En más de una ocasión he mencionado la repercusión mediática que tiene el fútbol en la sociedad. En otras disciplinas pasan mucho más desapercibidas las innumerables ruedas de prensa que se celebran cada fin de semana… o las previas, que en muchas ocasiones sirven de antesala para calentar el ambiente o dar pie a la interpretación.
Siempre digo que todo comunica y que cualquier gesto o silencio es interpretable; pero deja de ser solo una interpretación. Puede ser casual o preparado, porque las intervenciones de los técnicos forman también parte del contexto de la comunicación y de las relaciones institucionales de la entidad y, por tanto, deben enmarcarse dentro de un contexto previamente trabajado.
No todos los mensajes tienen que estar meditados y preparados, pero sí deben estar dentro de un contexto que salvaguarde los objetivos y el argumentario de la institución.
Los entrenadores de fútbol —y más aún los de equipos con millones de seguidores y con periodistas que analizan cada gesto con lupa— viven, aunque ellos no lo quieran, en el mundo de la interpretación; un mundo que muchas veces conduce a un extremo de presión o incluso al cansancio que provocan las preguntas que se repiten cada fin de semana.
A Hansi Flick, en una rueda de prensa posterior a un partido, le preguntaron por un gol de Lamine Yamal. Un gol estupendo que, por sus palabras y su lenguaje corporal, dio pie, una vez más, a las interpretaciones. Aquí van tres interpretaciones personales:
- En todo momento, Hansi Flick se mostró respetuoso con el futbolista. No evidenció falta de empatía, sino un claro ejercicio de responsabilidad al mantener un punto de equilibrio entre el éxito, la euforia y la realidad, desde la humildad.
- Reconoció el gol del deportista, pero quiso hacer mayor énfasis en el trabajo defensivo realizado durante el partido. No es necesario sobreactuar a la hora de reconocer un mérito. Un exceso de reconocimiento puede perjudicar al deportista y repercutir en el resto del equipo. Debemos ser cuidadosos con los mensajes que realzan más a unos que a otros… a la larga, termina pasando factura.
- La comunicación del entrenador fue pedagógica hacia el deportista, contribuyendo de forma notable a su formación y evolución. Ayudó, protegió y enriqueció la conexión del equipo, manteniendo —algo muy necesario— el equilibrio entre el deportista, la realidad y las necesidades colectivas. Todos los deportistas necesitan ser reconocidos y respetados, porque el deporte es, ante todo, un trabajo de equipo.
Un entrenador no debe perder nunca su personalidad ni su naturalidad, pero también debe ser consciente de que cualquier gesto, declaración, escenografía elegida o momento concreto tendrá —con total seguridad— una interpretación. Para eso también están los equipos de comunicación y de relaciones institucionales: para ayudar, acompañar y recomendar.
Porque preparar cada intervención, por sencilla que parezca, es una forma de responsabilidad. En un entorno de alta exposición, nunca sabemos qué gesto, palabra o silencio puede acabar marcando el relato. Por eso, en mi trabajo, busco precisamente eso: ayudar a ordenar, anticipar y acompañar la comunicación, para que nada quede al azar.
Javier Vila de Savenelle de Grand Maison | todo comunica

