
#SutilezasCotidianas – Cada año, cuando se acerca el final de temporada de fútbol, se abre un debate sobre si se debe hacer el paseíllo al vencedor. Los programas de radio deportivos preguntan a sus colaboradores qué harían…
En más de un artículo he comentado la importancia del deporte en la sociedad, en el día a día de nuestras vidas, pero, sobre todo, la capacidad que tiene de influir en la sociedad y especialmente en los más jóvenes. Los jóvenes tienden a mimetizar el comportamiento de sus ídolos, no solo en sus peinados, sino en su comportamiento en el campo…
Muchos deportistas no son conscientes de la responsabilidad que tienen y sí deberían esforzarse especialmente en esto, porque un deportista profesional debe contribuir cuidando y velando por los valores que representa el deporte. No hay espacio para la mentira en el deporte, para hacer trampas o no respetar al adversario, entre otras cosas que ya he mencionado en anteriores capítulos y artículos.
La responsabilidad no recae solo y exclusivamente en el deportista; es transversal y recae también en los clubes, en las instituciones —unas instituciones que no se atreven a tomar medidas serias, como cuando no se respeta un himno—, en el público, en las familias de los jugadores y en los medios de comunicación. Todos tenemos nuestra parte de responsabilidad.
La honorabilidad de un jugador y, por ende, de un equipo pasa por cuidar los valores, y esto está por encima de evitar que se rían de ellos… Nuestro orgullo fagocita la esencia fundamental del deporte —en este caso—, que es la suma de los valores que representa. El ego, el no hacer algo que representa positivamente un valor, no hacerlo por el qué dirán.
El paseíllo es un gesto de reconocimiento, de respeto y de hacer deporte —sí, de hacer deporte—… No es solo una cuestión de hacer ejercicio; el deporte es un prescriptor de valores que repercuten directamente en la sociedad. Los más jóvenes deben aprender a reconocer los éxitos de los demás, a que, por encima del qué dirán, está hacer las cosas justas, alineadas con los valores, sin el temor a que se rían o se burlen de uno.
Estamos construyendo una sociedad que ya de por sí está enferma, precisamente porque no tiene la personalidad de plantarse ante quienes no dejan de desmembrar los valores. Seamos capaces —seguro que podemos lograrlo—: todo empieza con los pequeños momentos del día a día, dando las gracias y felicitando el éxito de las personas que nos rodean, para que se entienda que reconocer los logros de los demás es algo positivo, incluso beneficioso para nuestra propia salud.
Javier Vila de Savenelle de Grand Maison
JVSG® 1931 | Sutilezas Cotidianas (Capítulo 112) | #todocomunica #buenasmaneras

