros sobre Diane:

Autenticidad sin artificios

No es fácil expresarse sin que los demás interpreten que se busca complacer, adular o encajar.

Diane Keaton nunca siguió modas impostadas. Ni en sus papeles, ni en su forma de vestir, ni en sus entrevistas. Mantuvo siempre su sello personal. Y eso —hoy— es valentía.

Seguir la corriente puede resultar rentable, pero muchas veces es la antítesis de la elegancia. Vivimos rodeados de “expertos” en moda, en imagen, en discurso… Expertos que en realidad reparten trajes de desprecio y arrogancia, y que se nutren del espectáculo fácil ante un público que aplaude lo ruidoso sin detenerse a mirar lo auténtico.

La autenticidad —como la suya— comunica fortaleza, integridad y coherencia. Valores que, en mi opinión, siempre definen a quienes comunican en positivo. Lejos de esa arrogancia hueca que nada tiene que ver con la elegancia propia de su personalidad, ni con el saber estar.

Discreción como escudo

Lo decía antes: saber preservar espacios de intimidad es un acto de fortaleza. Y si, además, se logra transmitir autoridad y presencia pública sin renunciar a esa discreción, estamos ante un gesto excepcional.

Diane Keaton supo gestionar los tiempos de exposición, proteger su privacidad y alejarse del recurso fácil del escándalo. Porque el escándalo también se entrena. Es una forma rápida de hacerse notar, de instalarse en el candelero.

Hoy sigue llamando más la atención el provocador, el maleducado, el que interrumpe. Pero el tiempo, al final, siempre devuelve valor a la forma. Keaton nunca necesitó alzar la voz ni exponerse de más. Su discreción fue su escudo. Y también, probablemente, su fuente de serenidad. Tenía, además, la personalidad suficiente como para vestirse como le daba la gana, sin importarle la opinión de los demás.

Gestualidad expresiva pero contenido

Admiro profundamente a las personas que, con solo una mirada, una sonrisa o una pausa, son capaces de transmitir la esencia de la elegancia serena. Diane tenía esa capacidad.

Comunicaba “sin ruido”, de forma sutil y cercana, pero con la firmeza suficiente para expresar emoción, decisión o incluso desacuerdo. No necesitaba levantar la voz, ni invadir el espacio de los demás. Sus movimientos eran mínimos… pero decían mucho.

Porque no siempre hay que hablar.

Porque a veces el silencio vale más que el gesto impertinente.

Porque hay quienes necesitan opinar para ser el centro,

…y hay quienes —como ella— comunican mejor cuando dejan espacio. Los movimientos contenidos son los que terminan silenciando al escandaloso. Y eso, también, es una forma de comunicar.

Javier Vila de Savenelle de Grand Maison | #todocomunica

Este no es un análisis técnico, ni un juicio. Tampoco es un ejercicio de protocolo. Es una opinión más —una mirada personal— sobre cómo determinadas personas comunican a través de sus gestos, su actitud y su manera de estar.

La dignidad de no mirar a otro lado

#sutilezascotidianas Cada día es peor; estamos más polarizados y somos capaces de abrazar las maldades de los temas con tal de que nuestro adversario toque moqueta. Instrumentalizamos las cosas hasta el punto de retorcer los principios que deberían marcar nuestro camino: defender con argumentos, respeto y decoro nuestras opiniones.

Ya todo vale: mentir, robar, falsificar, aplaudir al golfo, reírle las gracias al fuerte… porque tenemos ese punto de cobardía y la necesidad de pertenecer al grupo, aunque seamos conscientes de que está haciendo algo mal.

Los jóvenes tienen miles de malos ejemplos diarios. Leer las noticias, ver la televisión o escuchar ciertas conversaciones de supuestos adultos está sembrando un futuro decadente en cuanto a valores, respeto y buenas maneras. Somos maquinaria insaciable de poder, apariencia y de tapar lo malo a cualquier precio.

Nadie es perfecto y todos cometemos errores, pero al final, si aplaudes el abuso, si eres capaz de aplaudir al que insulta, miente, roba o denigra, te conviertes en cómplice. El grado de exigencia tiene que estar presente en el día a día de nuestras vidas, porque estamos alimentando un mundo de hipócritas e interesados.

No es fácil, pero es importante vaciar la mochila de todo aquello que nos empobrece como personas; alejarnos de quienes no tienen la personalidad para afear al golfo o al maleducado, de los que tapan la mentira, fomentan las trampas o cambian las normas con el fin de ocultar las golferías.

No es un tema ideológico; es un tema de principios. Debemos ser los primeros en exigir a los “nuestros” que sean honrados, respetuosos y que contribuyan a no perpetuar a todos aquellos que son un mal ejemplo. Porque, al final, el que aplaude, defiende o se ríe… también es cómplice.

Javier Vila de Savenelle de Grand Maison 

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